El compostaje tiene un problema con nuestra nariz - Nobbot

¿Te has apuntado a la moda del compostaje? Así te huelen tus vecinos

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Te bastan un par de palés para construir uno. Claro que, en Amazon, también los puedes comprar de diseño. El compostero es un elemento muy habitual en las casas de campo y, poco a poco, va conquistando también el paisaje urbano. El compostaje lo tiene todo: es limpio, ecológico, barato, fácil de conseguir… ¿Que por qué no lo hace todo el mundo? Bueno, su gran obstáculo está en nuestra nariz.

¿Qué es el compost?

Las primeras referencias históricas al compostaje aparecen en De Agri Cultura, un ensayo romano del año 160 a.C. pero es probable que se lleve haciendo desde que el ser humano es sedentario y agricultor. Para la mayoría de nuestros bisabuelos, antes de que se iniciase el éxodo a las ciudades, era algo de lo más normal. Hoy, puede que te suene a moda hipster, pero el compostaje es parte fundamental de la economía circular, el tratamiento de residuos o la agricultura ecológica.

El compostaje es una de las técnicas que más fuerza ha cogido en los últimos años para transformar la basura en algo útil

El compost, también llamado composta, se obtiene mediante una fermentación aerobia (en presencia de oxígeno) controlada de restos orgánicos: el compostaje. El resultado es un material similar a la tierra, de color oscuro, que se usa como abono o sustituto de fertilizantes químicos. Además, este producto está libre de patógenos y olores. El proceso para conseguirlo es otra historia.

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Básicamente, se trata de residuos que se pudren. Y eso genera, claro, olores. Puede parecer obvio, pero el impacto odorífero se ha convertido en uno de los grandes quebraderos de cabeza del reciclaje de materia orgánica, sobre todo en las cercanías de núcleos urbanos. Ahora, la Universidad de Córdoba asegura haber diseñado un sistema que no hará que el compostaje huela a rosas, pero reducirá su impacto.

Así nos huelen

Cuando uno, urbanita, piensa en el compostaje, se imagina una caja de madera en un parque, con los restos de poda o de cortar el césped y donde los niños del cole más cercano aprenden cosas sobre la reutilización. Es cierto, esto es compostaje. Pero el verdadero impacto de esta técnica está en el tratamiento de los residuos sólidos urbanos, la basura de nuestros hogares, a gran escala.

Cada año, se calcula que se generan en el mundo cerca de 10.000 millones de toneladas de residuos urbanos, una cifra que no deja de crecer. Su gestión es un problema de peso (y de olor) para todos, un problema que nadie quiere tener cerca. El compostaje es, precisamente, una de las técnicas que más fuerza ha cogido en los últimos años para transformar la basura en algo útil.

“A pesar de sus numerosas ventajas medioambientales, como la recuperación y el reciclaje de recursos, durante el proceso de compostaje se generan compuestos orgánicos volátiles que emiten una gran cantidad de olores ofensivos”, señalan desde el Departamento de Química Inorgánica e Ingeniería Química de la Universidad de Córdoba. Conocer qué material genera qué olor y cómo lo hace podría servir para minimizar uno de los grandes contras de esta técnica.

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Un sistema anti-olores para el compost

La técnica diseñada en la universidad andaluza, cuyos detalles se han publicado en el Journal of Cleaner Production, es, en realidad, la suma de dos procesos diferentes: la espectroscopia de infrarrojo cercano (NIR) y la quimiometría, una especie de estadística de la química.

Así, gracias a la tecnología NIR, se puede señalar con mucho detalle la composición química de los desechos mediante el análisis de la radiación del infrarrojo cercano de los materiales. La gran ventaja de este método, explican, es que no altera el proceso de compostaje. Estos datos se suman a la información sobre el consumo de oxígeno de las bacterias que degradan la materia orgánica. Por último, a través de técnicas de quimiometría, se generan modelos matemáticos capaces de predecir qué olores se van a producir antes de que suceda.

Durante los próximos meses, este método será probado a escala industrial. “Evalúa las tasas de emisión de olor de una forma más rápida y económica y podría contribuir a mitigar el impacto oloroso que genera el compostaje”, concluyen desde la Universidad de Córdoba.

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Copiando a la naturaleza

El proceso del compostaje busca establecer las condiciones óptimas para la descomposición, las mismas que se dan, de forma natural, en todos los ecosistemas. Para ello, no solo entran en juego nuestros residuos orgánicos, sino multitud de agentes naturales, tanto microscópicos (bacterias, hongos o protozoos) como macroscópicos (lombrices, hormigas y cochinillas, entre otros).

Este proceso de descomposición genera, en la naturaleza, nuevo suelo. O, al menos, renueva los nutrientes y las cualidades del sustrato. En nuestras ciudades, en las que hemos eliminado los suelos naturales casi por completo, parece que hemos vuelto a descubrir sus bondades. Al fin y al cabo, la materia ni se crea ni se destruye, solo se transforma. Y el medio ambiente es la máquina de reciclaje más perfecta que existe.

Así, el compost es hoy muy empleado como fertilizante en labores de jardinería, en la formulación de sustratos, como elemento para restaurar suelos degradados (por ejemplo, tras la clausura de vertederos) o en la restauración del terreno después de obras. Por eso, en los últimos años se ha incentivado la separación de los residuos orgánicos y los restos vegetales para su reutilización (previa fermentación).

Cada año, en españa, se compostan tres millones y medio de toneladas de residuos orgánicos

En España, según datos del Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, el compostaje es una técnica habitual para el reciclaje de los residuos orgánicos de los hogares, los residuos de jardinería y los lodos de las depuradoras de aguas residuales. Cada año, se compostan tres millones y medio de toneladas de residuos. Esto es algo más del 15% de los 21,6 millones de toneladas de basura que se producen en nuestro país (de acuerdo a los datos del INE 2015).

El olor parecía la última barrera del compostaje para acabar de convencer al mundo de sus bondades. Ahora, gracias a los investigadores químicos de la Universidad de Córdoba, quizá termine conquistando de forma definitiva nuestros balcones, parques y la gestión de nuestras basuras.

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