El 5G, la próxima víctima de los magufos del miedo a la tecnología

El 5G, la próxima víctima de los magufos del miedo a la tecnología

Antes de seguir, dejemos clara una cosa: no hay ni una sola evidencia científica que sustente la idea de que las ondas de los móviles o el wifi puedan causar cáncer. Dicho esto, querido lector, está en tu mano seguir leyendo este artículo pues todo lo importante que queríamos decir está dicho ya. Como sucede cada vez que surge una nueva tecnología, ya sea la de transporte de electricidad a través de líneas de alta tensión, o ahora con la futura red móvil 5G, surgen los magufos de turno que, al socaire del miedo causado por la ignorancia, difunden mensajes apocalípticos a través de artículos, seminarios, consultorías o, incluso, programas electorales.

El miedo de la ciudadanía, aventado por estos aprovechados, ha ido saltando de invento a invento a medida que estos se iban produciendo. Las últimas tecnologías en ser atacadas han sido las antenas sobre los edificios, el WiFi y el LTE de algunos núcleos urbanos. Nada de eso nos ha matado, ni nos ha provocado hipersensibilidad, ni ha causado que nuestro cerebro se vea afectado por un tumor, pero el miedo sigue, también gracias a medios de comunicación que buscan en el sensacionalismo una fuente de clicks.

Como dijo en Nobbot Luis Alfonso Gámez, de Magonia, “yo entiendo que alguien pueda creer que sufre hipersensibilidad magnética o sensibilidad química múltiple. Pero es indignante que los medios hayamos dado pábulo a este escenario”.

vade retro, radiación no ionizante

La madre del cordero de este pánico a la telefonía móvil y el WiFi se llama radiación electromagnética no ionizante y, al contrario que la ionizante, como los rayos X o los ultravioletas, no tienen efecto sobre la materia que la absorbe, más allá de calentarla. Pero haría falta un número descomunal de teléfonos móviles pegados a nuestra cabeza para igualar lo que esta se calienta con el Sol de una mañana de invierno.

En Maldita Ciencia, han recopilado los estudios que confirman que no tenemos que preocuparnos por estas ondas. Allá van tres ejemplos:

  • El estudio Interphone, realizado por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer, perteneciente a la OMS. 50 científicos entrevistaron a 5.000 personas en 13 países sobre su uso del móvil y la incidencia de cuatro tipos de cáncer especialmente sensibles por su ubicación: dos cerebrales, uno de la glándula parótida y otro del nervio acústico. Los resultados desvelaron que no existía un aumento estadísticamente relevante de casos de cáncer relacionados con el uso del móvil.
  • En 2011 se publicaba en el British Medical Journal un estudio realizado por el Instituto de Epidemiología del Cáncer de Copenhague en el que se analizaba si existía un aumento del riesgo de cáncer con el uso del móvil durante periodos de tiempo prolongados. Para sacar conclusiones, analizaron los datos nacionales de incidencia de cáncer durante 30 años, separando a los daneses entre los que tenían móvil antes de 1995 y los que no (gracias a los datos de titulares de líneas móviles de las operadoras del país). Los resultados a largo plazo mostraron que no había un aumento significativo de los ratios de cáncer entre los usuarios de móviles en comparación con los no usuarios o los usuarios más recientes.
  • El Million Women Study es un estudio llevado a cabo en Reino Unido analizando a más de un millón de mujeres de 50 años o más para responder a cuestiones sobre su salud para las que no había respuestas. Una de ellas es el riesgo que padecen de sufrir cáncer a partir del uso continuado del móvil. De nuevo los resultados mostraron que no había una relación estadística entre ambos factores. Sí que se sugirió una mayor incidencia de neuroma acústico (tumor benigno poco común en el nervio acústico) entre las usuarias que habían utilizado un móvil durante más de 5 años, pero los investigadores tomaron esta conclusión con cautela porque el tumor es tan poco común que podía tratarse de una mera casualidad, y que las mujeres que más utilizan el móvil también se hagan revisiones más a menudo y por tanto se les diagnostique este tumor más a menudo.

