Una fiesta de lunas y anillos: así es Saturno, el vecino más interesante del sistema solar

saturno, el sexto planeta del sistema solar

Anillos brillantes de polvo y hielo. Casi un centenar de lunas. Una inmensa esfera de gas orbitada por mundos de roca que podrían albergar vida. ¿Cómo no sentirse fascinado por Saturno?

El sexto planeta del sistema solar, contando desde nuestra estrella, ha sido objeto de estudio durante siglos. Es uno de los cuerpos más llamativos del firmamento, además de ser bastante fácil de observar. Icono de la cultura popular, Saturno es protagonista habitual de novelas, películas, series e incluso videojuegos de ciencia ficción. Pero ¿cómo es Saturno? ¿Qué nos cuentan los datos y la ciencia sobre este compañero de viaje espacial?

Índice

  1. Saturno: la frontera del ojo desnudo
  2. ¿Cómo observar Saturno?
  3. ¿Cómo sabemos todo esto?

Saturno: la frontera del ojo desnudo

Saturno siempre ha estado ahí. Es uno de esos planetas que no tiene descubridor, ya que siempre ha formado parte del firmamento. Es, con Mercurio, Venus, Marte y Júpiter, uno de los planetas clásicos, los que siempre fueron visibles a simple vista. Para conocer todo lo que queda más allá de Saturno, hubo que esperar a la invención del telescopio. Pero entonces, ¿podemos ver Saturno a simple vista? (La respuesta, un poco más abajo).

Aunque el planeta en sí no tuviese descubridor, sí le debemos a Galileo y sus primeros telescopios el hallazgo de los anillos de Saturno, su característica más emblemática. Fue el científico toscano quien, en 1610, pudo observar de forma muy precaria estas formaciones de polvo y hielo. Inicialmente pensó que se trataban de grandes lunas (el primer telescopio de Galileo tenía tres aumentos). Hubo que esperar a mediados de aquel siglo para que el neerlandés Christiaan Huygens observase con detalle el sistema de anillos de Saturno.

¿Cómo es Saturno?

el planeta gaseoso con anillos de hielo

Saturno es uno de los gigantes gaseosos del sistema solar. Forma parte de los llamados planetas exteriores, los que están más allá del cinturón principal de asteroides y es, después de Júpiter, el segundo astro en tamaño girando alrededor del Sol. De hecho, su volumen es 740 veces el de la Tierra, aunque su masa, al ser gaseoso y poco denso, es ‘solo’ 94 veces la de nuestro planeta.

Saturno orbita el Sol a una distancia media de casi 1200 millones de kilómetros, 9,5 veces más lejos que la Tierra. Y lo hace, además, muy despacio: tarda cerca de 30 años terrestres en completar una vuelta alrededor de nuestra estrella. Por el contrario, sus días son muy cortos. Aunque no se sabe con exactitud cuánto duran (como es gaseoso, no todo gira a la misma velocidad en el planeta), se ha estimado que tarda 10 horas en rotar sobre su eje.

La atmósfera de Saturno, formada en su mayoría por hidrógeno y helio, posee un patrón de zonas oscuras y claras similar al de Júpiter. En ella, también se forman inmensas tormentas que duran varios meses y presentan una fuerte actividad eléctrica. Además, si Júpiter tiene su gran mancha roja, Saturno tiene su hexágono polar. Los lados de este extraño patrón nuboso sobre el polo norte miden casi 14 000 kilómetros, más que el diámetro de la Tierra.

Las lunas y los anillos de Saturno

Titan y los anillos de Saturno

En el plano ecuatorial del planeta, se extienden los anillos de Saturno. El más cercano orbita a poco más de 6000 kilómetros de la superficie y el más lejano lo hace a más de 280 000. A pesar de su extensión en el plano ecuatorial, apenas ocupan espacio en el plano vertical: su grosor medio es de 10 metros. Se cree que estos anillos se formaron a partir de cometas, asteroides o lunas que se rompieron antes de llegar al planeta por efecto de la gravedad.

Están formados por pequeñas partículas de hielo, rocas y polvo, aunque en su interior hay algunas partículas de grandes dimensiones. De hecho, algunas de las muchas lunas de Saturno viajan en este sistema de anillos. Y son muchas. Aunque los anillos se llevan la fama, los satélites son otro de los elementos característicos de Saturno. Tiene un total de 53 lunas confirmadas y otras 29 que todavía están siendo estudiadas.

