Antártida Inexplorada, la misión polar que viaja en Trineo de Viento

Ramón Larramendi: «Si hay un sitio en la Tierra parecido a Marte, totalmente vacío, es la Antártida»

Equipo de la misión Antártida Inexplorada

Entre Ajalvir (Madrid) y la base Plateau, en la Antártida, hay casi 14.000 kilómetros. En el primero, la última expedición del Trineo de Viento, llamada Antártida Inexplorada, tuvo su cuartel general hasta el mes de diciembre. En el segundo, el día que más calor hizo se alcanzaron los -18.3 °C. La base americana abandonada en 1969 es el punto más cercano al Polo Sur que alcanzarán Ramón Larramendi, Ignacio Oficialdegui, Manuel Oliveira e Hilo Moreno, integrantes de una expedición de ciencia y aventura a bordo de un trineo impulsado por una cometa.

El 1 de diciembre partieron rumbo al continente helado. Tras varios días de viaje y preparativos en la base rusa de Novolazárevskaya, creada por la Unión Soviética en 1961, la misión puso rumbo al interior antártico el 12 de diciembre. No hay prisa, pero el objetivo es completar 2.000 kilómetros en unos 50 días solo con energía eólica. Ramón Larramendi nos cuenta, a bordo del Trineo de Viento, como han ido las primeras semanas. Todo el progreso de la expedición se puede seguir en su bitácora online.

– ¿A qué altura de la expedición os encontráis?

En estos momentos hemos recorrido más de 600 kilómetros de 2.000, casi un tercio. Llevamos 21 días navegando por el hielo y hemos ascendido hasta los 3.417 metros. Aún nos queda una zona complicada hasta llegar al Domo Fuji.

– ¿Qué condiciones os habéis encontrado durante las primeras semanas?

Como esperábamos, las temperaturas son muy bajas y hemos llegado a los 37 °C bajo cero. Las condiciones del terreno hasta ahora han sido buenas, mejores de las que esperábamos. Aunque las últimas horas nos estamos encontrando con sastrugis (formaciones de hielo irregulares que genera la erosión del viento) que hay que superar. En general, tras unos primeros días de ajustes, sobre todo de los dispositivos científicos que llevamos a bordo, todo está funcionando a la perfección. No se ha roto ni uno solo de los nudos de cuerdas que componen el Trineo de Viento. La respuesta del vehículo está siendo fantástica.

– ¿Qué ha sido lo más duro hasta el momento?

Los primeros días sufrimos de mal de altura, hasta que el organismo se adaptó y ya no notamos nada. Evidentemente, la temperatura es dura, pero estamos bien equipados y físicamente nos encontramos bien. También tuvimos unos primeros días con vientos muy fuertes que ralentizaron la salida. Teníamos que montar el trineo y todo el equipamiento. Pero con el viento todo se cubría de kilos y kilos de nieve. Fue una labor titánica que hizo que saliéramos unos días más tarde de lo planificado.

Desde entonces, hemos parado algunos días por falta de viento, pero en general vamos avanzando. No tenemos prisa por llegar al final. Queremos cumplir con todos los trabajos encomendados y hacerlo sin incidencias de importancia. Ahora estamos, como decía, llegando a una zona más dura de sastrugis, de la que existe poca información y por tanto es la zona que nos genera más incertidumbre.

– ¿Cómo os habéis organizado? ¿Paráis en algún momento?

Hicimos un sorteo de dos turnos. Manuel Olivera y yo mismo tenemos el que va de seis de la mañana a tres de la tarde. Y luego Ignacio Oficialdegui e Hilo Moreno, de tres de la tarde a medianoche. Son nueve horas cada uno. Luego descansamos seis horas juntos. En cada equipo, cada uno pilota una hora. El otro equipo, mientras tanto, duerme. Además de pilotar, cada turno se encarga de poner o quitar los dispositivos científicos que tenemos, que son muchos y para diferentes proyectos: recoger muestras de hielo, muestras de aire, probar sensores, tomar muestras para ver si hay contaminación, detectar señales de los satélites Galileo de la Agencia Espacial Europea… No nos aburrimos un momento.

Estamos demostrando que es posible y quizás en el futuro la Antártida esté llena de trineos de viento que no contaminan.

– ¿Qué habéis comido y hecho en Navidad?

No somos grandes cocineros, así que el menú ha sido más bien estoico, arroz con salchichas o pasta. Pero no ha faltado una copita de ron, ni turrones, ni habanos. Incluso nos hemos traído unos adornos navideños para el Trineo de Viento. Y buena música. Se trata de sentirnos lo mejor posible en estas duras condiciones. La verdad es que estamos tan agotados cuando paramos que no hemos tenido energía para mucha fiesta. También es cierto que estamos solo cuatro… y no hay nadie por aquí a quien invitar.

