Discriminación por ADN: ¿pueden hacerlo? ¿Es legal?

¿Pueden discriminarme por mi ADN?

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A medida que aprendemos sobre el ADN y vemos cómo condiciona nuestra salud, orientación sexual e incluso la tendencia a la agresividad, entre otros parámetros, nos preguntamos hasta qué punto puede usarse nuestro genoma contra nosotros. ¿Puede el seguro subirme la cuota por tener el gen que provoca la muerte súbita? ¿Pueden negarme una plaza pública o pagarme menos? Esta discriminación ya existe.

En la película ‘Gattaca’ (1997), la sociedad recurría al genoísmo, la discriminación en base a la genética. De hecho, el término lo acuñó Andrew Niccol, guionista y director del filme. ¿Podríamos ver algo así en nuestra sociedad? Lo cierto es que lleva milenios ocurriendo y no nos habíamos dado cuenta hasta ahora. Somos genoístas hasta la médula.

discriminación por tu genética, a la orden del día

Hace un tiempo analizamos el atractivo humano. Las personas más atractivas son aquellas que más se parecen a la media aritmética de la sociedad en la que vivimos, independientemente de la etnia. Dado que las medias tienden a eliminar irregularidades tales como lunares o asimetrías, las personas más simétricas ganan “puntos de atractivo” (abajo).

Esta simetría viene determinada por nuestro ADN, por lo que es este el que determina en buena parte el interés de la gente hacia nosotros. ¿Por qué la belleza es importante? Porque la gente atractiva recibe un trato más amable [estudio] y tolerante (procesos penales incluidos) [libro], mejores calificaciones académicas [estudio], mayor probabilidad de contratación [estudio] y un mayor sueldo [libro], lo que repercute en la salud y longevidad [estudio].

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Dicho esto, hay ligeras discrepancias. Varios estudios como ‘Are Good-Looking People More Employable?’ demostraron que ser una mujer atractiva puede suponer dificultades a la hora de buscar empleo. Recursos humanos es un sector feminizado y ser atractiva resta puntos en un análisis efectuado por otra mujer.

Pero ni siquiera hemos tenido que recurrir al racismo para demostrar cómo tus genes determinan el trato social que recibirás. ¿Injusto? Bueno, tanto quien suscribe estas líneas como quien las lee hacen lo mismo sin darse cuenta. Lo hacemos de forma subconsciente. Hay varios mecanismos biológicos sospechosos de estos comportamientos, como la búsqueda de candidatos más saludables para tener descendencia o la competición intrasexual.

Un bombero sin problemas de corazón, por favor

También hace tiempo, explicando el movimiento ciborguista, pusimos el ejemplo del bombero obligado a ‘ampliarse’. Si bien somos reticentes a instalar tecnología en nosotros mismos, sí vemos coherente demandarla en los cuerpos de seguridad, literalmente. Y lo mismo se aplica ya al juicio del ADN.

Por ejemplo, una grave enfermedad pulmonar a la que somos propensos o el haber nacido con problemas de movilidad podrían detener nuestra carrera como bomberos. Lógico, al tratarse de un puesto de responsabilidad social y vidas dependientes de nuestro estado de salud. Nadie querría que el bombero que tiene que derribar tu puerta y cruzar un piso en llamas repleto de humo sea asmático o mida 1,5 metros. Es decir, que la sociedad discrimina actualmente a la displasia diastrófica, enfermedad de origen genético que causa enanismo, para algunos puestos laborales. Aunque duro, lo vemos coherente.

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Pero ¿dónde está el límite? ¿Qué podemos demandar y qué no? Los bomberos no son altos, están sanos y se han puesto fuertes sin motivo. Su trabajo demanda una condición física muy condicionada a nuestra estela genética. Y no todos la tenemos. Algunos, ni de cerca. ¿Seremos lentamente excluidos al estilo de ‘Gattaca’?

Es de esperar que en pruebas de acceso al funcionariado se rescate, del grupo de candidatos, aquellos que mejor se adapten al puesto laboral sin que parámetros como sexo, credo o etnia entren en juego. Pero ¿y el ser propenso al alzhéimer o a las respuestas agresivas? Probablemente ningún lector querría un dirigente político que pueda manifestar estos rasgos, y ambos vienen altamente marcados en el ADN. El debate se complica, y mucho, con algunos negocios.

Seguros adaptados a tu ADN

“Tenemos un seguro adaptado a tu persona”, podría rezar un anuncio futuro, y nadie podría acusarlos de publicidad engañosa. Pero antes de entrar en el mundo de las aseguradoras, dejemos que nos contagie la curiosidad. El bajo precio de los test genéticos, por debajo de los 100 dólares en MyHeritage o Family Tree DNA, hacen que podamos descubrir nuestro linaje. Y se han popularizado.

Lo que se ha popularizado menos es su letra pequeña, que advierte que tus datos podrían ser compartidos con terceras partes. Lo mismo ocurre con las aplicaciones del móvil. ¿Y si los datos de nuestra predisposición genética a los infartos súbitos (gen MYBPC3) caen en manos de mi aseguradora? ¿Pueden subirme la cuota?

Los seguros son un tipo de negocio que apuestan su dinero contra el hecho de que te pase algo. Es decir, solo ganan cuando en la vida te va bien: no se te quema la casa, no te estrellas con el coche, no sufres un accidente, etc. Si te va mal, ellos pierden al perder la apuesta. Y, si tienen datos, en este caso genéticos, que dicen que te va a ir mal o que es muy probable que algo malo te ocurra, no van a querer apostar su dinero en ti.

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En los Estados Unidos esto último es ilegal gracias a la Ley de no discriminación por información genética (GINA) de 2008. Tampoco es legal discriminar a los empleados en base a su expresión genética. Es decir, que no se puede discriminar a quien tenga el gen MYBPC3, pero sí eliminar de los candidatos a bombero al que manifieste problemas de corazón. El matiz es importante.

El caso de Lipkin y el del lector que esté leyendo esto

Por desgracia, no pocas aseguradoras incumplen esta ley. Es muy conocido el caso que presentó Steven Monroe Lipkin sobre su paciente Karen Young. Esta tiene una predisposición genética al cáncer y, aunque se ha extirpado varios órganos para evitar futuros problemas, una aseguradora se negó a darle cobertura.

Así lo justificaron: “Como todas las compañías aseguradoras, tenemos unas directrices que determinan cuándo se puede o no proporcionar cobertura. Por desgracia, tras considerar atentamente su solicitud, lamentamos informarle de que no podemos proporcionarle cobertura debido a que ha dado positivo en la mutación del gen MSH2, que causa el síndrome de Lynch, tal y como figura en su historial médico.”

Junto a Estados Unidos, Noruega y Australia han empezado a legislar para que no discriminen a nadie por su ADN. En España, de momento, no tenemos nada parecido. Esto hace que estemos expuestos a la discriminación genética, tal y como menciona doctora en derecho Nuria González Martín.

Si la ley sigue obviando esta vulneración de los derechos humanos básicos, es más que probable que pronto empecemos a exponernos a casos similares. Las aseguradoras querrán seguir haciendo negocio gracias a nuestra salud y mirarán a otro lado ante una posible enfermedad aún no manifiesta.

Respondiendo a la pregunta del artículo: sí, pueden discriminarte por tu ADN. Lo haces y te lo hacen continuamente con la belleza, de forma regulada para puestos de responsabilidad y por desinterés en el negocio de las aseguradoras.

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