Un niño-robot con sentido del tacto y "espacio vital"

Un niño-robot con sentido del tacto y “espacio vital”

Con la ayuda de pieles artificiales y algoritmos, investigadores checos han conseguido crear un niño-robot con sentido del tacto y que, incluso, nota si alguien invade su “espacio vital”. Con su poco más de un metro de altura, el robot iCub tiene las proporciones de un niño de cuatro años. En lugar de articulaciones cuenta con 53 motores eléctricos, dos cámaras que hacen de ojos, dos micrófonos para oír y algo similar al sentido del tacto, gracias a 4.000 sensores sensibles a la presión.

“Puede experimentar el mundo de forma parecida a un niño y tiene el potencial de desarrollar un tipo de cognición similar”, explica a Sinc Matej Hoffmann, investigador principal del proyecto checo Robot Body Schema. Puede experimentar el mundo de forma parecida a un niño y tiene el potencial de desarrollar un tipo de cognición similar”, explica a Sinc Matej Hoffmann, investigador principal del proyecto checo Robot Body Schema.

inteligencia artificial y sentido del tacto

Gracias a los miles de sensores que configuran la piel artificial del humanoide y al desarrollo de un nuevo algoritmo, el ingeniero y estudiante de doctorado Zdenek Straka ha logrado que el robot desarrolle y aprenda un mapa de la superficie de su piel –denominado homúnculo–, similar al generado por el cerebro humano y el de otros primates.

Representación del homúnculo somasensorial -el mapa de la superficie de la piel- en mono y robot. / Zdenek Straka, Michal Vavrecka y Matej Hoffmann.

“La cognición es inseparable del cuerpo físico y de sus sistemas sensoriales y motores, por lo que los modelos computacionales no son suficientes”, puntualiza Hoffmann, que dirige el grupo Humanoide y Robótica Cognitiva de la Universidad Técnica Checa en Praga.

La ventaja de la robótica y sus androides para estudiar estos procesos es que contemplan el contacto con el entorno. Además, en ellos se pueden simular cambios o lesiones imposibles de practicar en modelos humanos.

“El toque en el cuerpo del robot se transmite a una región particular de este mapa. Dependerá entonces del androide averiguar cómo interpretar o usar esa información”, indica Hoffmann. El algoritmo también se adapta a los cambios corporales. Si una parte de la piel deja de sentir, el ‘cerebro’ del robot reasigna esa zona a otras partes del cuerpo.

Han logrado que el robot desarrolle y aprenda un mapa de la superficie de su piel similar al generado por el cerebro humano y el de otros primates

“El tacto es un sentido algo subestimado, pero en realidad es extremadamente importante”, recalca Hoffmann. Gracias al tacto somos conscientes de toda la superficie del cuerpo, lo que nos permite percibir diferentes tipos de contacto, desde una caricia hasta una colisión. Según los expertos, dotar a los robots de este sentido mejorará su futuro contacto con los humanos.

un robot celoso de su espacio vital

Volviendo a las personas, hay a quien le incomoda el exceso de contacto o una cercanía excesiva de su interlocutor, pues su espacio vital –el peripersonal– está siendo invadido. Hoffman y su equipo están tratando de que los androides aprecien este espacio.

“Es muy importante para la interacción segura entre robots y humanos, sobre todo en el contexto de aquellos colaborativos que abandonan las zonas de seguridad y comparten el espacio vital con los humanos”, destaca el experto.