– ¿Cuál es el mayor reto al que esperáis enfrentaros? ¿Alcanzar la Base Domo Fuji?

Desde luego llegar al Domo Fuji, a 3.700 metros de altitud, arrastrando casi dos toneladas de peso, es todo un reto. Sabemos que la vuelta será más fácil por los estudios de vientos que hemos hecho antes de iniciar la expedición. En todo caso, no se trata tanto de un reto geográfico como de un reto científico y ambiental, como es conseguir llegar con cero emisiones y haciendo ciencia puntera a nivel mundial. Estamos demostrando que es posible y quizás en el futuro la Antártida esté llena de trineos de viento que no contaminan.

– La expedición está parcialmente financiada por un montón de donantes individuales. ¿Cuántos nombres os acompañan en la bandera de crowdfunders?

Tenemos casi 350 mecenas que han participado en la construcción de nuestro trineo antártico. De algunos, que han puesto más dinero, llevamos la bandera. De otros nos traemos sus nombres, que nos acompañan. Esta es una expedición privada, posible gracias al patrocinio de la Fundación Príncipe Alberto de Mónaco II, para quien la investigación polar siempre ha sido importante, y también de la agencia de viajes Tierras Polares y del contrato de la Agencia Espacial Europea. Esperemos que un día este proyecto forme parte del Programa Polar Español, como las bases antárticas. Y que su financiación sea pública, porque la ciencia que estamos haciendo sí que lo es.

– ¿Qué experimentos científicos van finalmente a bordo del Trineo de Viento?

En total, una decena. 11, si contamos uno de la empresa GMV relacionado con la Agencia Espacial Europea (ESA). Son variopintos. Tienen que ver con el cambio climático (Universidad de Maine), la contaminación ambiental (CSIC), la colonización por microorganismos (Universidad Autónoma), el funcionamiento de los satélites de posicionamiento Galileo (ESA), meteorología (AEMET), mediciones de temperatura del aire (Universidad de Alcalá de Henares), colonización de organismos en placas fotovoltaicas (Universidad de Valencia) y hasta llevamos un dispositivo que viajará a Marte en 2020 en la misión de la NASA Mars2020.

Expedición Antártida inexplorada

– ¿Qué tiene que ver la Antártida con Marte?

Marte es un planeta con mucho hielo, dada la distancia que lo separa del Sol. En realidad, si hay un sitio en la Tierra parecido a Marte, totalmente vacío, o casi, es este continente. Por ello, los investigadores del Centro de Astrobiología y la Universidad de Alcalá de Henares quieren probar un dispositivo denominado MEDA, elegido para esa misión. Los sensores de MEDA medirán la temperatura, la velocidad y dirección del viento, la presión, la humedad relativa, la radiación y las características del polvo marciano desde un rover. Se trata de comprobar que pueden enviar esa información desde un lugar tan inhóspito como el interior de la Antártida.

– ¿Qué tal está funcionando el sistema Galileo?

Nosotros lo que hacemos, con un dispositivo de la ESA, es registrar cómo llegan las señales de este sistema y de otros, como el GPS americano, y las grabamos. A la vuelta, serán los técnicos de la Agencia Espacial Europea quienes determinen si la constelación funciona como pensaban o no. Nosotros solo recogemos los datos y se los entregaremos a los científicos especialistas en cada materia.

no se trata tanto de un reto geográfico como de un reto científico y ambiental, como es conseguir llegar con cero emisiones y haciendo ciencia puntera a nivel mundial

– ¿Cómo ha cambiado la organización y el desarrollo de un proyecto así, a nivel científico-tecnológico, desde las primeras misiones del Trineo de Viento?

Ha cambiado totalmente, aunque el concepto es el mismo: un vehículo movido por energía eólica. Lo que comenzó siendo un vehículo para la exploración, de pequeñas dimensiones, hoy es una plataforma científica que mide cuatro metros de ancho por 12 de largo. O más, si lleva los cuatro módulos con los que estuvimos en 2017 en Groenlandia. Esto abre infinitas posibilidades para los proyectos científicos, pues es posible llevar más de dos toneladas de peso a un coste muy aceptable.

Antártida inexplorada

– Para despedirnos, ¿podéis compartir alguna anécdota de estas primeras semanas?

La más llamativa es que uno de los expedicionarios, Manuel Olivera, iba una mañana tan a gusto y tan relajado a los mandos de la cometa que se quedó dormido. Y la cometa cayó, evidentemente. Coincidió con el inicio de los turnos, el viento era perfecto, el terreno una inmensa planicie llana… Al final, vas mirando la cometa y es hipnotizante. Otra ocurrió uno de los primeros días, cuando un pajarillo se vino a posar en el Trineo de Viento, allí en mitad de la nada. Creemos que se extravió y no vio nada mejor ni peor en lo que parar a descansar en este inmenso desierto.

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Imágenes | Expedición Antártida Inexplorada

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