Brecha de género y ciencia con Sara Gómez Martín

Sara Gómez: «Aún hay muy pocas mujeres trabajando en investigación tecnológica»

En los últimos 15 años hemos perdido en España alrededor de un 25 % de estudiantes en ingeniería, sin distinción de sexo. Esta situación se reproduce en muchos países de la OCDE y en Estados Unidos. La  excepción está en los países del este de Europa, en India y en China. Estos últimos gradúan al año, entre 450.000 y 500.000 ingenieros.

La brecha de género en carreras STEM

Sara Gómez Martín. Premio Mujer y tecnología, Fundación Orange
Sara Gómez Martín. Premio Mujer y tecnología, Fundación Orange

A este problema se le superpone la brecha de género y la escasa presencia femenina. En este momento, hay más mujeres que hombres cursando estudios universitarios en nuestro país, alrededor del 55 % y, sin embargo, solo el 23 % de estas mujeres están cursando estudios de ingeniería. La otra cara de la moneda la muestra el sector educativo, con una presencia femenina del 79 %, o el de la salud, con un 72 %.

Estas cifras confirman una brecha de género desproporcionada y global, de la que ha alertado la OCDE en su último informe sobre el panorama de la educación. Y es que la elección de estudios tiene un fuerte sesgo de género en España y en el resto de países, pero quizás resulta más llamativo en España ya que, según ese estudio, estamos por debajo de la media.

El 14 de septiembre de 2017 la ONU Mujeres puso en marcha, en Nueva York, la Coalición de Innovación Global para el Cambio, que está trabajando para hacer que la innovación y la tecnología funcionen mejor para las mujeres y las niñas. Su directora ejecutiva, Phumzile Mlambo- Ngcuka, afirma que: “La innovación y la tecnología brindan oportunidades sin precedentes para llegar a aquellos que tienen más probabilidades de quedar fuera de los beneficios del progreso y pueden sacar a las mujeres del aislamiento y crear un mercado para sus ideas y productos innovadores. Esto no solo es importante para la igualdad de género y el empoderamiento femenino, sino que trae beneficios mayores para la sociedad”.

Ese mismo año, en enero de 2017, la revista Science publicó un artículo relativo a una investigación realizada por las universidades de: Princeton, Nueva York e Illinois, en la que participaron 400 niños y niñas de 5, 6 y 7 años. Este estudio concluye que las niñas crecen pensando que “los genios son ellos”. Dos años antes, también Science publicó otro estudio que demostraba cómo, en algunas carreras como informática, física o matemáticas, se potencia la idea de que para dedicarse a ellas es necesaria una enorme brillantez innata de la que las mujeres carecemos.

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

Los investigadores achacan estos prejuicios a la influencia de los padres, los profesores, otros niños, los medios de comunicación… Y advierten de que la aparición de esas ideas sobre el género y la inteligencia en una fase tan temprana de la infancia pueden condicionar la vida de las niñas, alejándolas de las carreras científicas y técnicas, cuando los datos apuntan en otra dirección.

Valga como ejemplo que, en España, en los últimos resultados de las pruebas de acceso a la universidad, las mejores notas en 14 de las 17 comunidades autónomas las alcanzaron las mujeres.

En mi opinión, la falta de mujeres en las áreas de estudio denominadas STEM (ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas) es especialmente preocupante, entre otras, por las siguientes razones:

  • Análisis muy contrastados estiman que la mitad de todos los puestos de trabajo en los próximos años, tendrán relación con la ingeniería.
  • Los perfiles STEM, serán los más demandados por las denominadas posiciones de poder, bien remuneradas y con un alto reconocimiento
  • El perfil que define Eurostat del “profesional en ingeniería y tecnología, es el de un varón, menor de 35 años y con estudios superiores”.

Parece evidente que la brecha de género que padecemos tenderá a acentuarse si no se incrementa sensiblemente la participación de mujeres en estas titulaciones universitarias.

Ante esta situación, la Real Academia de Ingeniería, de la que soy Consejera, puso en marcha, en octubre de 2016, el Proyecto “Mujer e Ingeniería”, que tengo el privilegio de dirigir. Su principal objetivo es acabar con la “brecha de género” en estas disciplinas de conocimiento.

El Proyecto incluye, además de un análisis de las causas para tener un diagnóstico certero, una serie de acciones y actividades encaminadas a encuadrar la situación actual de la ingeniería en España, poniendo atención especial en la mujer.

Durante estos casi tres años de andadura hemos sensibilizado e involucrado a los principales actores sociales que intervienen en este proceso: centros educativos, universidades, padres y profesores, Instituciones, Administraciones, Empresas… En definitiva, a la sociedad, poniendo el foco en las aportaciones que la ingeniería ofrece a las personas y al planeta.

Considero que estamos viviendo un momento de cambios sin precedentes, a una velocidad vertiginosa que implicará un cambio profundo en el día a día de nuestras vidas. En este contexto, estoy convencida de que el Proyecto “Mujer e Ingeniería” es necesario y pertinente.

La cuarta revolución industrial

La revolución del siglo XVIII la ocasionaron las máquinas a vapor; la del XIX, la electricidad; la de finales del siglo pasado y principios de este, la automatización de las fábricas, la aparición de las computadoras y de internet.

Estamos viviendo la denominada cuarta revolución industrial. Hablamos de biotecnología, de nuevas fuentes de energía, de su almacenamiento, de vehículos autónomos, de fabricación aditiva, de computación cuántica, de hiperconectividad, de inteligencia artificial, de análisis de macrodatos, del Internet de las cosas, de realidad virtual y ampliada, de ciencia de los materiales y nanotecnología, de biología sintética, de secuenciación genética… En resumen, de una transformación sin precedentes que, a mi juicio, implica una profunda revolución social y de la vida de las personas.

Sara Gómez Martín, Premio Mujer y Tecnología de la Fundación Orange

En septiembre de 2015 leía en prensa este titular: “El mundo se consume, se transforma, se agota, con cientos de millones de personas que sufren las consecuencias de no haber llegado aún a los estándares de bienestar de zonas como Occidente”. Por eso la Asamblea General de la ONU adoptó el 25 de septiembre de ese año, la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Se trata de un plan de acción en favor de las personas, el planeta y la prosperidad, que quiere fortalecer la paz universal y el acceso a la justicia.

Esta agenda apunta un camino bien distinto al que llevamos, propone un cambio radical de trayectoria para lograr los desafíos claramente definidos en los 17 objetivos de desarrollo sostenible, poniendo el foco en lo mucho que la ciencia, la tecnología, la ingeniería y la innovación pueden hacer por las personas y por el planeta.

cambiar el mundo

Somos muy pocas las mujeres que estamos formándonos y trabajando en la investigación tecnológica, en estos desafíos y objetivos, y ocupando puestos de liderazgo. Si no nos incorporamos a la construcción de este nuevo mundo que se nos viene encima, corremos el riesgo de que no se tengan en cuenta nuestras necesidades, nuestros deseos y nuestros intereses.

Estoy convencida de que la igualdad efectiva entre hombres y mujeres hará un mundo más justo, más humano y sostenible.

Por ello, acabaré con una frase, cuya autoría desconozco y atribuida erróneamente en muchas ocasiones a Don Miguel de Cervantes. “Cambiar el mundo, amigo Sancho, que no es locura ni utopía, sino justicia”.

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