Cómo identificar y protegernos de bulos en Twitter: recomendaciones

¿Nos podemos defender de los bulos? Ella tiene la respuesta

Antes las llamábamos patrañas, ahora se esconden bajo el eufemismo fake news. Detrás de esta ola de mentiras suele haber poderosos grupos de presión políticos y económicos que pervierten las redes sociales con sus mensajes.

La profesora Mariluz Congosto, del Centro Universitario U-tad e investigadora de datos sociales, se ha especializado en detectar estos bulos, sobre todo en Twitter. Y también en poner en evidencia los mecanismos que utilizan sus creadores. ¿Nos podemos defender de la desinformación?

– ¿Por qué asistimos en los últimos años a una eclosión de los bulos en Internet? ¿Hay más gente interesada en mentir y liar o hay más vías para hacerlo y tener una difusión masiva?

De todo un poco. Cada vez hay más personas que utilizan redes sociales o aplicaciones de mensajería, existiendo una tendencia a informarse por medio de estas vías. Por otro lado, difundir mensajes por redes sociales es barato. Solo se tiene que elaborar un mensaje dirigido a un grupo social cuyo contenido apele a sus creencias o sentimientos, y ese mensaje será fácilmente difundido. Hay lobbies conservadores, progresistas o de otro tipo como los antivacunas que han visto en las redes sociales una vía muy eficaz para difundir su relato e influir en la sociedad.

– Usted ha estudiado cómo se propagan los bulos en Twitter. ¿Cómo se originan y quién está detrás?

Hay bulos que se planifican como una campaña de publicidad. Y otros que se improvisan ante los acontecimientos. Para lanzarlos se suelen utilizar perfiles falsos o digitales con mucho sesgo ideológico. Otras veces, aunque es menos frecuente, los bulos provienen de perfiles conocidos y con muchos seguidores. Generalmente detrás hay lobbies que pagan a agencias de comunicación (las podríamos llamar de desinformación) para generar estas campañas.

“Generalmente detrás de los bulos hay ‘lobbies’ que pagan a agencias de comunicación para generar campañas”

– ¿Y cómo se propagan esos bulos? Dice que hay unos patrones de comportamiento que se repiten. 

La propagación se realiza mayoritariamente por personas reales, aunque son alentados por perfiles falsos que están conectados con ellos y por algunos perfiles influyentes interesados en la propagación de ese mensaje. Normalmente los bulos se basan en información multimedia sacada de contexto que nunca lleva un enlace a la fuente original. Es información falsa que corresponde a otro hecho que ocurrió en otro tiempo. Hay temáticas muy recurrentes, como la xenofobia, el antifeminismo, la ‘lgtbifobia’, los antivacunas y las pseudociencias

“Hay temáticas muy recurrentes, como la xenofobia, el antifeminismo, la ‘lgtbifobia’, los antivacunas y las pseudociencias”

La desinformación prolifera en periodos críticos

– Asegura que la desinformación tiene muchas formas e intenciones, pero ¿podría resumirnos las más destacadas?

El objetivo global de la desinformación es difundir una corriente de opinión que propicie cambios sociales. En periodos críticos, como elecciones, referéndums, crisis sanitarias o económicas se suele agudizar. Los ciudadanos están muy pendientes de la información y, por tanto, más expuestos a recibir bulos. También ponen su foco en temas más concretos, creando desconfianza hacia ciertos colectivos. O fomentan la polarización y poniendo en duda aspectos de salud respaldados por la ciencia.

El papel de la desinformación ante los hechos se conoce pasado algún tiempo, fruto de investigaciones o filtraciones. Así fue en las elecciones presidenciales de Estados Unidos de 2016 o el referéndum del Brexit. Nos queda aún por conocer toda la desinformación sobre la COVID-19 y sus consecuencias.

– ¿Por qué reenviamos tuits con tanta facilidad, sin plantearnos siquiera si tienen razón de ser? ¿Somos crédulos, malvados o simplemente es que nos paramos poco a pensar?

El consumo de información en redes sociales es muy compulsivo. Se lee en diagonal y se consumen solo los titulares de la noticia. La mayoría de las veces se difunden tuits sin haber siquiera pinchado en el enlace. Más que crédulos, somos irreflexivos, porque una segunda lectura del mensaje seguramente no nos llevaría a difundirlo. 

Una futura funcionalidad de Twitter nos preguntará, cuando vayamos a hacer un retuit, si ya hemos leído el contenido del enlace. Otra alternativa es que Twitter restringiera el número de retuits al día, por ejemplo a 15. Así pensaríamos a quién dar nuestros retuits. La plataforma nos podría ayudar a que fuéramos más reflexivos al difundir

– ¿Cuál ha sido el bulo (o la campaña de bulos) más exitoso que ha habido en Twitter y en qué consistió?

Recientemente, la campaña contra Bill Gates ha tenido un impacto global. Se le acusaba ser el creador del virus de la COVID-19. Así como de querer implantar microchips en sus vacunas contra el coronavirus. Con el hashtag #exposebillgates, se pueden encontrar todo tipo de teorías de la conspiración en las que él está en el centro.

– También en política florecen los bulos. ¿Podría darnos un ejemplo claro?

