El confinamiento, un espejismo en la mejora de la contaminación del aire

El confinamiento, apenas un espejismo en la reducción de la contaminación del aire

Contaminación del aireSegún un nuevo informe de la Agencia Europea de Medio Ambiente (EEA), en estos momentos una de cada ocho muertes en Europa se debe a la contaminación del aire. El satélite Sentinel-5P del programa espacial europeo Copernicus lleva cartografiando sin parar los cambios en la contaminación atmosférica desde su lanzamiento en 2017. Los datos recogidos se han utilizado para vigilar las fluctuaciones en la calidad del aire causadas por las medidas aplicadas para frenar la COVID-19. Los cambios han sido notables.

El pasado 22 de agosto fue el Earth Overshoot Day, el día en que la humanidad se queda sin recursos naturales disponibles para todo el año. Durante el resto de 2020, consumiremos más de lo que la Tierra puede regenerar de forma natural durante un período de 12 meses. A medida que pasa el tiempo, esta fecha tiende a caer cada vez más temprano. Este año, sin embargo, se ha observado una inversión de tendencia.

En consecuencia de las medidas tomadas para contener la COVID-19, la huella ecológica de la humanidad se ha reducido drásticamente. Según estimaciones del Global Footprint Network, la huella de carbono global ha disminuido casi un 15% en comparación con el año pasado. La relativa a productos forestales ha bajado un 8%.

La disminución de la contaminación del aire causada por el confinamiento mundial ha evitado la muerte de unas 15 000 personas en 12 ciudades del planeta. De hecho, los datos procesados ​​por el Centre for Research on Energy and Clean Air y publicados por ‘The Economist’, revelan cómo la disminución de contaminantes atmosféricos relacionados con el transporte y las industrias ha mejorado significativamente la calidad del aire. Con la consecuencia directa de haber salvado a miles de personas de enfermedades y muertes prematuras.

La contaminación del aire causa millones de muertes cada año

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la exposición a la contaminación del aire provoca 4,2 millones de muertes al año. Entre ellas, al menos 600 000 son de niños afectados por infecciones respiratorias agudas, causadas por aire tóxico. Además, la contaminación del aire puede haber intensificado los efectos de la pandemia. De hecho, varios estudios asocian los elevados niveles de material particulado atmosférico con las altas tasas de mortalidad por Sars-Cov2.

En concreto, un estudio publicado por ‘Environmental Pollution‘, realizado por un equipo internacional, ha encontrado que las emisiones de industrias, granjas y tráfico, en orden de importancia, serían responsables de más del 70% de las muertes por COVID-19. Esto podría explicar, en parte, por qué la pandemia ha tenido un mayor impacto en determinadas regiones.

Todavía nos acordamos de las imágenes de la redención de la naturaleza, durante el confinamiento de primavera. En una de las zonas más contaminadas del mundo, la India, el bloqueo de actividades permitió a los habitantes de Jalandhar ver las montañas nevadas del Himalaya, a 160 km de distancia. En Delhi, el NO2 (dióxido de nitrógeno) se redujo drásticamente durante esas semanas. De 46 microgramos por metro cúbico en marzo, pasó a 17 microgramos a principios de abril.

Del mismo modo, los niveles de NO2 en Londres cayeron de 36 microgramos por metro cúbico en marzo a 24 dos semanas después. Los epidemiólogos han calculado al menos 1.227 vidas humanas salvadas por la disminución de la contaminación del aire en la capital británica. Pero lo mismo sucedió en todas las metrópolis europeas. Las observaciones del satélite Sentinel-5P de Copernicus han sido esenciales para seguir la evolución de este tipo de contaminación, especialmente en el caso de las concentraciones de dióxido de nitrógeno.

El aire limpio durante el confinamento

Científicos del Real Instituto Meteorológico de los Países Bajos (KNMI) y del Real Instituto de Aeronomía Espacial de Bélgica (BIRA-IASB) han empleado datos de Sentinel-5P y datos terrestres para identificar la correlación entre la COVID-19 y los efectos de la contaminación del aire en Europa. Los datos recogidos muestran que los mayores descensos en la concentración de dióxido de nitrógeno se produjeron durante la primera fase del confinamiento. Sobre todo en España, Italia y Francia, donde se registraron bajadas del 40-50%. En julio y agosto, las concentraciones aún eran entre un 10 y un 20% menores que los niveles pre-COVID.

Jenny Stavrakou, del BIRA-IASB, comenta en la web de la ESA: “El impacto de la meteorología en las observaciones del dióxido de nitrógeno podría ser significativo. Por eso es necesario analizar datos a lo largo de periodos de tiempo mayores para afinar en la estimación del impacto de la actividad humana en las observaciones”.

Por lo tanto, hemos entendido que podemos reducir la contaminación del aire en poco tiempo. La parada del tráfico rodado y aéreo y el cierre de fábricas han permitido una mejora significativa de la calidad atmosférica. Ahora la pregunta es si seremos capaces de continuar en este camino hacia la sostenibilidad, sin perjuicio de la economía.

Lamentablemente, el Traffic index, implementado por la multinacional TomTom, muestra que, después del verano, el aumento de la congestión urbana en los grandes centros ha vuelto a niveles prepandémicos. Mientras que la intensificación del tráfico vehicular, la reapertura de fábricas y la desconfianza en el uso del transporte público están haciendo que se disparen los niveles de contaminantes cancerígenos. Como antes de la crisis. Esta vez esperemos no tener que pasar por un nuevo confinamiento para poder respirar un poco de aire limpio.

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Imágenes | Carolina Pimenta/Unsplash

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