El consumo continuo de malas noticias nos agota

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Según un reciente estudio, estamos ya hartos de malas noticias. El ‘peaje’ que nos han supuesto los últimos años, con todo tipo de catástrofes naturales y provocadas, está derivando en un hastío generalizado que se traduce en menos clics para determinado tipo de noticias.

No hay círculo de amigos o terraza de bar donde no se escuche un discurso parecido al de “ya no soy capaz de ver las noticias, me deprimen”. Esta sensación de agotamiento viene provocada por un cúmulo de percepciones, que incluyen las secuelas psicológicas de la pandemia, el tumultuoso estado de la escena política y la profusión de distracciones.

Cómo ha cambiado nuestro consumo de las noticias

El sentimiento parece ser generalizado y un estudio así lo avala. El Reuters Institute publicó su informe anual, que incluye estadísticas sobre el consumo de información digital. Entre ellas, destaca una: los españoles estamos cada vez menos interesados en leer noticias ‘duras’ sobre temas como la pandemia y la guerra de Ucrania.

Medios como ‘El País’ recogieron un dato rotundo: el interés por las noticias ha caído nada menos que treinta puntos en los últimos siete años. El porcentaje de personas que reconocían tener “mucho interés” por ellas ha bajado desde el 85 % de 2015 hasta el 55 % actual.

Hay otros análisis reseñables, sobre todo para quienes viven de la información. Por ejemplo, que la confianza en los medios se sitúa por primera vez por debajo del escepticismo, con un 39 % frente al 32 %, respectivamente, sin una cabecera que alcance el 50 % de credibilidad para los encuestados. Y hasta un 35 % de los españoles reconoce evitar informaciones concretas sobre temas complicados, justo los que más editoriales acaparan.

Razones que podrían explicar el desinterés por las noticias

El informe ‘Digital News Report 2022’ se basa en 93 000 entrevistas a consumidores de 46 diferentes países y también incluye referencias del sector de la prensa. Una de las razones a las que aluden el Instituto Reuters y la Universidad de Oxford (Reino Unido) parece lógica: el hartazgo que provocan noticias deprimentes en una época con titulares copados por las nuevas variantes de COVID-19, la inflación, las olas de calor y los incendios.

Menos noticias serias

Los encuestados, de hecho, subrayan que la lectura de este tipo de informaciones influye de manera negativa en su estado de ánimo. Según Nic Newman, autor principal del estudio, las malas noticias llegan a provocar a quienes se muestran más sensibles a ellas un aumento notable de su sensación de ansiedad. Además de otros tipos de problemas mentales.

No existe un perfil concreto que represente a este consumidor de noticias más ‘selectivo’, aunque predominan las mujeres jóvenes y con bajos niveles tanto de ingresos económicos como de educación. En España, además, son los lectores que se identifican con la izquierda quienes más tienden a evitar un tipo concreto de noticias.

La credibilidad de los medios, otro factor relevante

Un 28 % de los españoles encuestados afirma no fiarse de la fuente, al considerarla como sesgada. El porcentaje resulta ilustrativo, teniendo en cuenta que durante los últimos años se ha vivido un proceso de espectacularización informativa que ha desembocado en hechos tan sorprendentes como que, sin Trump, la política interesa menos y los medios pierden dinero.

Este desinterés, además, afecta a cabeceras de toda ideología. La polarización, tanto en los propios medios como a través de las redes sociales, ha generado conversación y esta ha provocado clics. El clima de confrontación ha mejorado de manera puntual los datos de audiencia, pero no es descartable que, llegados a cierto punto, se haya encontrado con el hastío del público.

Ante esta situación, resulta lógico que muchos lectores prefieran obviar la bronca infinita y se decanten por otro tipo de contenidos, más ligeros y entretenidos. Los medios de comunicación, desde luego, se verán forzados a analizar qué está fallando y en qué pueden mejorar para hacer las noticias más asequibles para un público mayoritario, si no quieren perderlo de forma indefinida.

La encarnizada competición por la atención del usuario

Conseguir que los lectores atiendan no es, ni mucho menos, tarea fácil. Hace unas décadas, los informativos, el periódico y la radio eran las vías principales por las que la ciudadanía accedía a las noticias. A día de hoy, la competencia por la atención es feroz y ‘pelea’ desde lugares tan cercanos como nuestro móvil.

En el propio estudio hay datos que alertan de este cambio de tendencia. En España, hasta el 15 % de los jóvenes de menos de 25 años ya se informa de manera prioritaria a través de una red social, TikTok. Nuestro país, además, es de los que más ha abrazado un formato de reciente expansión como el pódcast, con un 41 % de uso habitual reconocido.

Menos noticias serias

La pandemia ha acrecentado los efectos adversos de lo que ya se conoce como ‘fatiga digital’. La sobreexposición a las redes sociales, a pesar de sus innegables ventajas, también puede suponer un perjuicio para nuestra salud mental. En tiempos de fake news resulta imprescindible, más que nunca, apostar por un periodismo constructivo.

En Nobbot | Sin Trump, la política interesa menos y los medios pierden dinero

Imágenes | Portada: fotografía de Roman Kraft. Interiores: fotografías de Mark Adriane y Kayla Velasquez, todas en Unsplash.

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