Vino y salud: una relación que se conjuga en condicional

El mito de la «copita de vino» que confunde placer con salud

Las numerosas informaciones que relacionan vino y salud han generado un clima de opinión favorable hacia esta bebida alcohólica, aunque el vínculo entre uno y otra no esté demasiado claro.

Se ha hablado con profusión de las propiedades antienvejecimiento o cardioprotectoras del vino en múltiples estudios -no concluyentes y financiados, en algunos casos, por la industria vitivinícola– que han hecho de esta bebida una especie de bálsamo de Fierabrás que todo lo sana.

Lejos de esa imagen, beber vino en exceso –en realidad beber cualquier tipo de bebida alcohólica- puede desencadenar graves problemas, que van desde el alcoholismo al daño hepático, desde la obesidad al cáncer.

¿Pero entonces por qué se insiste tanto en las propiedades saludables del consumo moderado de vino? Probablemente, porque se asocia con un estilo de vida más saludable, incluso con la dieta mediterránea que sí se sabe que es cardioprotectora.

Así pues, se pueden estar atribuyendo al vino –tinto, el blanco no tiene tan buena prensa– propiedades que tienen más que ver con factores sociales y culturales, incluso psicológicos, que no se sirven en copa. Por ejemplo, puede que las personas que son moderadas a la hora de beber vino, también lo sean en otros ámbitos de su vida que influyen en su salud.

vino y salud, una relación que se conjuga en condicional

Por eso, utilicemos el condicional al hablar de nuevos estudios sobre los beneficios del vino para la salud, tal como hacen los autores de los mismos. Uno de los últimos ensayos que detecta beneficios en el consumo de vino tinto ha sido realizado en el King’s College de Londres, y publicado en la revista en la revista Gastroenterology.

Los resultados parecen indicar que las personas que beben vino tinto tienen una mayor diversidad de microbiota intestinal (que se asocia con una mejor salud intestinal) así como niveles más bajos de obesidad y colesterol “malo”. Este efecto no se observó con el consumo de vino blanco, cerveza o licores y los autores creen que la razón principal se halla en los polifenoles presentes en el vino tinto.

aplicaciones vino

mejor frutas y verduras

¿Esto significa que hay que lanzarse a la bodega y descorchar una botella de vino cada día? De ninguna manera: los polifenoles, que se asocian con beneficios para salud, están presentes también en muchas frutas y verduras, con lo que se puede evitar el consumo de alcohol que conlleva el vino.

Además, según explican los autores del estudio, “aunque observamos una asociación entre el consumo de vino tinto y la mayor diversidad de microbiota intestinal, beber vino tinto raramente, como una vez cada dos semanas, parece ser suficiente para observar este efecto”.  Una vez cada dos semanas… para lograr un efecto que se podría obtener por otras vías y que quizás se deba a otros factores.

Para confirmar de forma concluyente que el consumo moderado de alcohol mejora la salud habría que realizar un gran y complejo estudio comparando bebedores con personas que no ingieren alcohol, distintos tipos de bebidas alcohólicas, estilo de vida, edad, sexo, dieta, etc. Y hacer un seguimiento de todos los factores que pudieran estar implicados en la salud durante mucho tiempo.

correlación y causalidad

Hasta el momento, los estudios que relacionan vino y salud se basan más en una correlación que en una causalidad, tal como explica el tecnólogo alimentario Aitor Sánchez, autor de Mi dieta cojea. En Nobbot nos comentó que la “copita diaria de vino es saludable” es un “mito que no tiene sentido como que hay que tomar lácteos sí o sí, o que hay que tomar carne sí o sí, que el desayuno es la comida más importante del día…Luego podemos extender esto a otras parcelas como los medios de comunicación, los servicios, la distribución y compra”.

Así pues, la principal razón para beber una copa de vino sigue siendo el placer que eso nos puede proporcionar. No es poca cosa, pero de ahí a recomendar su consumo hay un largo trecho. El consejo más razonable sigue siendo no beber ninguna bebida alcohólica y, si se hace, hacerlo con moderación.

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