¿Cómo nos contagian enfermedades los animales?

¿Qué son las zoonosis?

Muchas de las enfermedades que han hecho saltar las alarmas en los últimos años, como el ébola, el SARS y la COVID-19, tienen su origen en animales.

Lo mismo sucede con otras que han acompañado al ser humano durante siglos y han cambiado el curso de la historia, como la tuberculosis, la lepra o la peste bubónica.

Numerosos patógenos saltan diariamente de los animales a las personas. Normalmente lo hacen sin que haya efectos visibles, por lo que la transmisión es imperceptible. En otras ocasiones, sin embargo, desencadenan enfermedades que pueden poner en peligro la salud humana.

Más de un 60% PROVIENEN DE ANIMALES

Las enfermedades zoonóticas son aquellas que se transmiten de los animales a los humanos de forma natural. La palabra zoonosis proviene del griego y está formada por ???? (animal) y ????? (enfermedad).

Más del 60% de las enfermedades infecciosas emergentes que se registran a nivel mundial son zoonosis, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Ya antes de la pandemia se producían alrededor de mil millones de contagios y millones de muertes por zoonosis cada año.

Las enfermedades zoonóticas son causadas por patógenos como virus, bacterias, parásitos u hongos. La causa suele ser el comportamiento humano: cuando se dieron los primeros brotes de COVID-19, muchos señalaron directamente a los wet markets o mercados húmedos asiáticos como posible origen. Se trata de lugares en los que se comercializan animales vivos, incluso de especies salvajes. El contacto a través de la caza, las explotaciones ganaderas y el comercio ilegal también puede facilitar la zoonosis.

Durante años se han señalado los mercados húmedos asiáticos como potenciales focos de zoonosis.

Sin embargo, el contacto directo con animales no es la única causa. Algunas zoonosis son causadas por vectores como los mosquitos o las garrapatas. Estas últimas pueden transmitir, por ejemplo, la enfermedad de Lyme, común en Europa. Otras vías de contagio son el agua o los alimentos cuando están contaminados por orina o heces de los animales, e incluso el contacto con animales domésticos.

La larga lista de enfermedades zoonóticas

Las enfermedades zoonóticas pueden clasificarse en función del tipo de patógeno (víricas o bacteriológicas, por ejemplo) y en función de su incidencia. En este caso podemos hablar de enfermedades endémicas, aquellas que afectan habitualmente a determinados lugares, o epidémicas, aquellas que son esporádicas pero atacan a un gran número de personas en un mismo lugar y durante un mismo período de tiempo. Cuando se expanden por una gran cantidad de países hablamos de pandemia.

En los últimos años, una de las enfermedades zoonóticas que más ha impactado ha sido la enfermedad por el virus del Ébola (EVE). Este virus se detectó por primera vez en 1976 cuando se dieron dos brotes simultáneos en la actual Sudán del Sur y la República Democrática del Congo. Desde entonces, el brote más extenso se dio entre 2014 y 2016. La enfermedad, que salta de animales salvajes y posteriormente se propaga entre humanos, resulta grave y a menudo mortal.

Al igual que sucede con la COVID-19 y otras zoonosis como la rabia o el síndrome respiratorio agudo severo (SARS), detectado por primera vez en febrero de 2003, se cree que los huéspedes naturales del virus del Ébola son los murciélagos. Estos animales son considerados grandes reservorios de virus por su buen sistema inmunológico. Además, sus hábitos y el hecho de que estén presentes en gran parte del planeta facilitan la propagación de enfermedades al ser humano.

Los murciélagos son importantes reservorios de virus.

Otro animal que se considera un reservorio de virus es el dromedario. En este caso, transmite el coronavirus causante del síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS), otra de las infecciones de las que ha habido brotes en los últimos años.

La lista continúa con enfermedades infecciosas como la gripe aviar, la fiebre del Valle del Rift, el virus del Nilo Occidental y el zika. Aunque no todas las enfermedades zoonóticas están, salvo excepciones, fuera de nuestro entorno. Uno de los trastornos causados por zoonosis más habituales en Europa es, por ejemplo, la salmonelosis.

Proteger la biodiversidad para evitarlas

Llevaba años alertándose: dañar la biodiversidad puede favorecer el desarrollo de nuevas enfermedades zoonóticas como la COVID-19. La destrucción de los ecosistemas lleva a diferentes especies (y los virus que las acompañan) a desplazarse a nuevos hábitats, aumentando así el riesgo de contagios.

Además, entra en juego el conocido como efecto de dilución: cuanto mayor sea la biodiversidad, menos especies serán susceptibles de contagiarse de nuevas enfermedades o de actuar como vectores de virus. Si esta biodiversidad se pierde, existe la posibilidad de que una sola especie se vuelva más abundante. Es lo que puede pasar con los murciélagos, cuyas especies (más de 1.200) representan cerca de una cuarta parte de todas las especies de mamíferos del mundo.

Por lo tanto, el modo más seguro de prevenir futuras pandemias es respetar la naturaleza. Evitar la deforestación, el aumento de las temperaturas y la destrucción de los hábitats naturales de los animales. Numerosos organismos, como la ONU, han señalado también la importancia de acabar con la caza ilegal, el furtivismo y el comercio de animales salvajes.

El estudio ‘Ecology and economics for pandemic prevention’, publicado recientemente en la revista ‘Science’, señala además que el coste de prevenir la siguiente pandemia equivale tan solo al 2% del daño económico provocado por la COVID-19. Un motivo más para pensar en el planeta a la hora de tomar decisiones políticas y económicas.

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