En ninguno de estos estudios se observa una relación entre el uso del móvil, su uso prematuro, su uso durante más o menos horas o su forma de uso y una mayor incidencia de casos de cáncer. Tampoco en el caso del móvil o el WiFi hay que dar por hecho que no haya ningún riesgo ( el riesgo cero no existe para ninguna actividad humana, ya se sabe que vivir es la mayor causa de muerte)  pero, hasta donde sabemos, ese riesgo, si existe, aún no se ha demostrado.

la oms se cura en salud

Pero es que, además, cuando la OMS y otros organismos han investigado los efectos de las antenas de telefonía y el teléfono móvil en la actividad cerebral, la función cognitiva, el sueño, el ritmo cardíaco, la presión arterial, la impotencia, el estrés y otros muchos indicadores, tampoco se ha encontrado nada. «Hasta la fecha no se ha confirmado que el uso del teléfono móvil tenga efectos perjudiciales para la salud», confirmó la OMS, en 2014).

Para curarse en salud, pero sobre todo para fomentar más estudios al respecto, la OMS incluyó en 2014 en el organismo IARC (Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer) algunos tipos de ondas electromagnéticas y usos dentro del Grupo 2B. se considera que una asociación causal es creíble, pero el azar, los sesgos o los factores de confusión no pueden descartarse con una confianza razonable». Un cajón de sastre con posibles riesgos no demostrados fue polémico en 2015, cuando la OMS también incluyó comer cantidades ingentes de carne roja como posible cancerígeno.

Dentro de este grupo de sustancias y elementos “posiblemente cancerígenos” nos encontramos con el café, la naftalina o el aloe vera, pero no leemos titulares sobre la imperiosa necesidad de abandonar el consumo del letal capuchino. 

vale, sobrevivimos al WiFi, al 4g… ¿y al 5g?

Pero todo esto tiene que ver con la tecnología móvil de ahora y antes, “¿Y el 5G? ¿Eh, qué pasa con el 5G?” Aquí vamos a acudir al blog Radiandando, de Alberto Nájera,  físico, doctor en Neurociencia y profesor de Radiología y Medicina Física que explica algunas características tranquilizadoras- para quién necesite sosiego- de estas nuevas redes 5G que vendrán.

Nájera explica muy bien cómo va a cambiar la transmisión de onda con 5G y cómo los efectos de esta tecnología sobre nosotros serán incluso menores. “Cada antena actual genera una especie de paraguas, debajo del cual nuestro teléfono estará conectado. A las frecuencias previstas para 5G, el haz de radiación no se abre como un paraguas, sino que se dirige como si fuera una tubería, casi como si se tratara de una conexión por cable, concentrando la energía en una pequeña porción del espacio, mejorando la calidad, la conexión y reduciendo la radiación que recibimos de las antenas, pues ese paraguas de cobertura “tradicional” que debe estar ahí siempre, no será necesario con 5G”.

5G, antenas

“Además –añade el experto-, pasaremos de la conectividad “macro” que proporcionan las antenas 4G con las estaciones base situadas en lo alto de edificios, a una conectividad proporcionada por pequeñas antenas MIMO (multiple input, multiple output), algo que se introdujo en la tecnología 4G, pero que ahora será de forma masiva. Estas antenas MIMO generan múltiples haces de radiación que conectan los dispositivos con la antena casi por una tubería, pero eso requiere de un gran número de antenas, más pequeñas, que emitirán menos intensidad, pero que encontraremos incluso dentro de los edificios como si de las actuales redes Wi-Fi se tratara. Pasaremos de una cobertura en todas direcciones a una conectividad que calcula la mejor trayectoria para cada dispositivo, incrementando la eficiencia y reduciendo el número de señales por todas partes y, así, las interferencias y la exposición que podríamos llamar “de fondo”.

En todo caso, y para quien aún albergue algún miedo, que es libre, tal como explica el experto ya se están reevaluando los niveles a los cuáles se producen efectos biológicos para establecer, más bien modificar si fuera necesario, los niveles de referencia ICNIRP (“International Commission for non-ionizing radiation protection“). Además, está previsto que la International Electrotechnical Commission (IEC) publique una actualización del Technical Report 62669 para 5G este año y que el Institute of Electrical and Electronics Engineers (IEEE) publique los estándares para 5G hasta 300 GHz antes de 2020.

Vamos, que la relación entre el cáncer y el uso del WiFi es la misma que hay entre las vacunas y enfermedades como el autismo: la que quieran establecer los aprovechados que hacen caja inculcando estos miedos en la ciudadanía.

Así pues, antes de arrojar tu móvil a la basura y volver a comunicarte por correo postal, ten en cuenta que el proceso de enviar una carta te puede traer, a estas alturas, más dolor de cabeza que el que te podrían causar decenas de móviles adheridos con cinta americana alrededor de tus sienes.