Cinco consejos de Cervantes para no hacer el ridículo en las redes sociales - Nobbot

Cinco consejos de Cervantes para no hacer el ridículo en las redes sociales

Nobbot nació el año del IV centenario de la muerte de Cervantes, que tanto nos ha enseñado sobre literatura y vida. Parece que todo está dicho sobre el genial autor de El Quijote pero en sus textos siempre es posible encontrar alguna nueva sorpresa, algún nuevo pasaje inspirador.

Y si no lo creen, lean los siguientes fragmentos de algunas de sus obras que parecen escritos hoy mismo pensando en muchos usuarios de redes sociales que, día sí y día también, hacen que éstas “ardan”. Unas veces, la llama se enciende con el patinazo dialéctico de un político, un futbolista, una “celebrity” o un escritor; otras, por los contenidos de un programa televisivo de éxito y, a menudo, por el último escándalo protagonizado por algún jovencito de rubio flequillo y una voz fantástica para escribir en la pantalla de un smartphone. Por ser justos, a veces la chispa que desencadena el incendio es más que razonable aunque, al calor de la misma, broten opiniones como hongos en la nevera de un pisito de soltero.

El caso es que la obra del bueno de Cervantes –que, dicho sea de paso para los amigos que se han educado a golpe de “meme”, no fue el que pintó Las Meninas- lo mismo vale para un roto que para un descosido, ya sea en el siglo XVI o en este XXI que a veces huele a bodega de goleta de la piratería berberisca.

Leamos, pues, a Don Miguel y tengamos en cuenta sus enseñanzas la próxima vez que nos aprestemos a sentenciar, filosofar, criticar o despellejar al próximo, a menudo con el rostro oculto bajo la máscara de un avatar:

Los trabajos de Persiles y Segismunda

“Es tan ligera la lengua como el pensamiento, y si son malas las preñeces de los pensamientos, las empeoran los partos de la lengua. Y, como sean las palabras como las piedras que se sueltan de la mano, que no se pueden revocar ni volver a la parte donde salieron hasta que han hecho su efeto, pocas veces el arrepentirse de habellas dicho menoscaba la culpa del que las dijo; aunque ya tengo dicho que un buen arrepentimiento es la mejor medicina que tienen las enfermedades del alma.”

iStock_34260620_MEDIUM

El coloquio de los perros

“No sea tentación del demonio esa gana de filosofar que dices te ha venido, porque no tiene la murmuración mejor velo para paliar y encubrir su maldad disoluta que darse a entender el murmurador que todo cuanto dice son sentencias de filósofos, y que el decir mal es reprehensión y el descubrir los defetos ajenos buen celo. Y no hay vida de ningún murmurante que, si la consideras y escudriñas, no la halles llena de vicios y de insolencias. Y debajo de saber esto, filosofea ahora cuanto quisieres”.

iStock_82605059_MEDIUM

El licenciado Vidriera

“Decía que las lenguas de los murmuradores eran como las plumas del águila: que roen y menoscaban todas las de las otras aves que a ellas se juntan”.

iStock_21444588_MEDIUM2

La ilustre fregona

”Callad, hermanos -decían ellas (como si los tuvieran presentes y fueran ya sus verdaderos mancebos o amancebados)-; callad y tapaos los ojos, y dejad tocar el pandero a quien sabe y que guíe la danza quien la entiende”.

iStock_11280087_MEDIUM
La Numancia

“Es menester que se refrene

el vicio que entre todos se derrama;

que si éste no se quita, en nada tiene

con ellos que hacer la buena fama.

Si este daño común no se previene,

y se deja arraigar su ardiente llama,

el vicio solo puede hacernos guerra

más que los enemigos desta tierra”.

iStock_84229677_MEDIUM

Como diría Lope –y que nos perdone Don Miguel por citar a quien le cerró las puertas de los corrales de comedias-:

Una lista me mandó hacer Violante,

en mi vida me he visto en tanto aprieto;
cinco consejos dicen que prometo;
burla burlando van los cinco delante.

Pero, aun cumplido el compromiso de una lista de cinco, no podemos finalizar sin recordar la obra cumbre de su autor, así que allá va y con esto terminamos:

El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha

“Aquí es donde ellos alargan más la pluma, como les cuesta poco prometer lo que jamás piensan ni pueden cumplir. Pero ¿dónde me divierto? ¡Ay de mí, desdichada! ¿Qué locura o qué desatino me lleva a contar las ajenas faltas, teniendo tanto que decir de las mías?”.