Adaptador Wifi y PLC, ¿en qué se diferencian?

Adaptador Wifi y PLC, ¿en qué se diferencian?

En un mundo trufado de conexiones inalámbricas, las soluciones para mejorar, repetir o amplificar la red están a la orden del día. Cada poco se presentan nuevos dispositivos como panaceas, hasta el punto que es difícil distinguir entre los distintos protocolos y las metas que estos persiguen y consiguen. 

Veamos en qué se diferencian dos de los contendientes más populares en este segmento: los adaptadores WiFi y los adaptadores PLC. ¿Quién ganará esta pugna?

UNA EXPLICACIÓN BÁSICA

En primer lugar, partamos de una explicación básica: WiFi es la tecnología de comunicación inalámbrica más popular del mundo. Permite conectarse a cualquier dispositivo receptor mediante el uso de distintas bandas de radiofrecuencia. Nada de cables.

PCL, por su parte, son las siglas de Power Line Communications y proporciona conectividad en redes locales a través de la instalación eléctrica. Es decir, recurre al cable, pero no del router al equipo —PC, consola, smart TV— sino a través de adaptadores desde los enchufes del hogar.

REDES PLC: USO, VENTAJAS E INCONVENIENTES

Las redes PCL, como decimos, usan los cables eléctricos. Estos aparatos separan la información digital de la señal eléctrica mediante un filtrado de frecuencias. Cuando conectamos un microondas usamos alto voltaje (220 voltios) y baja frecuencia (50 Hz). Cuando conectamos un adaptador PLC, usamos una frecuencia mucho más alta, pero un voltaje mucho más bajo, lo justo para alimentar el dispositivo.

Los distintos estándares PLC tienen en cuenta estos rangos, pero esta es una de las razones por las que despiertan tantas enemistades. Con cierta frecuencia, se han tildado de aparatos tóxicos para el espectro radioeléctrico, debido a las distintas interferencias armónicas que generan. Esto es en parte espoleado por instalaciones algo antiguas, sin aislamiento adecuado, perjudicando al correcto rendimiento de sistemas de radiodifusión o meteorológicos.

Las ventajas que presentan son evidentes: permiten interconectar un montón de equipos dentro de una misma red doméstica y tener conexión sin necesidad de desplegar una red ni andar enlazando conexiones en cada dispositivo, como requiere la red WiFi. Son especialmente recomendados en hogares con distintas plantas. Y su cobertura, de facto, es superior a la de cualquier antena WiFi.

REDES WIFI: MEJORAS, VENTAJAS E INCONVENIENTES

Los estándares WiFi que podemos encontrar en 2018 distan radicalmente de los ídem que podíamos disfrutar hace tan sólo una década. Los emisores y adaptadores WiFi varían según su nomenclatura. Esta define la velocidad de transferencia soportada. Las hay de 54, 145 (150), 300 Mbps, etcétera.

Esto se ve reflejado en una serie de letras que podemos leer tras el protocolo 802.11. Cada sigla marca la compatibilidad con un distinto espectro de frecuencias: a y b (1999), g (2003), n (2009), ac (2013), etcétera. Cuantas más siglas, mayor compatibilidad con mayor cantidad de rangos de radiofrecuencia. En resumen, el Wii 802.11ac es mejor que el 802.11a/b/g/n. Un ancho de banda de apenas 10 Mbps en ‘b’ salta hasta los 1.733 Mbps teóricos del protocolo ‘ac’.

Pero estas velocidades teóricas siempre se verán influenciadas por la cantidad de dispositivos conectados, distancia entre el router y estos dispositivos, el grosor de las paredes, la cantidad de muebles o las propias redes de los vecinos. Para corregir esto, se utilizan antenas redundantes mediante la tecnología MIMO, logrando sumar velocidades y potencias.

COMO EL CABLE NO HAY NADA

Aunque ninguna de las dos es la solución ideal —que sería un cable directo al router, con un cableado de calidad en trenzado y blindaje, no demasiado largo, y cumpliendo con el protocolo CAT 6 en adelante—, el PLC suele ofrecer un mejor rendimiento. Al fin y al cabo se mantiene dentro de la familia de conexiones alámbricas.

¿Por qué? Como decíamos, las redes WiFi cuentan con estas limitaciones inherentes que “capan” el rendimiento total de la red a un 60% aproximadamente —excepto en el caso de las recientes redes 5G—. Esto quiere decir que si tenemos contratado un servicio de fibra simétrica de 300 Mbps, a nuestro smartphone llegarán aproximadamente 120-150 Mbps.

Con un PLC se aprovecha algo mejor la potencia contratada porque no existe tanta degradación, y tampoco nos vemos obligados a tirar cables por todos los lados. El dispositivo PLC se conecta al router e inyecta la conexión a Internet a través de los cables eléctricos. ¿La mayor traba? El precio redundante. Necesitamos un adaptador PLC en cada dispositivo que queramos utilizar, para filtrar esta señal codificada eléctricamente. Y en un hogar familiar con distintas necesidades, a dos por dormitorio, el coste se puede disparar.

ADAPTANDO Y REPITIENDO

Por último, cabe destacar dos diferencias clave. Un adaptador WiFi puede ser un simple repetidor o un amplificador. Un repetidor se limita a transmitir la misma señal recibida, ya degradada. Logrará que la red llegue a puntos donde antes no era accesible, pero con un rendimiento pobre y errático. Un amplificador cuidará esto, “comprimirá” y generará un nuevo radio de cobertura.

Además, los repetidores-amplificadores WiFi son bastante económicos y sencillos de instalar; no obstante, hay que tener cuidado porque presentan, con demasiada frecuencia, peligros ante intrusiones no deseadas.

Por su parte, los PLC rendirán allá donde llegue la electricidad, no necesitan de ningún tipo de configuración —son un plug&play donde ni siquiera hay que cifrar la red con una clave, basta con enchufar al enchufe— y, aunque son notoriamente más caros que los adaptadores WiFi, son ideales en grandes viviendas, aunque nunca recomendados cerca de calefactores, electrodomésticos grandes —secadoras—, radiadores eléctricos o motores.

En suma, depende de la necesidad de cada usuario y cómo relativice sus distintos problemas y necesidades decantarse por uno u otro.

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