Los animales también utilizan el distanciamiento social

Los animales también utilizan el distanciamiento social

distanciamiento socialEl llamado distanciamiento social es uno de los desafíos más complejos a los que nos enfrenta la pandemia de la COVID-19. No solo en los meses más duros del confinamiento. Incluso ahora que somos más libres de movernos, debemos mantener la distancia y evitar el contacto con personas que no forman parte de nuestra vida diaria. Pero el distanciamiento social no es una prerrogativa de los humanos, sino una estrategia evolutiva adoptada por muchos animales frente a las enfermedades.

La naturaleza a menudo nos muestra que muchos de nuestros supuestos inventos ya están presentes en el mundo animal. Nuestra especie, sin embargo, es muy buena en encontrarle nombre a las cosas. Aunque quizás en este caso sería más correcto hablar de distanciamiento físico, ya que el distanciamiento social es más bien lo que nos separa a todos de la reina de Inglaterra. Dicho esto, no todas las especies practican el distanciamiento social, pero hay muchas que de alguna manera usan la distancia para evitar el contagio. Esto indica que existe una ventaja evolutiva, dados los beneficios de la vida grupal.

Un estudio publicado en ‘Proceedings of the Royal Society B’ examina las evidencias científicas sobre el distanciamiento social en el mundo animal. El objetivo es comprender cómo el riesgo de contraer patógenos afecta las dinámicas de grupo. Desde el punto de vista evolutivo, las estrategias que adoptan las especies para sobrevivir y transmitir sus genes son el resultado de un equilibrio entre costes y beneficios.

murcielagos

Costes y beneficios del distanciamiento social

Las especies que viven en grupos son las más expuestas a la posibilidad de contagio, pero la decisión de evitar sujetos enfermos no es obvia. Se trata de equilibrar el riesgo de contraer una enfermedad y los derivados de una renuncia a la sociabilidad. De hecho, abandonar al grupo implica una mayor vulnerabilidad frente los depredadores, así como un mayor gasto energético.

Por ejemplo, se ha observado un comportamiento interesante en casos de propagación de una infección fúngica mortal entre algunos murciélagos. Muchos individuos de la especie Myotis sodalis deciden hibernar solos o en grupos muy pequeños. Sin embargo, al renunciar a la presencia del grupo, tienen mayor dificultad para mantener una temperatura corporal estable durante la hibernación. Las langostas espinosas del Caribe, que normalmente viven en grupos en refugios rocosos, abandonan la guarida si hay individuos infectados con el virus PaV1.

Muchos animales son perfectamente capaces de reconocer signos de enfermedad o anomalías morfológicas en otros miembros de la especie. Normalmente la señal es de tipo químico y la reacción suele ser la de mantenerse alejados. Por ejemplo, las hembras de babuinos verdes evitan aparearse con machos que padecen úlceras genitales. Asimismo, los chimpancés poliomielíticos pueden quedar marginados del grupo por su extraño comportamiento.

Reconocer los síntomas de una enfermedad es importante para tomar medidas y evitar el contagio. En el caso de las enfermedades emergentes, los signos no siempre son tan claros. Por tanto, la estrategia óptima en este caso es la de incrementar las precauciones y optar por el distanciamiento social. Mejor un falso positivo que un falso negativo.

distanciamiento social en animales

El papel del disgusto

Una hipótesis es que el mecanismo de acción que pone en marcha el distanciamiento social empiece por el ‘disgusto’. Varios estudios señalan una alta propensión por parte de nuestra especie a alejarse de lo que le genera repugnancia. No está claro si los animales experimentan una sensación de disgusto similar a la nuestra. Sin duda, son capaces de percibir signos que indican la presencia de una enfermedad.

Las langostas espinosas del Caribe ‘sienten’ una sustancia contenida en la orina de individuos infectados. En las abejas, los compuestos olorosos y las feromonas señalan la presencia de ejemplares muertos o enfermos que se retiran de la colmena. Los renacuajos de rana toro evitan a los individuos que padecen micosis intestinal. También en este caso, es la señal química liberada en el agua por los renacuajos infectados la que señala la presencia del hongo.

Es menos probable que los mandriles se acerquen a miembros del grupo con infecciones del tracto gastrointestinal. Sin embargo, existe una excepción importante. Las madres, hijas y hermanas no se alejan unas de otras si se enferman. Por el contrario, un mono con signos evidentes de malestar es cuidado con más esmero. De modo que el vínculo familiar en este caso es tan fuerte que supera la necesidad de distanciamiento social.

En algunas especies, la decisión de optar por el distanciamiento social hacia los animales enfermos depende de la eficiencia del sistema inmunológico. En el camachuelo mexicano es más probable que los sujetos con sistemas inmunológicos más débiles eviten a los enfermos. Lo mismo se ha demostrado para los peces guppy: los machos más susceptibles de contraer un ectoparásito evitan las conductas sociales de contacto con individuos parasitados.

distanciamiento social en animales

Cordones sanitarios

El distanciamiento social no se traduce necesariamente en exclusión o confinamiento de los enfermos. A veces, la respuesta es una modulación del tipo de interacción. La estricta división de roles en las colonias de hormigas permite que la reina y las larvas se mantengan a salvo de enfermedades. De hecho, las hormigas obreras que se aventuran en busca de alimento son mucho más sujetas a las enfermedades que las hormigas que cuidan de las larvas.

Gracias al uso de microchips, los científicos pueden rastrear en detalle los movimientos y las interacciones de las hormigas. Tras infectar algunas obreras con las esporas del hongo Metarhizium brunneum, los investigadores observaron una reorganización de las redes de contacto. El objetivo de las hormigas es levantar un cordón sanitario alrededor de la reina y las larvas. Una vez más, la enfermedad probablemente se reconoce a través de señales químicas.

No está claro si los cambios en la organización social provocados por una enfermedad pueden ser permanentes o no. En el caso de las langostas del Caribe, se ha encontrado que las poblaciones afectadas por el virus son generalmente menos sociales que las que nunca fueron tocadas por la enfermedad. Por otro lado, los experimentos con hormigas y los estudios con primates indican que los animales curados no tienen problemas para volver al grupo.

En una entrevista en ‘Science Mag‘, Dana Hawley, una de las autoras del estudio sobre el distanciamiento social animal, dijo: “La conclusión es que funciona. Es un comportamiento que ha evolucionado una y otra vez, en especies animales ajenas, y esto indica que los beneficios superan los costes, aunque estos sean elevados”.

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Imágenes | Jeremy Zero/Unsplash, Tom Bixler/Unsplash, bill wegener/Unsplash, Salmen Bejaoui/Unsplash

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