Cómo los libros y la televisión afectan a tu cerebro de manera diferente

Cómo los libros y la televisión afectan a tu cerebro de manera diferente

librosEn general, muchos solemos pensar que la televisión es la ‘caja tonta’, mientras que los libros son el ‘alimento del alma’. Durante mucho tiempo, sociólogos, psicólogos y tertulianos (de plató…) tacharon la televisión de ser la fuente de todos los males y las miserias de la sociedad moderna. Luego llegó internet y esos ‘pensadores’ encontraron un nuevo enemigo del cerebro humano.

En medio de esta caza de brujas tecnológica, que involucró incluso a la radio, los libros siempre han sido la contraparte positiva. Como sabemos, a lo largo de la historia ha habido épocas en la que los libros fueron quemados o prohibidos. Sin embargo, el problema radicaba más bien en lo que se leía y no en el acto en sí.

Es difícil escuchar a un padre regañando a sus hijos o hijas por ‘leer demasiado’. Por el contrario, existen diagnósticos de adicción a la televisión, especialmente después del advenimiento de las plataformas con las que nos damos atracones de series. Eso es, pasar una noche entera viendo ‘Juego de Tronos‘ sería patológico, mientras que transcurrir una tarde en compañía de un libro sería saludable y positivo. Pero ¿es esto cierto o se trata de un tópico?

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¿Qué dice la ciencia?

En 2013, un equipo de la Universidad de Tohoku, en Japón, dirigido por Hiraku Takeuchi, examinó los efectos de la exposición a la televisión en el cerebro de 276 niños entre 5 y 18 años. El investigador descubrió que cuanta más televisión veían los niños, las partes de su cerebro asociadas con niveles altos de agitación y excitación se volvían más gruesas. El lóbulo frontal también se engrosaba, lo que produce una disminución en la capacidad de razonamiento verbal. Por esta razón, la sobreexposición a la televisión de niños menores de tres años está vinculada con el retraso en la adquisición del lenguaje.

Ese mismo año, se llevó a cabo otra investigación sobre cómo la lectura de una novela podía afectar al cerebro. Gregory Burns y sus colegas de la Universidad de Emory (EE.UU.) querían apreciar los efectos antes y después de la lectura. Para ello, el equipo usó una máquina de imagen por resonancia magnética funcional (fMRI) para seguirle el rastro a la actividad neuronal dentro de diferentes regiones del cerebro.

Burns pidió a un grupo de estudiantes universitarios que leyeran ‘Pompeya’, de Robert Harris, un thriller sobre la erupción del Vesubio en Italia. El libro fue elegido por su narración intensa y una trama dramática basada en hechos reales. Después de leer la novela, los estudiantes habían aumentado la conectividad en las partes del cerebro relacionadas con el lenguaje. También se registró una mayor actividad en la región motora sensorial. Lo que sugiere que los lectores experimentaron sensaciones similares a las de los personajes del libro.

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Los libros educan más

Otros estudios han encontrado efectos a largo plazo de la lectura. Leer mantiene la mente en estado de alerta y retrasa el deterioro cognitivo en los ancianos. Una investigación incluso encontró que la posibilidad de desarrollar alzhéimer es de 2,5 veces inferior en personas mayores que leen regularmente. Al contrario, la televisión puede ser un factor de riesgo.

Leer refuerza las vías neuronales. En este estudio de la Universidad de Ohio se vio como los niños que leen con sus padres desarrollan un vocabulario avanzado, la habilidad de conectar palabras escritas con sonidos hablados, la comprensión lectora y la fluidez para leer textos rápidamente y de forma precisa.

Por otro lado, leer libros juntos aumenta la cantidad y el nivel de comunicación. Al compartir momentos de lectura, es más probable que las madres hagan y reciban preguntas, respondan y expliquen los conceptos con mayor detalle. Por contra, durante la visión de un programa educativo de televisión, los investigadores notaron que las madres proponían pocos comentarios a sus hijos.

No se trata solo de la calidad específica del programa de televisión o del libro utilizados. Parece que la naturaleza misma de las dos actividades es lo que produce estas diferencias. La televisión está diseñada para un uso pasivo y suele presentar ideas y personajes en un nivel superficial, pues los programas necesitan mantener a los espectadores entretenidos visualmente. Los libros, por otro lado, son una forma más proactiva de entretenimiento y aprendizaje. El lector tiene que concentrarse en lo que lee y es obligado a usar su imaginación para llenar los vacíos.

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Leer reduce el estrés

Existe también una diferencia importante entre los libros de papel y los lectores electrónicos, cuya luz interfiere con los patrones de sueño, mientras que los libros tradicionales ayudan a dormir mejor. Por tanto, el uso de dispositivos electrónicos está relacionado con niveles más altos de estrés y depresión. Los libros de papel, en cambio, ayudan a reducir el estrés.

En concreto, seis minutos de lectura pueden reducir los niveles de estrés en un 68 por ciento, según un estudio de un grupo de investigadores de la Universidad de Sussex. En esto, la lectura supera a otras actividades relajantes, como escuchar música (61 por ciento), tomar té o café (54 por ciento) o caminar (42 por ciento).

Leer, entonces, calma los nervios, aumenta las habilidades de lenguaje y razonamiento e, incluso, puede mantener la mente elástica a medida que envejecemos. La televisión, por otro lado, tiene el efecto contrario. Pese a estas diferencias, que podríamos definir estructurales, está claro que tanto en la televisión como en literatura, los contenidos no son todos iguales. Existen programas y libros buenos y malos. Leer Paulo Coelho no nos aporta mucho más que una tarde de ‘Sálvame’. Así, como asegura Robert De Niro, el talento radica en saber elegir.

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Imágenes | Pxhere, Flickr/Karen, Flickr/Gordon, Needpix

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