¿Está tu plato de arroz matando al planeta? Averígualo con esta calculadora de alimentos

Comer sano es una tarea difícil y si encima tenemos en cuenta que debemos comprometer nuestra alimentación con el cuidado del medio ambiente, apaga y vámonos. Si total, soy un ser tan pequeño en este planeta que lo que yo haga da igual ¿no? Pues no. Sintiéndolo mucho, cuidar la tierra y a quienes en ella habitan depende de ti, de mí y de todos los que están a nuestro alrededor. El 25% de las emisiones de gases invernadero proceden de los alimentos que consumimos, de ahí la importancia de llevar una dieta sostenible. Para ello, podemos ayudarnos de la calculadora de alimentos, una herramienta que nos guiará en nuestro camino hacia el compromiso con el medio ambiente, y a la que podéis acceder desde de la web de la BBC.

Esta calculadora contiene, de momento, 34 alimentos diferentes. Tan solo es necesario seleccionar aquel que deseemos y la frecuencia aproximada con la que lo consumimos. Después de pulsar el botón «Conoce más» empezará la magia (o el disgusto, según se mire).

Y DE COMER… UN POCO DE CULPABILIDAD

La calculadora de alimentos de la BBC hace un pequeño análisis sobre el impacto que tiene nuestra dieta en el medio ambiente. Además, separa las consecuencias en detalladas secciones que nos dejan muy claro que somos tremendamente malos. En primer lugar, nos da la cifra de gases de efecto invernadero que se liberan a la atmósfera por culpa de nuestro capricho culinario. Después, nos informa sobre la cantidad aproximada de litros de agua que se gastan a raíz del consumo de ese determinado alimento. Y, por último, nos hace una comparación en términos de sostenibilidad con otros alimentos de características similares. Como véis, esta calculadora lo tiene todo.

Diseño de Prina Shah, desarrollo de Felix Stephenson y Becky Rush.

¿Cómo llegar hasta una calculadora de alimentos?

Los creadores de esta inusual pero interesante herramienta son Joseph Poore, de la Universidad de Oxford, y Thomas Nemecek, de la División de Investigación en Agroecología y Medio Ambiente de Zurich. Partieron de una selección de 40 alimentos que representaban de forma general las preferencias culinarias a nivel mundial. Aguacate, arroz, chocolate… nada que no conozcamos.

40.000 granjas y 1.600 procesadores y minoristas se prestaron a ser analizados para que la calculadora de alimentos pudiera ver la luz. De esta forma, los investigadores evaluaron las diferentes prácticas de producción y sus consiguientes consecuencias para el medio ambiente.

Alto impacto medioambiental

Como ya os decíamos, los alimentos son los causantes de un 25% del total de las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera. Los datos, incluidos en un estudio de la Universidad de Oxford, nos dicen que de ese 25% los productos de origen animal son los que más perjudican a nuestro planeta. Concretamente, la carne de cordero y de res se llevan la palma. Para que nadie se quede con las ganas de saber cómo enfrentar este problema, el estudio incluye también las recomendaciones del Panel Intergubernamental del Cambio Climático recogidas en «Strengthening and Implementing the Global Response». 

Joseph Poore, investigador involucrado en el estudio sobre el impacto de los alimentos realizado en Oxford, asegura: «Lo que comemos es uno de los desencadenantes más poderosos de la mayoría de los principales problemas ambientales del mundo, ya sea el cambio climático o la pérdida de biodiversidad«.

Tan importante es saber qué consumimos cómo saber de dónde proviene. Por eso, y aunque suponga un poquito más de esfuerzo, debemos estar comprometidos con el origen sostenible de los alimentos. Por ejemplo, di adiós a las hortalizas cultivadas en invernaderos calentados con gas o petróleo. Esas no nos valen, no las queremos en nuestros platos ni estamos dispuestos a que sigan cargándose nuestro planeta. Di sí a aquellas que han crecido al aire libre o en invernaderos de alta tecnología, esas son las buenas.

Aunque todo esto pueda sonar a cuento o pueda parecer una utopía, no es tan difícil comprometerse con el medio ambiente. Tan solo es necesario hacer un reajuste de nuestras rutinas y, por muy perezosos que seamos, la causa merece la pena.

 

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