En 2018 empezaremos a beber aguas residuales, ¿o no? - Nobbot

Estamos listos para beber nuestras aguas residuales… ¿o no?

beber aguas residuales

Llueve en Barcelona. No es un arranque poético, es un hecho. El de 2017/2018 está siendo un invierno bastante húmedo, menos que el pasado, pero más de lo habitual. Aunque los días soleados predominen, la ciudad catalana es la décima capital de provincia en España con más precipitaciones. Aun así, tiene problemas con el agua. Por eso sus ciudadanos se preparan para beber sus propias aguas residuales. Espera, ¿qué?

Alerta por presequía

Sí, está lloviendo, pero no lo suficiente. La ciudad de Barcelona está en alerta por presequía, porque el nivel de las reservas de agua está por debajo del 50-60%. “Si se confirman las previsiones más negativas de lluvia, el próximo mes de marzo se podría entrar en una situación de alerta por sequía”, explican desde Aigües de Barcelona, la sociedad encargada de gestionar los servicios relacionados con el ciclo integral del agua en la ciudad y 22 municipios de su área metropolitana. 

Más de tres millones de personas viven en esta área, consumiendo una media de 102 litros de agua al día. De momento, no se contemplan restricciones al consumo, algo solo previsto para cuando las reservas se sitúen por debajo del 16%. Pero esto no quiere decir que no haya otras medidas previstas. Desde Aigües de Barcelona lo tienen claro: la reutilización de agua regenerada para recuperar acuíferos y, en última instancia, para consumo humano es la mejor opción.

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¿Pioneros en el uso de aguas residuales?

La Estación Depuradora de Aguas Residuales (EDAR) del Prat de Llobregat tiene capacidad para regenerar agua para su reutilización desde hace 10 años. De hecho, en 2007, España fue uno de los primeros países europeos en legislar el uso de aguas residuales regeneradas. El Real Decreto 1620/2007 fija los usos permitidos (urbanos, agrícolas, recreativos, industriales y ambientales) y los prohibidos, donde destaca el consumo humano.

Desde entonces, las ciudades de Madrid y Barcelona, algunas regiones agrícolas, como Murcia, o muchos ayuntamientos con problemas constantes de sequía, como el de Lanzarote, han apostado por el uso de agua regenerada. También se ha utilizado para recuperar acuíferos o zonas como el Parque Natural de la Albufera de Valencia y, sobre todo, para agricultura. ¿Para consumo humano? Nunca (de momento).

Ha llegado el momento de beber aguas residuales

Desde 2012, los grifos de muchos hogares de Orange, California, Estados Unidos, están parcialmente alimentados por aguas residuales regeneradas. En la capital de Namibia, Windhoek, se lleva haciendo varias décadas. Algunas ciudades de Singapur, Sudáfrica, Israel y Australia también han probado esta técnica. 2018 podría ser el año en que, en situaciones de sequía, en España se empezase a usar agua regenerada potabilizada para consumo humano. Todo podría empezar en una EDAR al sur de Barcelona.

“La depuradora del Prat dispone, desde hace 10 años, de una estación regeneradora de aguas residuales (ERA) y de una tubería que discurre río arriba hasta Molins de Rei que tiene capacidad de transportar 250 millones de litros al día”, explican desde Aigües de Barcelona. Esta ERA se construyó en 2007, para hacer frente a la última gran sequía en Barcelona. Desde entonces, permanece al 0,7% de su capacidad, lo justo para que no se deteriore.

Así, el proceso sería el siguiente. Las aguas residuales se recogen en la depuradora donde, una vez limpias, se devuelven al tramo final del río Llobregat. Una parte de esta agua recibiría tratamientos extra para ser regenerada y se llevaría río arriba. Allí, pasaría a formar parte de la misma agua que entra en la planta potabilizadora que da de beber a parte de la ciudad. De esta forma, recibiría los mismos tratamientos de control antes de pasar a la red de consumo humano.

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El proceso de regeneración

Actualmente, en la ERA del Prat se lleva a cabo la llamada regeneración básica, mediante la cual se obtiene agua para mantener el nivel de ríos y humedales, para limpieza urbana y para determinados usos industriales. En este proceso, las aguas residuales se tratan mediante cuatro fases: coagulación, floculación, filtración (para eliminar todos los elementos en suspensión) y desinfección.

A veces, si la salinidad es alta, se aplican también tratamientos como la electrodiálisis reversible. En los casos en los que se necesita una regeneración avanzada, se aplica un microfiltrado, un tratamiento de desinfección por luz ultravioleta, y ósmosis inversa para eliminar la sal. Sería esta agua regenerada la que se enviaría río arriba para su posterior potabilización.

¿Y la desalinización?

En Barcelona, como en muchas otras ciudades de España, sí se consume agua de mar desalinizada. En la capital catalana se hace, en concreto, desde 2009. La planta desalinizadora de la ciudad tiene una capacidad de 60 hectómetros cúbicos anuales, eso es, 60.000 millones de litros o 24.000 piscinas olímpicas. La ERA del Prat tiene un poco menos, para unos 50 hectómetros cúbicos al año.

La gran diferencia entre ambas está en el coste energético. Desalinizar un metro cúbico, 1.000 litros de agua, cuesta algo más de medio euro. Regenerar la misma cantidad de aguas residuales, aseguran desde Aigües de Barcelona, cuesta 14 céntimos, algo más de tres veces menos.

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“La necesidad es la madre de la invención”, dicen que dijo Platón. En España, uno de los países de Europa con problemas más graves de sequía, se obtiene un tercio del agua regenerada del continente, asegura en un artículo Rafael Barrera Morcillo, vicedirector de iAgua, portal de referencia en gestión del agua. De momento, no se bebe. Su uso para consumo humano está restringido legalmente y se observa con recelo por parte de la población.

“No podemos seguir demandando esfuerzos de contención a la ciudadanía cuando se produce una situación de sequía. Hacen falta políticas de prevención en el largo plazo durante los años en los que las reservas de nuestros pantanos están en una situación óptima”, concluyen desde la sociedad gestora del agua de Barcelona. ¿Será 2018 el año en que el agua de nuestra penúltima ducha nos dé de beber?

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Imágenes: AMB, iStock