Recientemente, un periódico publicó un artículo sobre un informe desclasificado de la CIA que decía: “Felipe González ha acordado la creación de un grupo de mercenarios para combatir fuera de la ley a terroristas”. El artículo reproducía frases del informe, pero no mostraba el enlace a la fuente original ni decía cuándo se habían desclasificado los papeles. 

El informe existía, pero había sido desclasificado hace casi 10 años. Es un caso de información sacada fuera de contexto para crear polémica. La difusión de esta información apenas se propagó por los lectores del periódico, pero tuvo mucho impacto en los entornos independentistas vasco y catalán. A raíz de esto, varios partidos propusieron abrir una comisión de investigación sobre Felipe González y los GAL, pero la Mesa del Congreso la rechazó

– ¿Y un bulo absurdo, disparatado o inverosímil que acabó calando y siendo creído por muchos?

De los que he analizado, el bulo del palo de golf me pareció muy surrealista. Miles de personas viendo un palo de golf donde había una escoba. El bulo acabó aterrizando en periódicos y televisiones. No solo los ciudadanos tuvieron un problema de sesgo de confirmación. También los periodistas y políticos se dejaron llevar por los prejuicios.

desinformación Twitter

– ¿Se podría considerar a Donald Trump un propagador de bulos en Twitter?

Lo que publica Donald Trump en Twitter puede llegar a 83 millones de personas. Su uso de Twitter dista mucho de ser modélico. Lo utiliza como un canal directo de comunicación y ha protagonizado muchos titulares por sus tuits. Sus declaraciones en Twitter durante la crisis de la COVID-19 sobre su automedicación con hidroxicloroquina o sobre el origen del virus de un laboratorio de Wuhan fueron muy irresponsables.

– Precisamente, en los últimos meses también han circulado muchas mentiras relacionadas con la COVID-19 y sus posibles remedios. ¿Quién ha ido más allá a la hora de proponer una cura milagrosa para el coronavirus?

No sé si será la que ha ido más allá, pero sí la que más se ha difundido. Fue la de Donald Trump proponiendo inyectar desinfectante y luz solar a pacientes con coronavirus. En Maldita.es se han detectado 623 bulos sobre la COVID-19, hay muchos para elegir. 

“Las declaraciones de Donald Trump en Twitter durante la crisis de la COVID-19 sobre automedicación y el origen del virus fueron muy irresponsables”

– Usted utiliza herramientas de analítica de datos para detectar las mentiras en Twitter. ¿Cuáles son esos métodos de los que se sirve para desenmascarar al mentiroso?

Estudio casos de propagación de bulos con análisis de red. Uno de los algoritmos, el de modularidad, agrupa a los usuarios que retuitean a perfiles comunes. Esto clasifica a los usuarios por grupos. Al bulo le suele seguir el desmentido y el algoritmo de modularidad agrupa a los emisores del bulo en un bloque y los del desmentido en otro. Esto permite clasificar los tuits en bulo y desmentido y observar su propagación en el tiempo. También es posible ver qué perfiles con más seguidores han favorecido la propagación del bulo o del desmentido.

Cómo podemos protegernos de la desinformación

– ¿Y cómo puede un usuario corriente, sin programas sofisticados, defenderse de tanto bulo? ¿Alguna recomendación?

Nunca hay que compartir una noticia que no tenga un enlace a una fuente original fiable. También conviene descartar las noticias que vienen en un pantallazo. Y comprobar que la información se ha publicado en más medios fiables. Hay que desconfiar de las noticias que provengan de perfiles de reciente creación, o que puedan estar siendo reutilizados por tener mucha antigüedad y pocos tuits. 

No debemos fiarnos de las cuentas con foto de perfil de una atractiva mujer. Es un recurso muy utilizado por los perfiles falsos. O los que tienen un nombre con muchos números. Aunque hay perfiles de personas reales que mantienen el nombre que suministra por defecto Twitter, también es indicativo de cuentas creadas automáticamente. Y, por último, cuidado con los perfiles que han cambiado varias veces de nombre

desinformación

– Parece que la inquina y las mentiras han convertido las redes sociales en un barrizal. ¿Cómo cree que les afectará esto a medio y largo plazo, especialmente a Twitter?

Otro factor que favorece a la crispación y polarización en Twitter es la presencia de los troles. Son perfiles que a través de los comentarios siembran la discordia. Algunos son perfiles reales, pero otros son falsos. Y su único cometido es atacar a personas de corriente de opinión contraria para silenciarlas. No hay que alimentar al trol, lo mejor es bloquearlos y no interactuar con ellos.

“Estamos en un momento en que lo positivo de las redes sociales puede verse sobrepasado por la parte negativa”

Estamos en un momento en que lo positivo de las redes sociales puede verse sobrepasado por la parte negativa. Recientemente, grandes anunciantes en las plataformas de redes sociales han amenazado con retirar su publicidad si no frenan el lenguaje del odio y la desinformación. Posiblemente las plataformas tendrán que tomar cartas en el asunto.

Pero los usuarios podemos contribuir a no propagar desinformación siendo más reflexivos y cautos a la hora de difundir mensajes. El freno a la desinformación podemos ser nosotros. Hace falta más educación digital. 

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Imágenes | U-tad, Mariluz Congosto

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