Carlos Entrena Utrilla, especialista en economía espacial: ''Pisaremos Marte antes de 2030'' - Nobbot

Carlos Entrena Utrilla, especialista en economía espacial: ”Pisaremos Marte antes de 2030”

Graduado en Física por la Universidad de Granada, Máster en Física Experimental por la Universität Hamburg (Alemania), Carlos Manuel Entrena Utrilla encontró, a mitad del Master, su vocación real: la economía espacial. Desde Granada, hoy tenemos en Nobbot una voz autorizada para hablar sobre uno de los temas más apasionantes del debate actual: cómo viajar al espacio y cómo hacer dinero con ello.

– ¿Por qué la economía espacial?

Justo en esta etapa en 2013, a mitad del Master, Deep Space Industries se presenta en los medios con gran bombo. Y pensé «esta gente, o está loca, o sabe muy bien lo que hace». Comencé a estudiar sus propuestas sobre exploración y cosecha de minerales en asteroides. Lo que querían hacer tenía mucho sentido y vi que, para mí, era más interesante que la física.

De ahí entré en la International Space University, tanto para un curso de verano como el Master en Space Studies. Y ahí empecé a interesarme por la parte empresarial. Ingenieros hay muchos que saben mucho más que yo, pero la parte de negocios se necesita de personal especializado. Tenemos a mucha gente que sabe hacer cohetes, sabe cómo lanzar sondas, pero muy poca que sepa cómo hacer dinero de esto. No sólo cómo monetizar el desarrollo espacial, sino cómo hacer un desarrollo espacial económicamente sostenible.

Mi trabajo Fin de Master fue un plan de negocios sobre la viabilidad económica de una colonia privada en Marte y de ahí me fui a NASA a hacer las prácticas. Fueron tres meses y ahí desarrollé toda mi estudio sobre economía cislunar que puedes leer resumida en Medium.

– Tu medium sirve como puerta de entrada a un mundo bastante desconocido. No es un Excel con un desglose de datos, pero sí presenta un marco con importantes pautas básicas.

Si no tienes un diseño cerrado de la arquitectura de los sistemas, no puedes presentar un informe más detallado de los costes. Porque varía muchísimo. La idea es crear ese marco. Por ejemplo: quiero vender el agua en órbita a 5.000 dólares el litro. ¿Puedo alcanzar ese objetivo? Con este marco sabrás que debes trabajar para alcanzar dichos objetivos y que puedas ganar dinero con ello.

Bajo esta perspectiva han trabajado DSI y otras muchas. Si empiezas primero desarrollando el sistema y después pruebas “a ver si te sale bien”, al final se te van los costes, metes redundancias que no te hacen falta y pierdes un poco ese horizonte. En una etapa embrionaria no puedes sino ver si te diriges en una dirección adecuada.

Si me preguntas “¿cuánto vale un edificio en la luna?”. Pues te diré que ahora mismo no vale nada, nadie lo usa

Al final, el precio lo definirá el sistema que desarrolle cada uno y el que esté dispuesto a pagar la gente. Si me preguntas “¿cuánto vale un edificio en la luna?”. Pues te diré que ahora mismo no vale nada, nadie lo usa: cuando empiece a haber necesidad, cuánto me cuesta fabricarla, cuánta demanda existe, tendré una cifra más clara. Hasta que no tengas una estimación real de demanda como un “cuánto vale un avión de aquí a Milán” no podrás certificar esa cifra.

– Miramos a la Luna por el Helio-3, escasísimo en la Tierra —a precios que oscilan los 1.000 euros el gramo— y lo que podamos encontrarnos en la superficie. Traer la Osiris REx a casa costó 800 millones y sólo recogió 1.5 kg de material. Según el equipo de Astrobotic, cada kilo de carga útil cuesta entre 1 y 1.5 millones de dólares. Entonces, ¿es económica esa minería? Ya no es tanto la recolección, sino traerlo aquí, a la Tierra, para procesarlos y trabajar con ellos.

Esa es una parte donde suelo discrepar con algunos colegas: no tiene sentido traer nada a la Tierra. Y no sólo por el coste. Comparando capacidades: la Dragon sube con varias toneladas de material a la Estación Espacial y baja con centenas de kilos (1). La capacidad de carga para aterrizar es un 30-20% sobre la que tenemos para subir carga.

