5 trucos para lidiar con la ansiedad postvacacional de septiembre

5 trucos para lidiar con la ansiedad postvacacional de septiembre

Uno de cada tres trabajadores sufre o dice sufrir de síndrome postvacacional al reincorporarse a sus rutinas laborales. Un síndrome ficcional, según a quién preguntes, pero que manifiesta dolencias reales. Muy reales. “Si pasadas tres o cuatro semanas persiste el malestar, es recomendable ponerse en manos de un especialista en psicología”, recomiendan las voces expertas.

Algo que venimos documentando desde hace más de cinco décadas, como apuntaban en el ‘NewYork Times’. Aunque este hastío viene de lejos. Y afecta incluso a las relaciones de pareja. Los lapsos de la vida cotidiana aburren, las juergas animan. Aunque “si todo el año fuese fiesta, divertirse sería más aburrido que trabajar”, diría Shakespeare.

Por suerte, existen técnicas para vencer esa tristeza que nos anula, ese peso en forma de obligaciones laborales, escolares o domésticas, esa sensación de fracaso ante una repetición constante. Suben los niveles de estrés, condicionando un malestar físico y psíquico, un mal sueño y una sintomatología que se traduce en cansancio, fatiga, irritabilidad o tristeza. Y nadie quiere vivir bajo esa sombra.

CAMBIOS, MÁS CAMBIOS

Y es que no hay nada como la novedad para romper rutinas. Si la redundancia vital nos agobia, debemos ser capaces de enfrentarla con ingenio. ¿Cómo? Cuidando mente y cuerpo, encontrando tramos de tiempo libre donde cultivar nuestras aficiones. Volver a trabajar 10 horas de golpe agotan a cualquiera, así que debemos encontrar algo de tiempo libre para reflexionar.

¿Qué tal unos ejercicios de respiración? Nada agresivo, nada anaeróbico. Unos masajes, algo de reflexión con un nuevo libro, un concierto de música entre el miércoles y el jueves, o unos refrescantes zumos naturales. No necesitamos cambios radicales, no te pedimos que cambies de empleo o ciudad, bajo el drástico lema “muerto el perro, se acabó la rabia”, sino decorar y pintar de nuevos colores tu día a día.

VACACIONES FRAGMENTADAS

Tal vez el cambio lo han propiciado las propias vacaciones. 15 días sin hacer nada, paseando por la playa y desarrollando hábitos alimenticios y de sueño radicalmente opuestos a los habituales, afectan a nuestro organismo. Por supuesto que las vacaciones están para gozar de esa libertad, permitir el exceso, pero no hay que olvidar que nuestro cuerpo siempre responde mejor a las costumbres.

Recomendamos dos pautas: volver de forma paulatina a la rutina, con descansos breves y, por otro lado, dividir las vacaciones. 15 días en todo el año suponen un empacho malsano. Mejor dividirlas en tres bloques de cinco días. Igual si tenemos 30, 40 o 100 días.

Tal vez creas que esas pausas breves no te dejan saborear a fondo tu descanso, pero no hay nada más óptimo para el trabajo que descansar cada dos o tres semanas de trabajo intensivo. Y así durante todo el año. Evitaremos los cambios abruptos.

PERIODO DE TRANSICIÓN

O, como dice el chiste, una jornada de reflexión. Antes de reincorporarnos deberíamos estar ya listos para las rutinas, limpiar la casa y pasear por nuestra ciudad habitual. Nada peor que bajarse del avión a las tres de la madrugada y estar a las 9 de la mañana en primera línea de oficina, con la promesa de deshacer la maleta por la tarde. Estarás cansado y triste.

Recomendamos levantarse pronto unos días antes, aclimatarse, adaptarse de forma paulatina. Repetimos: cargarse hasta arriba durante el primer día no favorece a nadie. En cambio, si hemos contando con unos días extra, podremos dejarlo todo organizado e incluso organizar alguna comida con los compañeros antes de visitarlos en los puestos de trabajo.

En este punto debemos ser asertivos, conocer nuestras limitaciones y no dejarnos desbordar por exigencias. Poco a poco.

MÁRCATE HITOS ACCESIBLES

Un clásico de las escuelas de psicología e incluso los colegios médicos: el síndrome de Boreout o aburrimiento crónico es resultado de una vida sin emoción, sin desafío. La neurociencia ha comprobado cómo funcionan los mecanismos de expectativa, reto y recompensa, saben qué nos afecta a nivel cerebral.

Para trabajar en relación a la expectativa, para activar los neurocircuitos que sentimos apagados, nada mejor que realizar actividades retantes, marcar hitos accesibles—hay quien decide leer cinco libros, hay quien decide lograr cierto reto en un videojuego, hay quien simplemente quiere visitar un rocódromo o aprender a cocinar un plato complejo—.

No importa tanto el objetivo como el camino hacia la meta, la forma en la que nos estimule y nos haga sentir que estamos cerca de alcanzar el éxito.

SIEMPRE POSITIVO, NUNCA NEGATIVO

Ya lo dijo el entrenador holandés Louis van Gaal en aquella mítica rueda de prensa. Es cierto, no es fácil ser resiliente ante un cubículo gris. No, al menos, cuando venimos de pasar ocho días en La Habana, donde un turquesa aguamarina baña nuestras retinas de forma inolvidable. Pero hay que destacar dos obviedades: no podemos disfrutar de nuestro trabajo si no le echamos ganas, si nos desborda la negatividad.

Hay que ser realista, debemos cuidar nuestra salud y alimentar nuestro positivismo, no dejarnos desbordar por iras insanas. Podemos volver a ver esas fotos y vídeos tantas veces como queramos. Si anhelamos recibirla, debemos comenzar mostrando amabilidad y conectar con otras personas relatando anécdotas.

Muchos psicólogos recomiendan enfocar el trabajo como un nuevo reto, aspirar a crecer dentro de él, cuidarnos de exigencias, presiones y tensiones innecesarias y no relativizar más de la cuenta. Pero también se recomienda asumir nuestras emociones, aceptarlas, permitirnos la rabia pero sin dejar que nos controle. Nuestra identidad, en parte, viene definida por estas respuestas. Aprenderemos a vivir mejor con nosotros mismos.

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