Ascensor hasta la Luna: “Hay que ver lo que refresca ya por las noches”

ascensor hasta la Luna

No contentos con la dificultad que supone entablar una conversación con el vecino hasta llegar al cuarto piso, los científicos quieren ponérnoslo más difícil construyendo un ascensor hasta la Luna.

Si llega a buen término la idea planteada, en esta ocasión, por investigadores de las universidades de Cambridge y Columbia, habrá que hacer una lista de temas de interés más allá de las novedades climatológicas que nos pueda deparar la borrasca de las Azores o las consecuencias políticas de la última fragmentación de la izquierda.

ASCENSOR HASTA LA LUNA: el sueño de un niño sordo

La idea de construir un ascensor hasta la Luna no es nueva. De hecho, se remonta como poco a 1895 y fue propuesta por el físico ruso Konstantin Tsiolkovsky, una persona sorda con buen oído para la innovación que diseñó todo tipo de soluciones para explorar  el espacio.

Como reconocimiento a su trabajo, este pionero da nombre a un cráter situado en la cara oculta de nuestro satélite. Seguro que el pequeño Konstantin, que perdió audición a los 10 años a causa de unas fiebres, dirigía su mirada a la Luna cada noche imaginando algunos de los proyectos para llegar a ella que, ya de adulto, le dieron celebridad.

Y es que, en esta ocasión, la ciencia fue por delante de la ciencia-ficción ya que no fue hasta 1978 cuando Arthur C. Clarke introdujo este concepto en su novela «Las fuentes del paraíso».

LA CLAVE ES EL CABLE

¿Pero entonces qué aporta de nuevo el ascensor de los astrónomos Zephyr Penoyre y Emily Sandford?  Según podemos leer en Muy Interesante, la idea de estos investigadores ya sería factible con la tecnología actual gracias a su original sistema de anclaje a la Tierra: un anclaje inexistente.

Hasta ahora, el ascensor hasta la Luna se planteaba como un ascensor hasta el último piso de un edificio: con sujeciones arriba y debajo de la estructura. Sin embargo, Penoyre y Sandford descartan la idea de anclar su ascensor a la Tierra y lo que proponen es una especie de cable o tubo que se extendería desde la superficie de la Luna, donde se anclaría, hasta 362.000 kilómetros en dirección a la Tierra, donde no interferiría con satélites ni con nuestra atmósfera.

El que quisiera emular a Amstrong y compañía solo tendría que llegar al extremo del cable más cercano a nuestro planeta, donde se ubicaría una estación base y, desde allí, impulsarse hasta la Luna utilizando energía solar.

Dicen, además, estos astrónomos que su ascensor hasta la Luna ya es factible y que costaría “apenas” unos pocos miles de millones de dólares.

En fin, como tantas otras ideas quizás esta no llegue ni a la Luna ni a ningún sitio, pero no deja de ser digno de encomio este inagotable interés de nuestra especie por explorar el espacio. Eso sí, si algún día abandonamos el planeta, esperemos que sea por afán explorador y no porque nos lo hayamos cargado.

Imagen: concepto artístico de un ascensor espacial. Pat Rawlings/NASA

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