Y eso es desde órbita baja. Desde la luna la diferencia es aún mayor porque necesitas un escudo térmico mejor para aguantar la reducción de la velocidad de escape que traes. Eso te pone una penalización en masa brutal. Y penalización en volumen: puedes subir un satélite de 6 toneladas sin problema, te cabe dentro del cohete y lo colocas en órbita geoestacionaria. En cambio, sólo puedes bajar lo que puedas proteger con el escudo térmico de la cápsula. Además, los recursos más interesantes del espacio, véase agua, nos sobran en la Tierra. Somos el planeta azul por algo. Por todas estas razones no tiene mucho sentido económico.

Otra razón, más personal, es que para desarrollar una economía espacial debes crear un valor en el espacio para usarlo en el espacio. Ahora todo el mundo da un valor sobre la Tierra. Tiene sentido: sólo en la Tierra hay humanos y la economía existe para servir a los humanos. Toda actividad tiene que atraer a alguien. Toda la industria de satélites de comunicaciones, desde manufacturación hasta industria existe para traer, por ejemplo, tele por satélite a casa: si no hay nadie que quiera ver televisión por satélite, lo demás no sirve para nada.

Marte va a ser un money sink hasta que haya allí una civilización que quiera servicios y se genere una economía como la terrestre

Sobre estos mimbres, ¿para qué quiero agua en la luna? Al principio podrán servir los satélites geoestacionarios para traer y enviar recursos, pero al final si quieres algo sostenible necesitas una economía propia, personas viviendo en la Luna que necesiten unos servicios y crear valor para ellos con los recursos lunares. Es un cambio de filosofía sobre cómo se actúa en la exploración espacial.

Y lo mismo sucede con Marte. ¿Cómo lo haces económico? No tiene sentido traer hierro desde 70 millones de kilómetros cuando aquí ya tenemos hierro. Marte va a ser un money sink hasta que haya allí una civilización que quiera servicios y se genere una economía como la terrestre, donde unos proveen servicios a otros. Aquí acaba la economía cuando dejamos de usar algo, cuando la gente deja de querer ir al cine, por ejemplo. Necesitas buscar esas necesidades, pero allí.

– Al abrigo de esta posición, toda la tendencia de usar microlanzadores y nanosatélites no tiene sentido. No espolea esta economía, es una carrera paralela para servicios de la Tierra, GPS, seguridad, cartografía…

Observación terrestre es, como bien dice su nombre, un servicio para observar la Tierra. Este es un añadido secundario. La idea es que los microlanzadores acaben evolucionando según la necesidad. Empresas como la española PLD Space acabarían haciendo un cohete del tamaño del Falcon 9. Eso añade una capacidad ideal para trabajar a nivel orbital superior.

– Estamos hablando de la parte económica, pero deberíamos hablar de la humana. Desde el HI SEAS (Hawaii Space Exploration Analog and Simulation) se ha constatado que gran parte de los problemas de simulación devienen por la parte menos simulable: la convivencia humana, nuestra interacción. ¿Deberíamos empezar a pensar en alternativas para nuestra terraformación como una IA gestionando modelos robóticos y gigantescas impresoras 3D? ¿Estamos listos para un embarque tan drástico?

No sabremos si estamos preparados hasta que vayamos. Hace 500 años se metían en un barco a estar seis meses en alta mar sin comida fresca y acababan montando una cabaña en mitad de la selva rodeados de gente que les querían matar. En ese aspecto he oído muchas excusas: “es que no vas a tener comunicación instantánea”. Bueno, la comunicación instantánea existe desde hace 20 años. Ese “me conecto en vivo con alguien que está en la otra punta del mundo” era magia hace apenas tres décadas.

Me gusta la solución de SpaceX de enviar colonias de 100 personas en 100. El problema de convivir como en la casa de Gran Hermano desaparece; con 100 o 200 personas tienes un pueblo

O el clásico “la gente no se va a acostumbrar a no tener acceso a internet constante”. Bueno, quitando esta última generación, sólo hay que recordar nuestra vida cuando éramos pequeños. Yo soy de los últimos, del 89, y no era el fin del mundo. Nos acostumbraremos.

Por la parte de tener a poca gente encerrada durante poco tiempo, creo que la solución es evitar el problema directamente. Me gusta la solución de SpaceX de enviar colonias de 100 personas en 100. Ese problema de convivir como en la casa de Gran Hermano desaparece porque cuando empiezas a tener 100 o 200 personas tienes un pueblo. Y ya existen este tipo de pueblos, que además suelen cumplir la condición de estar bastante aislados del resto. Y los humanos viven allí perfectamente.

