Guillem Anglada-Escudé (CSIC): «No puede ser que para poder sobrevivir tengamos que digerir el planeta»

guillem anglada escude exoplaneta

La viabilidad de la exploración espacial depende de ciudades autosostenibles. Asentamientos humanos de los que, a su vez, será posible aprender en la Tierra. La optimización de procesos, la circularidad de los recursos y la forma en que se organizan las personas serán elementos clave a la hora de apuntalar este futuro sin perjuicio de una ecología terrestre ya bastante dañada.

Nüwa, una propuesta de ciudad autosostenible en Marte, es uno de los proyectos más interesantes al respecto. Impulsado por Sustainable Offworld Network y con científicos como Guillem Anglada-Escudé a la cabeza, tratan de desglosar todo aquello que haría falta con la tecnología actual para consolidar una sociedad en Marte. A través de una videollamada, Anglada-Escudé nos habla de su trabajo.

«Hizo falta ‘masa política’ para que cuando hiciésemos la propuesta nos dieran el tiempo de observación»

– En 2016 el equipo internacional que liderabas anunció que había encontrado el exoplaneta más cercano a la Tierra (Proxima b). ¿Durante cuántos años trabajásteis antes de poder proponer a este ‘candidato’?

El marco temporal es largo aquí, y empieza antes de que nos pusiéramos a trabajar en este tema. En 2012 estábamos desarrollando códigos de análisis de datos para obtener más precisión de cosas que ya existían y que estaban en los archivos públicos. Esto es una póliza de 2010: pasado cierto tiempo de los datos de observatorios públicos pasan a ser públicos.

Empezamos a buscar planetas en datos del grupo suizo de HARPS y otros datos previos con un colaborador llamado Mikko Tuomi (matemático aplicado). Estuvimos varios meses mirando muchas estrellas, entre ellas Proxima Centauri, la estrella más cercana al Sol. En Proxima había varias señales que parecían ser de un planeta, y desde 2012 teníamos claras características que íbamos a encontrar, como el periodo orbital o la masa.

Vimos que era un planeta de masa similar a la Tierra, con un periodo orbital que haría que tuviese una temperatura ‘parecida’ a la nuestra. Y a partir de ahí fue intentar conseguir datos. La campaña de observación en sí duró solo dos meses, pero el trabajo consistía en ir construyendo una colaboración suficientemente grande para obtener recursos y hacer observaciones simultáneas. Hizo falta ‘masa política’ para que cuando hiciésemos la propuesta nos dieran el tiempo de observación. Era un modo de observación no estándar: queríamos monitorizar la estrella durante dos meses veinte minutos cada noche.

«Hemos confirmado que el planeta existe y tenemos su masa»

La organización de los observatorios es burocracia. Hay decenas o centenares de programas corriendo al mismo tiempo y hay que coordinarlos con base a la capacidad disponible. Tardamos cuatro años en que nos dejaran. El experimento duró dos meses, y el análisis uno.

– ¿Qué pasos se siguen una vez se descubre este exoplaneta?

El planeta se detectó con la técnica doppler, que aporta información sobre la masa. A partir de ahí hemos intentado hacer muchas otras cosas, como ver si el planeta ‘transitaba’, es decir, si su órbita estaba alineada con nuestra visual de forma que, al pasar el planeta por delante de la estrella, pudiésemos medir el tamaño.

proxima b guillem anglada
Concepto artístico de Proxima Centauri b comparado con el tamaño de la Tierra | NASA/JPL

Esto último no ocurría y es una lástima, porque no solo puedes detectar el tamaño. Con el método del tránsito también se puede analizar la luz que pasa a través de la atmósfera del planeta y las especies químicas.

De momento no podemos hacer mucho más: hemos confirmado que el planeta existe y tenemos su masa. Además, con otro instrumento, otro grupo completamente independiente ha confirmado la existencia del planeta con estos parámetros, algo esencial en ciencia.

Para el siguiente paso con este planeta vamos a necesitar telescopios más potentes que nos permitan separar la luz de la estrella del brillo del planeta. Quizá con telescopios gigantes desde tierra, espaciales o con técnicas de alto contraste. El objetivo es hacer observaciones directas. Y con ello hacer espectroscopía: ver si tiene agua, carbono y atmósfera.

«Tenemos media docena de experimentos en paralelo»

– El proceso requiere tiempo.

Sí, aunque evidentemente no solo hemos hecho esto. Tenemos media docena de experimentos en paralelo. Hay campos de trabajo en los que se concentran en un tema a la vez para ir más rápido (véase las vacunas), mientras que otros, como la astronomía, ‘multiplexamos’ nuestro tiempo para adaptarnos a la capacidad de los telescopios.

