Coche robado: así es como la tecnología nos ayuda a recuperarlo

Así perseguí mi coche robado gracias a su GPS interno

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El coche de policía avanza a toda velocidad por las carreteras del sur de Madrid. A dos minutos por delante, un vehículo robado se da a la fuga, aún sin saber que en el vehículo patrulla disponen de su posición GPS minuto a minuto. Durante hora y media el cerco se estrecha. Aunque podría ser el argumento de una película de acción, estos hechos ocurrieron en enero de 2020.

Gracias a una centralita conectada instalada en su vehículo, Carlos Alberto fue capaz de descubrir desde su casa el robo del coche. Las notificaciones push “vehículo abierto” y “vehículo en movimiento” le advirtieron del hurto, y tras una llamada a la policía él mismo se puso en marcha con un segundo vehículo. Gracias al GPS fue posible recuperar dos coches y hacer las detenciones correspondientes.

El vehículo conectado que informa de robo

El vehículo conectado no es un invento nuevo. Llevan años circulando por las calles. Lo que sí resulta interesante es la posibilidad de actualizar vehículos entrados en años a través de dispositivos de terceros. Carlos nos explica por teléfono que “se trata de un dispositivo instalado por una empresa especializada en vehículos que permite visualizar datos del coche”.

Hace apenas unos meses, la Agencia de la Unión Europea para la Ciberseguridad (ENISA) publicaba si libro ‘Buenas prácticas para la seguridad de los vehículos inteligentes’. Uno de sus puntos clave son los vehículos conectados, su taxonomía y las protecciones necesarias.

Cuando se abre una puerta, el vehículo se pone en marcha o se encienden las luces, al smartphone de Carlos llegan notificaciones. Este joven se declara un fan de los vehículos, e instaló el dispositivo porque facilitaba estadísticas interesantes en tiempo real. La primera alarma le llegó sobre las 20:30 horas, pero no la descubrió hasta un rato después.

“Yo estaba viendo una serie en casa, hacía dos horas que el coche estaba aparcado en la calle y al principio pensé que se trataba de un error”. Sin embargo, el error parecía persistente. El vehículo no solo informaba a su dueño de que las puertas se habían abierto durante el tiempo en que Carlos veía una serie, sino que ubicaba el vehículo en un centro comercial a 25 minutos de distancia. Se trataba de un error enorme.

Preparados para encontrarse con un robo, tanto el dueño del vehículo como su pareja bajaron vestidos a la calle, acompañados de las llaves de un segundo vehículo que guardaban bajo techo. Como sospechaban, el BMW no estaba donde lo habían dejado. “Nos montamos en un segundo vehículo con la intención de llegar al centro comercial, al tiempo que llamábamos a la policía para informarles del robo y de la geoposición del vehículo”.

Persecución policial a través del GPS

En retrospectiva, “fue ‘gracioso’ porque nos cruzamos con un vehículo de policía y le seguimos”, nos dice Carlos, “pero resultó que estaban persiguiendo otro vehículo robado con características parecidas al mío”. Pero el suyo ahora aparecía ubicado en Alcorcón. Al parecer, los ladrones roban un vehículo a primera hora de la tarde y lo usan para cometer más robos. A diferencia de los delitos digitales, ahora la tecnología estaba de parte de los buenos.

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Tras aquello, Carlos se subió en un coche de policía de incógnito y empezó la persecución de verdad. La aplicación de GPS se actualizaba cada 60 segundos, lo que daba bastante margen a los ladrones para maniobrar. Un minuto a los 200 km/h a los que se desplazaban los ladrones les daba algo más de 3,3 kilómetros de ventaja.

“Pero además hay que tener en cuenta que podían cambiar de dirección y aumentar esa distancia”, apunta Carlos, “mientras nosotros seguíamos recto”. Perseguían puntos estáticos sobre un mapa, no una señal continua al estilo las rutas de navegación. Cada minuto, la ubicación del teléfono señalaba una geoposición diferente, a veces en carreteras a las que ya no tenían acceso por la autopista, obligándoles a dar un rodeo.

«¡Van a parar a echar gasolina!»

Una de las estadísticas de interés, además de la geoposición, la velocidad o las revoluciones del vehículo, es la gasolina restante. “Es muy difícil mantener una velocidad tan elevada sin hacer bajar rápido el depósito, y tuvimos la suerte de que lo veíamos caer minuto a minuto”. En este momento Carlos avisó al policía, que dieron el aviso para que bloquearan las gasolineras cercanas.

Gracias a una rápida actuación policial, los ladrones echaron cinco o seis litros de combustible pero se vieron obligados a darse a la fuga antes de llenar el depósito. “Eso les obliga a replantearse lo que hacer”, nos dice Carlos, porque ahora apenas tienen gasolina y saben que les están persiguiendo. De hecho, los ladrones escaparon en dirección a un lugar conocido: su propia casa.

“A los pocos minutos encontramos el coche robado en una calle de Vallecas con las puertas abiertas”. Apestaba a humo, estaba sucio y los ladrones habían destrozado varios elementos como el conector OBD, la cámara o el espejo, pero el vehículo se había recuperado y durante un tiempo estuvo en posesión de la policía científica, que buscaba pruebas.

Datos para pillar a los malos

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En el hilo de Forocoches en el que Carlos contó su experiencia, un anónimo “del grupo que detuvo al BMW del centro comercial” comenta que “se recuperaron dos vehículos y se detuvo a gente” gracias a la implicación tanto del dueño del vehículo como del uso de esta aplicación basada en datos. Los datos conforman nuestro mundo, y los ladrones se dejaron unos cuantos.

Incluso un vehículo sin muestras de ADN o huellas dactilares aprovechables muestra otros factores clave, empezando por dónde dejaron el vehículo abandonado. Dado que la policía llegó a los pocos minutos de detenerse el motor, los ladrones no deben vivir muy lejos.

Además, la ruta GPS muestra un conocimiento de la zona y una ‘pericia’ cuya huella quizá pueda ser analizada en un futuro. Si una persona puede ser identificada por su forma de caminar, incluso aunque se cubra la cara, es posible que la forma de conducir se convierta pronto en un perfil de datos comparable.

Dentro de unos años un vehículo conducido de una forma que no sea la nuestra podría bloquearse en la próxima parada, aunque esto forma parte del futuro. De momento, nuestra tecnología permite ya instalar sistemas de protección para conocer el estado de nuestro vehículo en todo momento, lo que favorecerá pillar a los ladrones con las manos en la masa.

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Imágenes | Carlos Alberto, ENISA

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