El consumo de pornografía también impacta en la crisis climática

El consumo de pornografía en internet también contribuye al calentamiento del planeta

La actividad en el mundo virtual, en apariencia tan intangible, tiene sin embargo efectos palpables sobre el planeta, algunos de ellos muy perniciosos. Por ejemplo, la transmisión y visualización de vídeos en internet genera 300 millones de toneladas de dióxido de carbono al año, de los cuales un tercio tiene su origen en la pornografía.

La cifra de global de emisiones por consumo de vídeos en internet supone el 1% de las emisiones globales y se reparte en tres tercios, de los cuales uno corresponde al consumo de vídeo bajo demanda en plataformas como Netflix y otro al consumo de pornografía en internet, que genera tanto CO2 por año como el que emiten países como Bélgica, Bangladesh y Nigeria.

En total, la emisión de gases de efecto invernadero causada por los vídeos transmitidos «online» es equiparable a la porción emitida por España.

Esa es la conclusión de un “think tank” francés llamado The Shift Project que, a comienzos de año, estimó que las tecnologías digitales producen un 4% de las emisiones de gases de efecto invernadero y que esta cifra podría elevarse al 8% para 2025.

No es esta una cuestión baladí. Tal como explica a Nobbot María Luisa Castaño, Directora del Departamento de Energía del CIEMAT, “la reducción de las emisiones globales de CO2 forma parte de la agenda política económica y social de la mayor parte de los países del planeta. Y no es solo cuestión de disponer o no de una energía masiva y limpia sino que se trata de preservar el planeta desde todos los puntos de vista. Los recursos naturales, el agua, los minerales, los materiales naturales están siendo agotados por el uso de una economía lineal que no piensa en el futuro del planeta”.

La pornografía consume mucha electricidad

Los autores del informe sobre el consumo de vídeo en internet utilizaron los informes de 2018 de las empresas Cisco y Sandvine para calcular el tráfico global de internet dedicado al consumo de vídeos. Posteriormente, estimaron la cantidad de electricidad que se usaba para transportar estos datos y verlos en diferentes dispositivos, desde teléfonos hasta televisores. Por último, estimaron las emisiones globales, utilizando cifras promedio globales para las emisiones de carbono causadas por la generación de electricidad.

Además, señalan el aumento de la resolución de los vídeos a 8K, contribuirá a incrementar aun más estas emisiones. Lo mismo podría ocurrir con el lanzamiento de servicios de transmisión de juegos, como Stadia de Google.

tablet

Los expertos de The Shift Project piden medidas para limitar las emisiones de CO2 de los vídeos “online”, como evitar que se reproduzcan automáticamente y no transmitir vídeos en alta definición cuando no sea necesario. Estas cifras también deberían hacer reflexionar a los usuarios de la tecnología, que podrían actualizar los dispositivos con menos frecuencia, poseer menos terminales y no exigir una conexión a Internet móvil de alta calidad en todas partes. Así lo afirma Chris Preist, de la Universidad de Bristol, en declaraciones a New Scientist.

Efectos mariposa que empeoran la salud del planeta

Este es otro ejemplo más de acciones que realizamos sin ser conscientes de su impacto en el planeta, que se enfrenta a una grave crisis climática. Según el informe ‘Global Warming of 1.5 °C’, es necesaria una transición rápida y de gran alcance en los usos de la tierra, la producción y el consumo de energía, la industria, el transporte y las ciudades. Las emisiones netas globales de CO2 causadas por los seres humanos tendrían que reducirse en un 45% (respecto a 2010) antes del final de la próxima década. De momento, siguen aumentando.

En Nobbot ya tratamos el caso de los aires acondicionados que originan el 20 % de la energía total consumida en edificios. Los compuestos utilizados en estos aparatos, hidroclorofluorocarbonos e hidrofluorocarbonos, presentan un potencial de efecto invernadero hasta más de mil veces mayor que el dióxido de carbono.

tierra seca

Dada la gravedad del asunto incluso podríamos recurrir a calculadoras para saber cuánto CO2 emitimos a la atmósfera, aunque solo sea para ser conscientes de ellos y poder modificar, gracias a esta información, algunos de nuestros comportamientos. Un ejemplo práctico: el reciclaje de móviles evita la emisión de 60.000 toneladas de CO2 al año.

En declaraciones a Nobbot, Sandra Magro Ruiz, miembro de Creando Redes, la primera empresa de Restauración Ecológica de España, explica que «los efectos de este escenario de emergencia climática son múltiples y complejos pero, por ejemplo, uno que está muy contrastado es el aumento de la temperatura global o la recurrencia de eventos extremos».

«El cambio en estas dos variables ambientales tiene efectos sobre la economía (aumento de la demanda energética) y sobre la salud (olas de calor que provocan muertes), además de que se generan efectos de retroalimentación: si aumenta la temperatura, aumenta el consumo de energía, aumentan las emisiones de C02, aumenta el efecto invernadero y aumenta aún más la temperatura», concluye.

Más allá del efecto invernadero

En lo que tiene que ver con la pornografía, sus implicaciones van mucho más allá de la emisión de gases que contribuyen al efecto invernadero, con efectos como la “cosificación” de la mujer o una mala educación sexual de los menores. Se calcula que el 10% de los contenidos que circulan por la red son de pornografía y que hay más de cuatro millones de sites que los alojan.

Ante estas cifras, no resulta muy extraño que nueve de cada diez niños se hayan visto expuestos a pornografía «online» antes de cumplir la mayoría de edad, según los datos de un informe publicado por el portal estadounidense Covenant Eyes. Este estudio señala también otro dato impactante: la primera visualización de pornografía online se llega a hacer con 12 años.

La interacción frecuente con estas páginas webs de pornografía puede derivar, por ejemplo, en otra práctica del uso indebido de internet como el sexting, es decir, el envío de mensajes sexuales (eróticos o pornográficos) a través de dispositivos móviles.

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