Ser un ‘cuñado’ tiene nombre: el efecto Dunning-Kruger

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Lo que en España conocemos de forma coloquial como ‘ser un cuñado’, es decir, pensar que sabemos de todo cuando en realidad no es así, se denomina en psicología como el efecto Dunning-Kruger. Y acontecimientos recientes a nivel global, como la pandemia de COVID-19, están disparando en internet el número de ‘entendidos’ que basan su conocimiento en la desinformación.

Hay un tipo concreto de persona que siempre parece saber de todo y conoce las herramientas adecuadas para resolver crisis políticas, pandemias e invasiones de potencias militares a otros países. Es la típica persona, conocida como ‘cuñado’, aunque no sea esa la relación concreta que nos una a ella, capaz de amargarte una cena familiar con su vehemencia. ¿Hay una base científica que la describa?

¿Qué significa ser un ‘cuñado’?

Antes de la colosal irrupción de internet en nuestras vidas y de la proliferación de los memes, cuando se hablaba de ‘cuñadismo’ se hacía referencia a términos como ‘nepotismo’ o ‘favoritismo’. Es decir, que estaba más relacionado con los ‘favores’ en la política que con una supuesta capacidad para opinar (de manera incorrecta) sobre cualquier asunto.

Poco a poco, con el paso de los años y la proliferación de foros públicos donde cualquiera puede expresarse con libertad, ser ‘un cuñado’ se ha ido transformando en otra cosa. A día de hoy, equivale a manifestar de manera taxativa una opinión sobre cualquier asunto de actualidad. Sobre todo si aparentamos una condición de experto pero sin basarnos en datos realmente fiables.

Tanto es así que esta nueva acepción del término está ya admitida por la Real Academia Española, que a través de la Fundéu explica cómo ha ido adquiriendo el nuevo significado. Más allá de este divertido reconocimiento, utilizar en los medios el ‘cuñadismo’ se ha convertido en habitual. Hay desde cuentas ‘parodia’ hasta libros que analizan el concepto en distintos grados de seriedad.

La base científica de ser un ‘cuñado’: el efecto Dunning-Kruger

Puede sonar a ‘cuñado’, pero ser un ‘cuñado’ es un fenómeno estudiado por la psicología con nombre propio: el efecto Dunning-Kruger. Se denomina así por una investigación realizada por dos psicólogos de la Universidad de Cornell (Estados Unidos), Justin Kruger y David Dunning. Decidieron averiguar cómo las personas se evalúan a sí mismas en cuanto a niveles de conocimiento, humor o lógica.

En su trabajo de 1999, titulado con acierto ‘Ineptos y sin saberlo: cómo la dificultad para reconocer la propia incompetencia lleva a ideas infladas de uno mismo’, descubrieron a la comunidad científica que aquellos que puntuaban muy bajo en la autoevaluación eran los que más confiados se mostraban en sus resultados.

El sesgo cognitivo lleva a pensar a aquellos con menos conocimientos y competencias que saben más de lo que en realidad entienden. Definieron dos estadios contrarios e ilustrativos:

  • El ‘pico de estupidez‘, cuando sabes algo y crees que ya sabes todo lo necesario.
  • El ‘valle de la desesperación‘, cuando profundizas en un tema y supones que entiendes poco por visualizar todo lo que te falta por aprender.

Los ‘cuñados’ pandémicos, los peores

Vivir tiempos agitados donde se suceden pandemias y amenazas de guerra nuclear genera el caldo de cultivo perfecto para el ‘cuñado’. A este respecto, en Estados Unidos se han realizado estudios sobre cómo la COVID-19 ha intensificado los efectos del ‘cuñadismo’, toda una pandemia de desinformación.

Los datos prueban que quien confía en al menos dos teorías falsas considera que sabe más de las cosas, lo cual supone una nueva confirmación del efecto Dunning-Kruger. Esta actitud de ‘hacer mi propia investigación’, viendo canales de YouTube disparatados en vez de fiarse de estudios científicos contrastados, ya se ha convertido en un meme.

Sin embargo, sería problemático negar la seriedad de esta confianza ‘ciega’ en los propios sesgos. Mientras que el porcentaje de vacunación de quienes no creían en ‘conspiranoias’ alcanzaba el 80 %, el de aquellos que sí caía al 32 %. Es un asunto que han tratado autores como Tom Nichols, quien alerta de que si los expertos no tienen credibilidad, cualquiera podría ser considerado una autoridad en un tema.

De ser ‘cuñado’ también se sale

Siendo conscientes del daño que puede causar dejarse llevar por el efecto Dunning-Kruger, nos deberíamos preguntar cómo podemos evitar ser ese ‘cuñado’ que hace siempre el ridículo. Lo primero sería ejercer un poco de empatía y ser conscientes de que todos lo sufrimos en mayor o menor medida porque, como en la perpetuación de los tópicos, hay algo de evolutivo en ello.

Extraer conclusiones basándose en pocos datos es una característica del cerebro humano que nos facilita la vida y protege nuestro orden del mundo. Por supuesto, se puede combatir. Los propios Dunning y Kruger alentaban a seguir estudiando para ser más conscientes de lo que en realidad sabemos, estadio al que llamaban «el camino de la iluminación”.

Sobre todo en épocas convulsas, nos reafirma la idea de mantener cierto control, basándonos en conceptos sencillos de asuntos complejos. Podemos bajar los pies a la tierra buscando datos, no opiniones, y practicando la escucha activa. También respetando las diferencias y siendo conscientes de que se puede cambiar de opinión. Esto, al menos, es lo que dicen los expertos.

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Imágenes | Portada: foto de Tom Radetzki en Unsplash. Imagen interior: gráfica de The Why Axis.

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