Dicen “si estás tan lejos de la tierra se te va a ir la cabeza”. Eso decían de Yuri Gagarin. Y ya sabemos que no es verdad. Eso sí, no vas a poderlo eliminar como posibilidad hasta que te atrevas.

– La carrera espacial quedó en suspenso cuando nos centramos en las redes sociales, vivir hiperconectados… Pero gracias a esa demanda del cliente de teléfonos cada vez más potentes, la tecnología de la miniaturización ha logrado microprocesadores de 7 nanómetros. Una tecnología que potencia la carrera espacial con nanosatélites y cámaras con lentes y sensores mucho más potentes. La tecnología móvil nos sirve para conquistar el espacio. Entretanto, me gusta el órdago que lanzó Boeing asegurando que ganará a Musk (SpaceX) porque la gente presta atención, se ve cierta propaganda pero deseo por dibujar una nueva carrera espacial. Pero, ¿por qué no hemos ido a la Luna en 47 años?

Sí, ahora parece que hay un deseo por salir y salir de verdad, no sólo por dejar impresa la bota y clavada la banderita. En 47 años no ha habido interés por volver a subir. En su momento, las misiones Apolo tuvieron una función política. Hicieron ciencia ya que estaban allí, pero no fueron expediciones científicas, sino un “a ver quién llegaba antes”, quien era más capaz. En el momento que esa necesidad quedó cubierta, cancelaron todo.

No ha vuelto a haber tal necesidad y es bueno porque personalmente no me gustaría vivir otra Guerra Fría como excusa para expandirnos fuera del planeta. El interés que hay ahora es en parte económico y en parte pasión real. Elon Musk montó SpaceX porque quería ir a Marte. Fin. Jeff Bezos tiene Blue Origin y mete mil millones de dólares al año en la empresa porque quiere. Y esta gente están construyendo la economía.

En su momento, las misiones Apolo tuvieron una función política. Elon Musk montó SpaceX porque quería ir a Marte. Jeff Bezos tiene Blue Origin porque quiere

En una conferencia del Disrupt Space, el 14 de marzo en Berlín, se dijo “necesitamos el nuevo Facebook pero en el espacio”. Es como decir que necesitábamos Facebook en los 80, algo totalmente fuera de contexto. Quien lo hace es porque sí, porque comparte el deseo y lo ve como un objetivo loable.

Y creo que es una de las razones por las que, esta vez sí, va a funcionar: hay tanta gente dentro, no ya esperando un resultado económico, que también, sino porque les gusta. Y puedes verlo porque, en todos los pasos que hacen falta para llevarlo a cabo, hay gente trabajando en ello. En lanzadores, en transporte orbital, en estaciones, en minería en asteroides, en alunizadores, en procesamiento de materiales. Está Made in Space terminando de desarrollar cómo construir vigas a partir de cualquier material, el que sea.

Y ves cómo, poco a poco, hay toda una economía y los pasos van tomando forma. Porque un esfuerzo centralizado de “la NASA lo tiene que hacer” desemboca en unos precios que nadie puede sostener. Ese fue, en parte, uno de los errores cometidos durante la Space Exploration Initiative, en el 89. Hicieron el 90-Days Study y se montaron en precios de medio trillón de dólares. La gente dijo “bueno, pues mejor no”.

– No había competencia, ni en sentido económico ni creativo.

Claro. Ahora es diferente: cada uno hace su parte, por lo cual existe un incentivo para mejorar, nadie tiene que encargarse de todo, haciéndolo más asequible. Y yendo todos a una, ya que existe cierta confianza ciega, de que “me van a funcionar los alunizadores para que yo pueda enviar mi Rover minero”. Es una de las razones por las que creo que esta vez lo conseguiremos.

– ¿Y se cumplirán las fechas? Hubo un retraso, de 2023 a finales de octubre de 2024, en la deadline de lanzamiento del ‘BFR’ de SpaceX. Aún son seis años, es “mañana”.

Bueno, seis años son muchos años. Respecto a SpaceX, los tiempos de Elon Musk hay que saber leerlos en la mente de Elon. Si dice “para el año que viene tendremos esto listo”, ya sabes que acabarán siendo dos años. Tengo un amigo que dice que Elon es marciano y cuenta en años marcianos: cinco años de los suyos son 7-8 de aquí.

