¿Cuánto contamina la nube donde almacenamos nuestros datos?

¿Cuánto contamina la nube donde almacenamos nuestros datos?

data serverNuestros datos en medio del océano. En las profundidades del mar de Escocia, ya no habrá solo peces y otros habitantes marinos, sino también un centro de datos de Microsoft.

Un archivo digital sumergido en agua y alimentado por energía renovable producida por las Islas Orcadas. De hecho, el gigante de Seattle está probando nuevas formas de reducir el impacto ambiental de la nube, una necesidad a la que todas las grandes compañías tecnológicas deben enfrentarse.

Estos superordenadores en los que se basa la nube permanecen constantemente activos, las 24 horas del día y los siete días de la semana. Contienen una gran cantidad de datos, medibles en petabytes, que son millones de gigabytes. Producen tanto calor que pueden calentar un ambiente solo con su presencia.

El Project Natick de Microsoft, la iniciativa para poner los servidores bajo el agua, no es solo un capricho de la multinacional. Es un experimento que, si funcionara, podría representar una nueva forma de lidiar con el problema del enfriamiento de los centros de datos. Y, en consecuencia, reducir el impacto ambiental de la nube.

Sin embargo, la cuestión no es solo el enfriamiento, sino también las emisiones de carbono producidas por el suministro de energía a base de combustibles fósiles. No en vano, estos enormes servidores han sido definidos como la ‘acería de esta generación’, por los riesgos ambientales asociados con su consumo energético.

Las emisiones de carbono de los centros de datos representan el 2% de las emisiones mundiales; tanto como la industria aérea. Y si el debate público y la conciencia ecológica nos están convenciendo de no volar cuando no es necesario, seguimos usando Instagram, Netflix y Spotify con la misma ingenuidad con la que hasta hace poco usábamos pajitas y botellas de plástico.

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La nube es un abismo de energía

Cada gigabyte transferido genera un consumo de energía comparable al de usar el secador de pelo durante veinticuatro segundos. Cada búsqueda en Google, cada vídeo visto en YouTube, cada foto compartida en Instagram tiene un coste energético. Por no hablar de los bitcoins. Para garantizar la seguridad de la criptomoneda, se necesita tanta energía como la que un país como Irlanda consume en un año.

Hoy en día podemos almacenar todos nuestros archivos de forma remota en la nube gracias a las multinacionales de internet. El modelo de negocio es simple: las compañías construyen una gigantesca aglomeración de ordenadores y alquilan porciones de espacio a los usuarios. Los datos se almacenan en enormes ‘server farms’. Mastodontes ubicados en todo el planeta que absorben energía como agujeros negros. Y contaminan.

En Amsterdam (Países Bajos), donde se encuentra el 30% de los centros de datos europeos, las grandes empresas están comprando edificios residenciales y transformándolos en ‘casas’ para esas máquinas. La administración, desde el pasado mes de julio, tuvo que dar el alto a la construcción de nuevas server farm. No es solo una cuestión de urbanismo: cada una de estas estructuras consume la misma electricidad que 15.000 hogares. Sin mencionar el agua necesaria para los sistemas de enfriamiento.

Para compensar las caídas de tensión, en los data center se almacenan grandes baterías, como las de los coches. A veces se utilizan incluso enormes generadores diésel. Internet no para de crecer, en el horizonte se asoman los coches autónomos, aumentan los dispositivos portátiles y los hogares conectados. La nube se expande y cada vez habrá más datos que procesar y almacenar. Hasta la fecha, hay nueve millones de centros de datos en todo el mundo. Y solo los que están en suelo estadounidense usan el 10% de la energía nacional.

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Malas prácticas

El Data Center Alley es el área más grande del mundo por concentración de centros de datos. Se encuentra en el norte de Virginia (Estados Unidos). Allí se consume una cantidad monstruosa de energía, el 95% de la cual deriva de los combustibles fósiles. Data Center Alley alberga el 70% de las direcciones IP del gigante de la computación en la nube Amazon Web Service (AWS), que soporta una gran cantidad de empresas y plataformas que usamos todos los días.

El ‘New York Times‘ reveló hace unos años que para proporcionar un servicio óptimo a sus clientes, la ‘Big Tech’ siempre ejecuta las máquinas a la máxima potencia. Incluso cuando el tráfico no está en su punto máximo. El resultado es que el 90% de la energía absorbida de la red eléctrica se desperdicia.

En 2008, un estudio de McKinsey mostró que solo entre el 6% y el 12% del consumo de electricidad de los servidores se usaba para operaciones de cálculo. El resto era necesario para mantener los sistemas listos y receptivos. Un poco como dejar el motor del coche encendido cuando está estacionado. Afortunadamente, las cosas están cambiando, aunque el camino sigue siendo muy largo.

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Las posibles soluciones

Una vez identificado el problema, los colosos de la red han empezado a buscar las primeras soluciones. Además del experimento subacuático de Microsoft, Google ha decidido aprovechar su inteligencia artificial DeepMind para reducir el consumo de energía de sus centros de datos. La IA ha llevado a un resultado interesante. La electricidad necesaria para enfriar los servidores se ha reducido en un 40%, lo que se ha traducido en un ahorro del 15% en el consumo total de energía. Por su parte, Apple ha alcanzado el hito de abastecerse de energía cien por cien renovable mediante la construcción, entre otras cosas, de un imperio de paneles solares en Cupertino.

Facebook y Amazon están construyendo algunos de sus enormes centros de datos en lugares particularmente fríos. Sin embargo, para reducir la latencia, necesitan distribuir sus servidores de manera más uniforme en todo el mundo, incluso donde el calor es mayor. El sistema StatePoint Liquid Cooling de Facebook promete reducir el consumo de agua hasta en un 90% en áreas húmedas y hasta un 20% en áreas más tórridas. Se basa en una tecnología de enfriamiento por vapor que produce agua fría en lugar de aire frío.

El impacto ambiental de la nube es un problema destinado a crecer con el tiempo con el aumento de los datos que viajan en la red. En 2017, las aplicaciones conectadas a Apple, Facebook y Google se encontraban entre las que contaban con una huella de carbono menor. Amazon, Netflix, Twitter y Soundcloud, sin embargo, todavía utilizan principalmente energía derivada de los combustibles fósiles. La reputación y el futuro de los gigantes tecnológicos está en juego.

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Imágenes | imgix/Unsplash, Ian Battaglia/Unsplash, Taylor Vick/Unsplash, Carles Rabada/Unsplash

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