¿Cómo pudimos tener vacunas contra la COVID-19 en tan poco tiempo?

¿Cómo ha sido posible tener unas vacunas contra la COVID-19 en tan poco tiempo?

vacunas contra la COVID-19La rapidez con la que se ha logrado la aprobación de las vacunas contra la COVID-19 no tiene precedentes.

Por tanto, es legítimo preguntarse cómo ha sido posible obtener este resultado sin ninguna exención de los estándares requeridos por los procesos de experimentación y aprobación. Reconstruir los pasos de este extraordinario éxito científico también es útil para despejar el campo de las dudas sobre la seguridad de las vacunas.

Cómo empezó TODO

El 30 de diciembre de 2019, el oftalmólogo Li Wenliang, un trabajador del Hospital Central de Wuhan (China), fue el primero en difundir información sobre unas raras infecciones pulmonares en la metrópoli china. Wenliang compartió la noticia en WeChat con compañeros de varios hospitales de la ciudad. La policía lo detuvo por «hacer comentarios falsos en internet”. El doctor murió de COVID-19 el 6 de febrero de 2020.

El 5 de enero, un equipo dirigido por el profesor Yong-Zhen Zhang de la Universidad Fudan de Shanghái (China) logró secuenciar el código genético del virus. El proceso tomó alrededor de 40 horas. Tras analizar el código, Zhang comunicó al Ministerio de Salud la noticia que pronto sacudiría al mundo: el patógeno era un nuevo coronavirus similar al SARS, el virus mortal que provocó una epidemia en 2003. El gobierno chino impuso un embargo sobre la información, aunque el 8 de enero se dio a conocer la noticia, confirmada al día siguiente por las autoridades chinas.

Eddie Holmes, biólogo evolutivo de la Universidad de Sídney (Australia) y colaborador de Zhang, intentó persuadirle de que hiciera público su descubrimiento, según la reconstrucción de ‘The Guardian’. El 11 de enero, el día en que China anunció su primera muerte oficial por la infección, Holmes publicó la secuencia del virus en la web virological.org. Fue una decisión crucial para investigadores de todo el mundo y supuso el comienzo de un esfuerzo mundial extraordinario para encontrar las vacunas contra la COVID-19.

La rapidez con la que se han desarrollado las vacunas no tiene precedentes. Hasta ahora, la más rápida había sido la de las paperas, autorizada cuatro años después de su creación. Esta vez, en once meses se ha hecho el trabajo de diez años.

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Vacunas contra la COVID-19 EN tiempo récord

En el caso de Moderna y Pfizer, la tipología particular de sus vacunas ha permitido un desarrollo muy rápido. Esto se debe a que las farmacéuticas utilizaron el genoma viral del nuevo coronavirus tan pronto como se compartió. Además, la producción de vacunas de ARN mensajero no requiere largos trámites como para las tradicionales.

Igualmente, la investigación sobre vacunas contra la COVID-19 no ha comenzado desde cero. Como recuerda ‘Nature‘, durante años los investigadores han centrado su atención en otros coronavirus, como el SARS y el MERS. De ahí lo científicos aprendieron que para el desarrollo de vacunas de ARN sería mejor adaptar la secuencia utilizada, de modo que la proteína spike resultante cogiera la forma que normalmente toma antes de unirse a los receptores en las células humanas que el virus infecta. Los investigadores entendieron que en esta versión ‘estabilizada’ la proteína funcionaría mejor como antígeno y estimularía una respuesta inmune más eficaz.

Por otra parte, la vacuna producida por la Universidad de Oxford (Reino Unido) junto con la empresa AstraZeneca utiliza un vector viral que contiene la secuencia de la proteína spike. Aunque adopta una tecnología diferente, esta vacuna también se ha beneficiado de los estudios previos sobre SARS y MERS y otras enfermedades como el ébola y la malaria.

Mucho antes de la crisis de la COVID-19, ya existía conciencia de la posibilidad de que, tarde o temprano, estallara una pandemia. Y se habían hecho planes para afrontar la emergencia. Los gobiernos, los organismos internacionales y las fundaciones habían aunado recursos; varias empresas e instituciones académicas, incluidas BioNTech, Moderna y la Universidad de Oxford también habían comenzado a trabajar en nuevas tecnologías capaces de generar vacunas a partir de los genomas de patógenos infecciosos, probándolas durante varios años.

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Mayores inversiones y voluntarios

Los desarrolladores de vacunas contra la COVID-19 tuvieron acceso a una financiación masiva e inmediata. Generalmente, conseguir dinero para estos proyectos lleva tiempo. Pero, frente a los altos costes sanitarios y económicos de la pandemia, los plazos para la financiación se han acortado todo lo posible. A esto hay que sumar la compresión temporal para los ensayos clínicos.

De hecho, las vacunas se evaluaron mediante un proceso de ‘revisión progresiva’ (rolling review), un enfoque diferente al habitual. Normalmente, todos los resultados y datos se envían para su aprobación una vez completada la experimentación, un proceso que lleva meses. Esta vez, los datos se proporcionaron a las agencias de regulación a medida que estuvieron disponibles. Y se revisaron mientras los estudios estaban en curso. Cuando llegaron los resultados finales, esos eran los únicos datos que quedaban por revisar. Todo el proceso tomó meses, pero los pasos finales tardaron solo unos días en completarse.

Finalmente, cabe señalar que rara vez se han realizado ensayos de vacunas durante una pandemia como esta. Las pruebas atrajeron a un gran número de voluntarios, deseosos de ayudar. Los ensayos de vacunas suelen tardar semanas o meses en reclutar. Esta vez, sin embargo, fue posible identificar a los voluntarios disponibles en unas pocas horas.

En resumen, el rápido desarrollo de las vacunas contra la COVID-19 fue posible gracias al conocimiento adquirido durante años de investigación. Además de un esfuerzo colaborativo que ha contado con la participación de investigaciones públicas y privadas. Conseguir las vacunas contra el nuevo coronavirus en tan poco tiempo no es una estafa ni un riesgo, sino un hallazgo científico del que deberíamos estar orgullosos.

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Imágenes | Hakan Nural/Unsplash, Bermix Studio/Unsplash, National Cancer Institute/Unsplash

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