– Desde Sustainable Offworld Network (SONet) propusísteis para un concurso de la Mars Society un modelo de “ciudad que puede sostener su propio crecimiento en Marte”. Lo llamasteis Nüwa. ¿Por qué es importante diseñar estos asentamientos?

Porque se habla mucho de ir a Marte o la Luna, qué vamos a construir o habitar allí o que va a ser muy caro. Hay películas de ciencia ficción, los arquitectos diseñan posibles ciudades. Pero en realidad lo que no se había hecho es plantear los detalles a nivel de ingeniería, urbanismo, recursos que hacen falta.

Ir allí a levantar una base y plantar una bandera se puede hacer seguro, es una cuestión de poner dinero. Pero la pregunta aquí es si podemos iniciar esta ciudad de forma que pueda desarrollarse ella sola con la tecnología que tenemos ahora. Lo que no hicimos es especular si en 30 años tendríamos fusión nuclear o espadas láser.

«No tiene sentido colonizar el Sistema Solar a base de cargarse nuestro planeta debido a la insostenibilidad de enviar material»

Usando las técnicas que tenemos hoy en la Tierra, hacer las cuentas para ver si con los recursos in situ de Marte es posible desarrollar una ciudad o qué sobrecostes tiene. Es importante que en algún momento este desarrollo deje de ser un coste para la Tierra: no tiene sentido colonizar el Sistema Solar a base de cargarse nuestro planeta debido a la insostenibilidad de enviar material.

Además, es importante analizar las ‘ventanas’ de Marte, esos momentos cada pocos años en los que es posible enviar material o personas. Que esa ciudad sea independiente no implica carecer de exportaciones/importaciones, aunque se tienda hacia una soberanía en recursos en las necesidades básicas de la población.

– ¿Puede ayudarnos el estudio de este tipo de urbanismo a mejorar procesos en la Tierra?

Muchos de los problemas a resolver en una posible ciudad marciana son los mismos que tenemos en la Tierra, pero llevados al extremo. Yo recomiendo hacer este ejercicio de diseñar una ciudad marciana porque te ayuda a salir de la perspectiva terrestre, a relativizar los problemas o a darte cuenta de los costes. Qué significa sostenibilidad, porqué es importante que no se pierdan materiales, que haya una economía circular, etcétera.

«Para sobrevivir hay que optimizar»

Esa era la idea: aunque nos va a costar mucho dinero y recursos empezar, una vez comenzado, ver si puede desarrollarse de forma independiente sin bombear recursos continuos. Y las conclusiones que obtuvimos es que en principio sí que se puede, pero hay un factor 10 de trabajo extra que hay que hacer en Marte y que la Tierra nos da ‘gratis’.

Un factor 10 no es mucho, podría ser peor. En términos de trabajo humano habría que trabajar 400 horas a la semana en relación a cómo funcionamos en la Tierra ahora, aunque en la Tierra despilfarramos mucho. Si tuviésemos un sistema bien diseñado (por ejemplo, procesos más estandarizados o industria más optimizada) ese factor está a nuestro alcance.

«No puede ser es que para poder sobrevivir tengamos que digerir el planeta»

– La COVID-19 en los últimos meses ha hecho que se rompan muchas cadenas logísticas, algo que ya venía de antes y se está agravando al alcanzar el límite de extracción de muchos recursos.

Podríamos no tener problemas de suministro. Podríamos no tener problemas con el silicio, un material que solo se manufactura en China porque contamina mucho. En Europa somos muy limpios y verdes pero con una doble moral muy evidente. Luego tenemos un modelo extractivo y tenemos recursos muy al límite.

Lo que podemos aprender de Nüwa en Marte es que para sobrevivir hay que optimizar, no puedes tirar el fósforo a la basura una vez lo has usado. Esas cosas que en la Tierra damos por sentadas porque ‘el planeta provee’ son más explícitas en Nüwa porque no se puede iniciar una ciudad si esos temas de logística no están solucionados desde el principio y por diseño.

El mensaje positivo es que no son imposibilidades, solo hay que diseñar los procesos con un modelo circular de entrada. Cuando insertas materia en la ciudad esta queda incorporada en ella, circula por ella, pasa a ser parte de ella. Y ahí se queda, o debería. Si quieres crecer, puedes coger algún recurso más, pero lo que no puede ser es que para poder sobrevivir tengamos que digerir el planeta, que es lo que estamos haciendo ahora.

«Debemos dejar de operar bajo un punto de vista extractivo y capitalista, porque no funciona»

– Habláis de desarrollo económico, pero, ¿bajo qué sistema?

Si bien no le dimos todas las vueltas que se podría haber dado al tema, sí llegamos a la conclusión de que el sistema económico, político y de bienestar social (va todo de la mano) tenía que ser un modelo híbrido entre un estado relativamente ‘comunista’ (hay que trabajar para mantener la ciudad funcionando, comprometerse con el proyecto), pero al tiempo ha de haber margen para el incentivo personal y que la gente se organice, trabajar ‘un poco más’, emprender e innovar.