Elon dice que mandarán su primera nave en 2024. Eso significa que, si todo va absolutamente bien, si no se encuentran con ningún roadblock, podremos verlo. ¿Cómo de probable es esto? Bastante improbable. El mejor ejemplo lo tenemos en el Falcon Heavy. Llevan prometiéndolo cinco años. Y al final se dieron cuenta de que es mucho más difícil de lo que parece tener un cohete con 27 motores. El Big Falcon, apodado ‘Big Fucking Rocket’, sólo su segunda etapa, la que va a Marte, cuenta con 42 motores Raptors.

Tras la experiencia del Falcon Heavy son más mesurados, pero siempre lanzan la estima más positiva. Mi deadline es antes de 2030. Hasta entonces, las ventanas de lanzamiento son 2024, 26 y 29. Cada 26 meses más o menos. Las de SpaceX son mayores porque ellos buscan una trayectoria más agresiva. Tienen más rango, no son 15 días o un mes, sino cuatro meses. Así tienen tiempo para cancelar un lanzamiento o hacer reparaciones.

hay quien dice que solo tendríamos que mandar robots. Entonces, ¿para qué vamos? si vamos es para llevar gente

– ¿A la tercera irá la vencida?

Soy bastante optimista en este aspecto. Si no lo consiguen en una fecha será en otra.

– Hablemos de aprovisionamiento energético y sobre algo que pasó con Tesla: no llegaron al deadline oficial pero consiguieron instalar en Honesdale, Australia, la mayor batería del mundo para acabar con los apagones, alimentando 30.000 hogares en caso de corte de energía. A costa de dejar sin batería a todo el planeta. Ahora hay una verdadera sequía. Si eso pasa aquí, que tenemos todo bastante controlado a nivel económico e industrial, ¿cómo será ese aprovisionamiento energético fuera, donde necesitamos cantidades desmesuradas de energía? Dicen que nos olvidemos de la energía solar.

Bueno, también dicen que lo mejor que puedes montar es solar porque es fácil y barato de fabricar. Tienes espacio de sobra, la tierra no es de nadie y la superficie de Marte es prácticamente la superficie emergida de la Tierra. Yo soy pragmático: el primero que presente una solución funcional, me vale. La fusión no ha funcionado de forma económica en la Tierra. Así que, si me tengo que quedar con algo a corto plazo, me tengo que quedar con fisión o paneles solares.

La fisión es una de las mejores opciones: la conocemos bien y va a servir siempre. Necesitamos muchos radiadores, eso sí. Aquí usamos agua, se construyen cerca de ríos para usarlos como depósito de calor. En el espacio no hay ríos, así que necesitamos MUCHOS radiadores. Pero eso no es mayor problema que todos los paneles solares que hacen falta. No veo beneficio de una frente a la otra.

Una central nuclear te va a dar megavatios y gigavatios, necesitas combustible pero tampoco tanto en cuanto a la masa que tienes que ir moviendo para abastecerla. Estamos hablando de decenas de kilos al año. Si en Marte quieres aterrizar del orden de 40 toneladas da un poco igual teniendo 100 o 200 kilos de uranio. El principal problema de la fisión es la opinión pública: oyes nuclear y entras en pánico.

– Pero ha habido problemas. Sigue ese estigma que nos lo recuerdan cada cierto tiempo. Tenemos Fukushima a la vuelta de la esquina.

Se exagera bastante. Hay varios estudios de la ONU asegurando que lo que causó más daño económico fue el pánico generado durante la evacuación, innecesaria en algunos lugares. Por otra parte, accidentes nucleares graves ha habido dos en 70 años. Accidentes graves con centrales de carbón hay uno al mes. Es como el pánico a volar. Chernobyl no se va a repetir por el diseño de las centrales actuales, por las prácticas de seguridad, etcétera.

Chernobyl generó mucho miedo y se ha expandido al ámbito espacial. Cuando lanzaron Cassini, como llevaba un generador de isótopos de plutonio, había manifestaciones en contra porque se temía que estallara y lanzase una lluvia radioactiva —aunque fue un éxito—. Estaba diseñado para que, aunque explotara el cohete no explotaría el generador, y todo el plutonio se quedara encerrado hasta aterrizar en el mar.

Esto está dificultando bastante sacar material radioactivo al espacio, material que puedas usar en centrales fuera de la Tierra. Pero la NASA ya tiene diseños funcionales de centrales nucleares operando en las condiciones de la Luna, también en Marte, los están probando en el Glenn Research Center. Y eso funciona. Aunque, por otro lado, seguimos con el problema político.

