Pornografía y adolescentes: un problema de salud pública

En consumo de pornografía en adolescentes puede aumentar la violencia de género

pornografía y adolescentesEn algunos casos, los jóvenes están aprendiendo a tener relaciones sexuales a partir de la pornografía y están imitando actos cuya contemplación puede contribuir a una visión de las mujeres como objetos y al aumento de la violencia de género y la desigualdad.

Estas son algunas de las conclusiones de una revisión de literatura científica publicada por la Revista Española de Salud Pública sobre la relación de la pornografía con la salud sexual y reproductiva de los adolescentes, un estudio realizado por investigadores de la Universidad del País Vasco y el Hospital de Basurto. El fenómeno es preocupante pues se calcula que 7 de cada 10 adolescentes acceden a pornografía a través de su móvil. A nivel global e intergeneracional, el consumo de pornografía en internet genera tanto CO2 por año como el que emiten países como Bélgica, Bangladesh y Nigeria.

Según la revisión de 14 estudios internacionales sobre pornografía mainstream realizada por los investigadores vascos, la exposición de los adolescentes a un entorno de medios sexualizados estuvo asociada con creencias más fuertes de que las mujeres son objetos sexuales. Por ello, estos expertos señalan que la pornografía debe abordarse en los programas de educación sexual en los colegios, así como en los diferentes estamentos de Salud Pública.

Además del impacto que la pornografía puede tener en la salud sexual y psicológica de los adolescentes, que cada vez consumen este tipo de contenidos a edades más tempranas, el documento señala que las escenas sexuales representadas en la mayoría de los sitios webs gratuitos para adultos promueven la hipermasculinidad, la dominación masculina y la priorización del placer sexual masculino como norma sobre el femenino.

la pornografía en los adolescentes, un problema de salud pública

A raíz de los resultados del estudio, se pone de manifiesto que, en algunos casos, los jóvenes están aprendiendo a tener relaciones sexuales a partir de la pornografía y están imitando actos sexuales que ven en la pornografía de tipo dominante, con los efectos adversos que esto puede generar. «Es preocupante -señalan los investigadores- la relación entre el consumo de pornografía y la violencia de género. La pornografía mainstream distribuye en algunos casos escenas de violencia y vejación sobre las mujeres que, en ocasiones, se presentan como normalizadas, y que potencialmente podrían ser usadas como educación sexual por parte de los adolescentes. Por tanto, si parte de la educación sexual de los adolescentes está influenciada por la pornografía, desde las políticas de igualdad y ante la lucha actual contra la violencia de género, sería necesario trabajar en este aspecto e incidir en la educación sexual de adolescentes».

Los investigadores concluyen que «es urgente y precisa una reacción en bloque desde los gobiernos, para luchar contra la desigualdad de género que promueve la visualización de pornografía mainstream y que se ha convertido en el modelo hegemónico de sexualidad en muchos países».

Según explica a Nobbot Cristina Sanjuán, experta en salud pública de Save The Children, «la mayor parte de los adolescentes y preadolescentes llega a la pornografía a través de amigos que les pasan un link o por mensajería. Sin embargo, la mayoría del consumo se produce a través de las páginas y plataformas web, más que en las redes sociales donde suele haber un filtro. También ocurre por accidente, por abrir un anuncio en ventanas emergentes».

«La pornografía gratuita y masiva muchas veces está basada en la violencia y la desigualdad. Y a veces no somos conscientes de que las consecuencias de la vida online son las mismas de la vida real. Pasa también con la hípersexualización de los niños y las niñas en internet. Plataformas como OnlyFans, y el uso que se hace de ellas, cuestiona si lo estamos haciendo en el entorno educativo», añade.

A la luz de esta situación, parece claro que resultan necesarias campañas de concienciación sobre este problema en todos los ámbitos, también en las familias, a las que Orange dirigió la campaña que ilustra este texto dentro de su iniciativa #PorUnUsoLovedelaTecnología.

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