Es un modelo híbrido, en tanto que tú cuando ‘te apuntas’ a Marte has de pagar de entrada cierta cantidad y al mismo tiempo comprometes cierto porcentaje de tus horas a la ciudad. En el momento en que llegas a Nüwa se te dan los servicios básicos porque la subsistencia debe estar garantizada de base (vivienda incluida) y acciones o participaciones de la ciudad.

Estas participaciones funcionan de modo tal que si hay excedente de recursos sea posible usarlos por la población. Por ejemplo, para construir monumentos, si es lo que les motiva, para hacer excursiones por la superficie o lo que sea que le guste a las personas. Por supuesto, es un modelo muy básico. No necesariamente el mejor, pero sí una base razonable para empezar la discusión, o eso creemos.

Lo importante es que el modelo extractivo, capitalista-consumista, no quede implantado desde el principio. Habría que ver regulaciones. Al principio hace falta una sociedad más corporativa, pero luego empiezas a obtener excedentes y es posible desarrollar una cultura propia hasta dar lugar a un ‘estado’ independiente. Como todo, es discutible.

– ¿En qué ventana temporal, con la tecnología actual, sería posible una Nüwa independiente?

La tecnología ya está toda. Existe, ha pasado la fase de laboratorio y funciona. Algunas hay que escalarlas a industrial pero ya están. Por ejemplo, la producción de hierro sin carbón. Los países nórdicos ya tienen una planta que extrae hierro metal con hidrógeno recirculado. Esta tecnología ya está llegando a la fase final de escalado, y como esta hay muchas: agricultura, biorreactores, estructuras, etcétera.

Ahora hace falta inversión en ese escalado desde fase de laboratorio a aplicaciones útiles. Hay que invertir para desarrollar soluciones que vayan más allá de usar las ‘soluciones’ que nos da gratis nuestro planeta.

guillem anglada escude proxima b

– Dices «gratis», pero es ‘a deuda’. Para el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) publicaste un artículo que empezaba: “La Tierra es nuestro hogar y muestra señales de fatiga”. ¿Pueden aprender nuestros políticos de Nüwa?

Los científicos tampoco aprendemos así. Hacemos estos estudios, pero luego hay que demostrar que funcionan. Ya sea mediante ‘demostradores’ o implementarlo ‘a saco’ (que no es lo más prudente, ni en la Tierra, ni en Marte). Invertir miles de millones en una ciudad marciana de golpe va a ser un gasto y existe una alta probabilidad de colapso si no se ha ensayado antes. Pero podríamos hacer demostradores a pequeña escala para descubrir esos problemas y aprender a solucionarlos.

Algunos problemas los vemos venir, pero muchos ni se nos habrán ocurrido. Los humanos somos complejos, no un problema matemático con solución exacta. Entiendo que los políticos (llamémoslos ‘representantes’ para hablar desde el punto de vista de un mundo ideal) no son ni mejores, ni peores que nosotros, y para pedirles mucho dinero para hacer algo has de demostrar que funciona.

«No tendría mucho sentido hacer con esa energía extra casas o coches más grandes, sino hacer lo mismo que hacemos ahora pero consumiendo mucho menos»

Pero esto va más allá de los políticos. Tenemos que entender como sociedad y a todos los niveles que debemos dejar de operar bajo un punto de vista extractivo y capitalista, porque no funciona. Tenemos que hacer más con menos. Cuando desarrollemos la tecnología de fusión, no usemos esa energía ‘extra’ para crecer aún más, sino para retirar las plantas de carbón. Por ejemplo.

Soy muy fan de desarrollar sistemas de energía orbitales. Si pudiéramos hacer algo así, no tendría mucho sentido hacer con esa energía extra casas o coches más grandes, sino hacer lo mismo que hacemos ahora pero consumiendo mucho menos. Y esto no es algo de los políticos, tenemos que llegar al acuerdo de que el modelo basado en el crecimiento económico no funciona.

Funcionó cuando éramos menos o funcionaría si la Tierra fuese infinita. Pero no se da en ninguno de los dos casos. Estamos como bacterias en una placa de petri, que no colapsamos del todo porque aún hay recursos, pero empezamos a ver frenazos, micro-colapsos, etcétera. Roturas de stock, nuestros hijos viven peor que nuestros padres, ese tipo de acumulaciones. Y los políticos creo que ya lo ven a estas alturas.

A los políticos no les vamos a convencer con artículos científicos porque los científicos tampoco tenemos una perspectiva absoluta. Hay que demostrar que algo funciona, y para ello hay que probar antes.

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Imágenes | Guillem Anglada-Escudé, Jametlene Reskp, cokada/Unsplash

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