Una de ellas, Titán, podría ser incluso considerada un planeta (es más grande que Mercurio) y es una de las lunas más interesantes del sistema solar. Tiene el tamaño suficiente como para mantener una atmósfera estable y es el único cuerpo conocido del sistema, además de la tierra, que tiene lagos y ríos líquidos en su superficie. Eso sí, no están formados por agua, sino por metano y otros hidrocarburos. Esto hace que Titán sea uno de los mundos solares con más opciones para albergar vida además de la Tierra.

¿Cómo observar Saturno?

Basta mirar hacia arriba para verlo. Está muy lejos, pero brilla tanto y orbita tan despacio el Sol que Saturno es visible a simple vista buena parte de las noches del año (si la contaminación lumínica y las nubes nos dejan). El mejor momento para hacerlo es cuando se encuentra en oposición, es decir, cuando está alineado con el Sol y la Tierra dejando en medio a nuestro planeta. En el caso de Saturno, esto sucede cada 378 días.

La posición del planeta gigante va cambiando en el firmamento, pero suele ser fácil de ubicar. Su color amarillento y su brillo (es el noveno cuerpo más brillante del cielo nocturno en su momento de máximo brillo), así como su posición en la eclíptica, un plano imaginario que contiene las órbitas de todos los planetas, hacen que, con un poco de práctica, Saturno sea fácil de ubicar. Aun así, para simplificarlo, lo mejor es comprobar si es visible desde nuestra posición en alguna de las muchas webs o apps especializadas, como Stellarium.

Una vez que está localizado, si disponemos de un telescopio, Saturno y sus anillos se revelarán en todo su esplendor. Con un aparato relativamente sencillo, con una apertura de al menos 50 milímetros y una potencia de 25 aumentos, será posible ver el sistema de anillos, el planeta gaseoso e incluso, en buenas condiciones de observación, la luna más grande, Titán.

¿Cómo sabemos todo esto?

imagen de la sonda Pioneer 11

Saturno era ya conocido por los astrónomos del mundo antiguo. Sin embargo, su estudio formal empezó con la invención del telescopio y la capacidad de observarlo más de cerca. Pero es que, además, en el último medio siglo hemos viajado hasta allí. La primera sonda en acercarse a este señor de los anillos fue la Pioneer 11, en 1979. Pasó a solo 20 000 kilómetros del planeta en su camino hacia el exterior del sistema solar y nos dejó imágenes como la que está sobre estas líneas.

En 1980 y 1981 llegaron las Voyager 1 y 2, que enviaron de vuelta a la Tierra imágenes en alta resolución y las primeras mediciones de las capas superiores de la atmósfera de Saturno. Además, sus datos permitieron entender mejor el funcionamiento de los anillos y el descubrimiento de varias lunas. Pero, si ha habido una misión icónica en el estudio de Saturno, esa ha sido Cassini-Huygens.

En 2004, esta sonda enviada por la NASA, la ESA y la Agencia Espacial Europea, llegó al planeta para estudiarlo de cerca. Tras unos meses analizando los anillos y algunas de las lunas, como Phoebe, Cassini-Huygens se insertó en la órbita de Saturno, desde donde hizo dos aproximaciones a Titán. En 2005, la sonda liberó a Huygens, un pequeño módulo que logró aterrizar en esta luna y confirmó que Titán era un mundo muy activo, en el que existía un ciclo de metano similar al del agua en la Tierra.

Y vamos a volver más pronto que tarde. Existen varias propuestas sobre la mesa para regresar a Saturno y, sobre todo, a sus satélites. La más cercana, la misión Dragonfly de la NASA, tiene previsto su despegue para 2027 y su aterrizaje en Titán en 2035. Analizará el terreno y liberará un dron que estudiará la luna y buscará rastros de vida en este lejano mundo de hidrocarburos.

En Nobbot | Michael Küppers (ESA): “Las lunas de Júpiter son uno de los lugares del sistema solar donde puede haber condiciones para la vida”

Imágenes | NASA 1, 2, 3, 4

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