La adicción al juego 'online' crece entre los más jóvenes

Jugársela en internet: la ludopatía crece entre los más jóvenes

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Internet no está libre de peligros. Cuando uno se mueve en el entorno online, ha de ser consciente de que los riesgos que corre son similares a aquellos a los que está expuesto cuando deja su smartphone, tableta u ordenador a un lado. En algunos casos, incluso, su exposición es mayor. Este es el caso de la ludopatía.

El perfil de los adictos a los juegos de azar no responde a ningún patrón. Afecta a todo tipo de personas sin importar la clase social, el nivel educativo, el estado civil o la edad. Sin embargo, las cifras de afectados por este trastorno han aumentado desde que en el año 2011 se legalizó el juego online. Sobre todo entre los más jóvenes y los que poseen mayor formación, según nos cuenta Rosana Santolaria, psicóloga de la Federación Española de Jugadores de Azar Rehabilitados (FEJAR).

“A nuestras asociaciones cada vez llegan más personas jóvenes con adicción al juego”, constata Santolaria. “Y algunas todavía no han alcanzado la mayoría de edad cuando piden ayuda. Es decir, no solo han comenzado a jugar fuera del marco de edad legal para hacerlo, sino que incluso han llegado a desarrollar trastorno por juego antes de los 18 años”. Algo que ocurre tanto en el juego presencial como online.

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LOS JÓVENES, LOS MÁS VULNERABLES

Para cerciorarse de que su percepción era correcta, a principios de 2018 en FEJAR recogieron datos sobre una muestra de 224 jugadores. Todos ellos estaban recibiendo asistencia en sus asociaciones, eran menores de 35 años y, además, tenían problemas con el juego online. El resultado obtenido fue que el 1% era menor de edad.

Sin embargo, Santolaria cree que el porcentaje de jugadores por debajo de los 18 años y que no están en tratamiento puede ser significativamente superior. Un número que también aumentaría si, además de los jugadores online, también se incluyera en la muestra a los presenciales.

Las principales causas de esta adicción entre los más jóvenes parecen estar relacionadas con la legalización del juego en línea. Por un lado, es más accesible. Tener conexión a internet y una tarjeta de crédito son los únicos requisitos para jugar 24 horas los 365 días del año desde cualquier lugar. A esto se une la inmediatez del resultado en muchos tipos de apuesta, algo que no ocurre en las quinielas o loterías tradicionales. Y, por último, las modalidades de juego son muy variadas, pudiéndose apostar a partir de cantidades inferiores a 1 €.

Junto a esta nueva situación social, también hay que tener en cuenta las características de las personas. La impulsividad es una de ellas, “que es mayor en los más jóvenes y está relacionada con cuestiones evolutivas y neuropsicológicas”, apunta la psicóloga de FEJAR. También llama la atención sobre el uso de la imagen de deportistas y famosos que promocionan este tipo de juegos, y que son percibidos por los jóvenes como modelos que seguir.

SÍNTOMAS PARA EL DIAGNÓSTICO

La ludopatía es una enfermedad. Así está reconocida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y, como tal, tiene sus síntomas. Fueron recogidos por la Asociación Americana de Psiquiatría en su Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales-V . Si una persona manifiesta al menos cuatro de ellos durante 12 meses, puede considerarse adicta el juego.

Se trata de nueve síntomas muy concretos. Entre ellos la necesidad de apostar cantidades de dinero cada vez mayores, estar siempre pensando en las apuestas o intentar recuperar el dinero perdido volviendo a jugar. Estas personas a menudo juegan cuando sienten desasosiego, por un sentimiento de culpabilidad o ansiedad.

También mienten para ocultar su grado de implicación. Cuentan con los demás para salir del paso ante su situación financiera, y ponen en peligro una relación importante (ya sea personal o laboral). Además, se muestran irritados cuando intentan reducir o abandonar el juego; y siempre que lo intentan lo hacen sin éxito.

En esta, como en el resto de adicciones, el papel de la familia es esencial. “En el caso de los jugadores patológicos ejercen de coterapeutas”, señala Santolaria. “Realizan una labor crucial, especialmente en la primera fase de rehabilitación”. Además, la familia, como víctima de la conducta del jugador, también ha de pasar por un proceso de comprensión de esta enfermedad para poder entender el problema.

Algunas de estas señales son más evidentes que otras, pero todas impiden al enfermo controlar su conducta. Una vez detectado el problema, hay que pedir ayuda. Bien en alguna asociación especializada o en los centros de atención primaria. Es importante realizar un diagnóstico y, sobre todo, que el enfermo acepte su situación.

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Imágenes | iStock, Dirección General de Ordenación del Juego