Cristales "mágicos" que se imprimen en 3D: las magufadas llegan a la tecnología - Nobbot

Cristales “mágicos” que se imprimen en 3D: las magufadas llegan a la tecnología

Cristales magicos para imprimir en 3D las magufadas llegan a la tecnologia

A medida que la ciencia arrincona actividades como el horóscopo, la lectura de manos, la pirámide del poder y otros mitos monetizados (que uno paga por ellos); estos van cambiando y adaptándose a los nuevos tiempos para sobrevivir (y para que puedas seguir pagando por ellos). Por eso se cuelan en la ciencia y el conocimiento consolidado, y resultan difíciles de dejar atrás.  

Las cartas de «reenvía este mensaje a tus amigos» que portan bulos saltaron al email en cuanto tuvieron oportunidad; las cacofonías ahora pueden ser grabadas y generadas en teléfonos móviles; los naipes del tarot aparecen como Made in China porque son más asequibles, etc. ¿La novedad? Ahora uno puede comprar por Internet su propio cristal místico… fabricado de una impresora 3D.

Talismanes místicos cibernéticos: trocitos de plástico carísimos

Eventualmente tenían que llegar. La fabricación mecánica por inyección de las “piedras” que vendían los tarotistas ha resultado poco efectiva para luchar contra los males del mundo y adivinar el futuro. Pero no se preocupe el lector porque ahora hay un novedoso modo de conformar el plástico para hacer nuestros sueños realidad: la impresión 3D de talismanes místicos cibernéticos.

Suena a noticia de El Mundo Today pero, por desgracia, existen vendedores que, sirviéndose de la necesidad, ilusión e imaginación de la gente, vende pedazos de plástico impresos en 3D a un precio desorbitado, como este anillo de Cassiopeia a 108 euros (envío de 19,89 euros no incluido), vendido por Stonedalone.

En la página about de este vendedor podemos encontrar que «Stonedalone es un proyecto de la joyera Yung Crowley, una ingeniera de formas de impresión 3D, durante el día; y una cibermística que imprime espiritualidad en forma de talismanes y encantos, de noche. Llamada a este propósito en el temprano Internet y debido a su larga experiencia en lo oculto, crea talismanes cibermísticos para [satisfacer] la obsesión actual con lo digital».

En la última frase quizá se encuentre la clave de su éxito, ya que lo digital es algo abstracto e incomprensible para buena parte de la población, como la que no tiene muy claro qué es la nube (servidores en algún edificio refrigerado) o qué diferencia hay entre aplicación y servicio (la primera es una pieza de software instalable y la segunda aquello que resuelve un problema).

Estos vendedores de trocitos de plástico muy caro han sabido explotar la falta de alfabetización digital y educación digital de la población; del mismo modo en que el autodenominado “Doctor” Masaru Emoto empezó a publicar libros en los que usaba conceptos y palabras de la mecánica cuántica para decir que el agua tiene memoria (cuando no la tiene), apoyándose en un descubrimiento científico y en la ignorancia para vender libros con bulos. Bonitos, eso sí, pero bulos.

El marketing del terror de la “magia”

¿Cómo es posible que en pleno siglo XXI, etapa de la humanidad en que hay más personas escolarizadas, siga existiendo este tipo de engaños? El año 2016 fue el año de la posverdad, pero llegado 2018 esta sigue campando a sus anchas. ¿Por qué?

Según Magnus Revang, analista de Gartner, en el estudio Predicciones tecnológicas para el 2018, «el coste de producir falsas noticias es muy inferior al de producir noticias de verdad». Del mismo modo, levantar una tienda online de cristales “mágicos” es mucho más rápido que lo que tarda una denuncia en cerrar la web (suponiendo que lo haga), y unas horas más tarde la página volverá a estar en línea con otro nombre.

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A la dificultad con la que se lucha contra los bulos se suma lo atractivo que resulta el engaño. Se trata de una mentira dulce, del tipo de mentira que queremos cerca porque nos gustaría que fuese verdad. Una pluma de Dumbo tecnológica que abrazamos porque nos aporta confianza o, al menos, minimiza el miedo que sentimos por la falta de control sobre nuestra vida.

En las últimas décadas ha proliferado en distintas ciudades de España un negocio fraudulento construido sobre el marketing del terror: infundir miedo al paseante para que nos dé dinero. Si uno pasea por el centro de Granada, Sevilla, Madrid o Córdoba, entre otras ciudades, es posible que se tope con alguien que nos regala una ramita de romero.

«No me rechaces el romero, niño, que no cuesta nada», es su frase estrella. A veces son estampas de alguna virgen, otras una lágrima de plástico con pegamento para textil por detrás… La gente sigue cayendo, por miedo, en la trampa de darles dinero, perpetuando un negocio clandestino basado en generar miedo y desconfianza, o de explotar la ilusión de las personas. Ahora este negocio se ha modernizado, y basta con una página web que te diga que no estás protegido para las catástrofes venideras, pero solo si compras la sortija impresa en 3D. Como si un pedazo de plástico en forma de anillo o gargantilla ayudasen.

¿Será magufada la palabra estrella de 2018?

Según el I Estudio sobre el impacto de las fake news en España, el 86% de la población española se cree las noticias falsas o fake news, y es que las “noticias” están llenas de magufadas. Los magufos, según algunas asociaciones escépticas españolas y el Wiktionary, es una persona «que promueve o comercia con fenómenos paranormales o pseudocientíficos tales como la ufología, la magia, la telepatía, etc. o creyente de los mismos».

En castellano tenemos dos palabras separadas: engañabobos y bobo, para titular a los dos agentes involucrados en la transacción; aunque el último término no es despectivo y casi podríamos traducirlo como ingenuo o candoroso.

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El caso de los talismanes místicos cibernéticos es, por tanto, una magufada diseñada por un magufo o engañabobos, una persona que se enriquece a nivel personal o que tiene interés en difundir un tema concreto. Algunos ejemplos de ellos son los chemtrails, la alergia a las ondas de radio, el visionado de ovnis o la homeopatía.

Hemos de tener cuidado con estos bulos que, al igual que el ejemplo del romero, tienen origen en el miedo y los exploran para monetizarlos de modos diferentes, como vendiendo libros o falsos remedios que no pueden curarnos. Miedo a que nos rocíen con químicos, a que las ondas nos dañen, a que nos ataquen los extraterrestres, o a no dar con el tratamiento perfecto, etc.

Desde Nobbot hemos hablado en alguna ocasión sobre cómo combatir las fake news y los bulos gracias a páginas especializadas; así como de decenas de divulgadores en Internet de los que aprender sobre datos y estudios confirmados. El periodismo tiene un compromiso con las fuentes fiables, así como con la denuncia de aquellas que no lo son, cristales “mágicos” incluidos.

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