Otro mundo es posible, uno construido con queso, verduras, frutos secos... - Nobbot

Otro mundo es posible, uno construido con queso, verduras, frutos secos…

¿Conocéis la obra de Carl Warner? Se trata de un fotógrafo publicitario que, simplemente, es mucho más que un fotógrafo. Es un individuo que ha aprendido a hacer arte a través de sus fabulosos e increíbles Foodscapes o, lo que es lo mismo, paisajes “fabricados” a partir de alimentos. Así consigue crear obras tan bellas como creativas e inspiradoras. ¿Preparados para un delicioso viaje?

¿Quién es este Carl Warner?

Carl Warner es un artista nacido en Liverpool que, desde muy niño, gustaba de crear mundos mágicos inspirados por su burbujeante imaginación. Aunque quería dedicarse a la ilustración, pronto descubrió que el mundo de la fotografía encajaba más con él y con lo que quería expresar, pues suponía un medio de comunicación más rápido y audaz. Durante los años 80 y 90 su trabajó le llevó a convertirse en un cotizado fotógrafo publicitario. Se codeaba con artistas, con lo más granado de su profesión… Pero le faltaba algo, quería seguir innovando y creando alguna nueva forma que supusiera un reto para sí mismo… Hasta que, finalmente, le llegó esa inspiración que cambiaría para siempre su forma de entender su arte.

Cuentan que Carl Warner paseaba por un mercado cuando se fijó en unos hongos portobello. Así, de la manera más sencilla, se inician los movimientos más grandes. La fisonomía del hongo sacudió la creatividad de Warner que, rápidamente, imaginó que podía ser un árbol en un mundo imposible. De esta forma, creó su primer Foodscape, paisaje de alimentos en el que los hongos y unos simples granos de arroz y judías harían surgir toda la magia. En 2008, el Sunday Times hablaba de su trabajo y le hacía saltar a una palestra que sería cada vez más grande gracias a la influencia de otro gran altavoz cultural: Internet.

Entre el arte y la publicidad

Los Foodscapes de Carl Warner se han convertido en un increíble reclamo publicitario con un sello y una identidad propias. Su trabajo es reconocible de inmediato por sus cualidades únicas e increíbles. Uno de los grandes méritos de este artista es saber destacar con elementos realmente sencillos, dándole una vuelta de tuerca a lo que podemos construir por nosotros mismos y a las maravillosas posibilidades que todo lo que reside en nuestra imaginación es capaz de desarrollar, ofreciendo un paisaje increíble con elementos que están al alcance de cualquiera.

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Carl Warner parte de una de las premisas de un tipo de arte que se fue consolidando en el siglo XX, mostrando una faceta que va más allá para convertirse en un reclamo con el que las marcas y compañías pueden llamar la atención. Todo parte de esa idea tan complicada de ejecutar algunas veces, pero tan buscada por artistas de toda índole como es engañar al ojo. Nosotros, los vanidosos seres humanos, estamos muy confiados en lo que vemos y cualquier cosa que entre en nuestra retina se convierte automáticamente en realidad. La pura verdad es aquello que percibimos y nada más. Pues bien, aquí entra en juego el talento de artistas como Carl Warner que saben mostrar un mundo que no es lo que parece y que, por eso mismo, nos seduce.

Porque, al ser engañados y con unos elementos tan de nuestra vida cotidiana como pueden ser unas verduras o unos trozos de queso, nos sentimos totalmente sorprendidos. Alguien es capaz de crear un mundo nuevo con un pan y una lechuga y conseguir un resultado alucinante. Warner sabe captar nuestra completa atención y eso, en el mundo en el que nos encontramos, es muy destacable. Así, nos lleva de la mano con su cámara fotográfica, en la que la explosión, la reacción final, viene con ese deleite que sentimos imbuidos por un paisaje que nos hace soñar con mundos imaginarios en los que todo es posible. Valles sugerentes con caminos que imaginamos que llevan hasta el corazón mismo de la felicidad.

Pues así es como Carl Warner nos gana, desde una perspectiva feliz y optimista donde la belleza la genera una barra de pan, una loncha de salchichón… Lo más ordinario se combina para crear una magia única, que nos deja con la boca abierta y nos llena de sensaciones positivas. Por eso, decimos que la obra de Warner corre entre dos mundos tan difíciles y complementarios como son el arte y la publicidad. Él ha trabajado para muchas marcas publicitarias (como para no tener en cuenta lo que es capaz de hacer y convertirlo en reclamo). Empresas como Matutano, Tefal, McDonalds, Hellman’s… se han rendido a su talento. Pero, precisamente, lo han hecho porque Warner no hace simples anuncios, sino que los reviste de arte auténtico, deja el corazón y el entusiasmo en cada una de sus obras y eso es lo que nosotros apreciamos.

El proceso de creación

Paisajes con comida, muy bien. Pero, ¿cómo se hace eso? El trabajo de creación de Carl Warner se desarrolla en un estudio de fotografía en el que todo está preparado para dar vida a sus creaciones. Los Foodscapes son maquetas que recrean paisajes a pequeña escala y que se fotografían para parecer lugares de ensueño. Primero se realiza el dibujo de un paisaje realista, con una composición clásica. Después, junto con su ayudante, un estilista de alimentos, “completa” cada parte de ese paisaje con elementos culinarios, haciendo que un tallo de brócoli se convierta en un árbol, por ejemplo.

Warner ha aprendido a sacar el máximo partido a sus herramientas: los alimentos tienen diferentes colores, texturas, formas… todo ello ayuda a hacer un paisaje más dinámico y vivo, único e irrepetible. El uso de la luz, aprendido en su trabajo como fotógrafo, es clave para darle el toque perfecto que consiga deslumbrar al espectador. Con cada paisaje puede tardar varios días y, a pesar de que todo nos pueda parecer muy sencillo de ejecutar, una de las principales trabas es que los alimentos se estropean a la luz de los focos con mucha rapidez.

Sus obras, a disfrutar

Para Warner, la creación de sus paisajes parte de una idea muy simple que se convierte casi en una filosofía de vida. A él, le inspira la comida porque ésta nace directamente de la naturaleza y supone un canto a una de las cosas más hermosas y necesarias para nuestra existencia: los alimentos. Según Carl Warner, una de las satisfacciones más primarias y fundamentales nace de la idea de cultivar en la tierra nuestros alimentos, cocinarlos y poder compartirlos con nuestros amigos o familia, en lo que se convierte en todo un acto de amor.

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El uso de la luz y una cuidada composición son claves para que en un paisaje como éste, una lechuga simule efectivamente el mar en el que navega un barco.

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Otra de sus temáticas preferidas es la recreación de monumentos y paisajes conocidos por todo el mundo, como esta fotografía en la que la cúpula del Taj Mahal es una sencilla cebolla.

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La ensoñación de algunos de sus mundos resulta fascinante y estimulante, invitándonos a dejarnos llevar por nuestra imaginación como cuando éramos niños.

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La belleza de sus creaciones también idealiza paisajes reales, como en esta casa de la Toscana italiana, una de sus temáticas favoritas.

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La creatividad de Warner le hace jugar con otras herramientas además de los alimentos. Como, por ejemplo, con el cuerpo humano.

Imagen | carlwarner.com

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