La energía solar es un modelo muy probado, muy desarrollado, con un precio cayendo hasta los dos centavos por kWh. Hay diseños de paneles solares que los puedes enrollar como un origami y concentrar en un volumen mucho menor. Lo único que necesitan son un mantenimiento y personal para quitarles el polvo. Si se consiguen superar los problemas políticos, seguramente veamos ambas conviviendo en el espacio.

– ¿Y cómo se acelera esto? ¿Desde la impresión 3D, robotización, evitando la presencia humana?

En asteroides, quitando los más grandes donde tengas rocas de cientos de kilómetros y puedas montar una base itinerante, la fórmula más cómoda es que todo esté robotizado. En la Luna tienes un ambiente extremo, desde 100º al sol a temperaturas en los cráteres, donde está el agua, a -200º. En este punto hay que minimizar la presencia humana. Tener personas es lo más caro porque no existe una red de suministro constante

Al final quieres una presencia permanente allí, como decíamos al principio, pero todo lo que sea trabajo pesado durante los primeros compases quieres que el operario esté manejando la maquinaria sentado, de forma telemática. Algunos estudios sugieren que el ratio ideal es de un 10% humano y un 90% robotizado.

– Se acerca a las cadenas de procesamiento automovilístico.

Con más razón, en este caso. En el vacío a -200º necesitas robots.

A veces esta argumentación se pervierte y hay quien dice “sólo tendríamos que mandar robots”. Entonces, ¿para qué vamos? Si vamos es para llevar gente. Montar una fábrica mantenida por robots para mantener a otros robots me parece un poco absurdo. Entonces nadie haría turismo. Bajo esa filosofía, yo me meto en Google y veo una fotografía de la Torre Eiffel en vez de visitar París. Y no, no es lo mismo.

– Turismo espacial, una economía interesante.

Tal y como se ha entendido hasta ahora se trata de viajes suborbitales. Es lo que ofrecía Virgin Galactic, es lo que está trabajando Blue Origin, con New Shepard, etcétera. Hasta que ha llegado SpaceX y ha dicho “mi cohete puede hacer saltos suborbitales a cualquier punto del planeta”.

– ¿Y los globos de helio? Se dice que tres cuartas partes del gasto generado por un cohete convencional provienen del lanzamiento, de esos primeros segundos. Trabajar sobre los vecindarios orbitales de la tierra (LEO) solventan inconvenientes sobre la presión atmosférica y la atracción gravitatoria. Todo más barato.

El principal problema del globo es que te limita la capacidad de carga. Zero2Infinity está trabajando en ello y es interesante: te quitas la atmósfera, las vibraciones durante el lanzamiento, pero como todos los lanzadores pequeños, es un mercado residual. Si miras los planes de lanzamiento, la mayoría son constelaciones, como hizo Planet Labs al lanzar su flota de 100 satélites. O si son misiones individuales, son de universidades, pruebas de tecnología o satélites científicos, de proyectos donde no tienen tanto dinero y buscan lanzamientos más económicos. Si se usa para financiar el cohete grande, perfecto.

Las aplicaciones con globos son complicadas porque una cápsula tripulada pesa y mucho. Además, el lanzamiento es parte del atractivo. Si piensas en una montaña rusa, nadie quiere quitarse la parte más movida y dejar únicamente la relajada.

– Una subeconomía de inversión, entonces. Algo que vendría muy bien, en cualquier caso, a los terraplanistas. ¿Qué te parece esta nueva corriente intelectual?

No sé de dónde ha salido pero da la sensación que lo comenzó algún troll de Internet y la gente lo ha seguido y se lo ha creído —como Slenderman—. Porque no me creo que en 2017 haya gente tan convencida de firmar que la Tierra es plana. No tiene sentido.

No me creo que en 2017 haya gente tan convencida de firmar que la Tierra es plana. No tiene sentido

Es algo que sabemos desde los mismos griegos que vieron la sombra de la Tierra en la Luna durante los eclipses, cuando midieron el radio de la tierra, hace 2.500 años —Eratóstenes lo demostró con geometría euclidiana sobre el 200 a.C pero Pitágoras, Parménides o Hesíodo lo afirmaron varios cientos de años antes—.

Hay quien dice “no, es que es una conspiración del Gobierno”. ¿De qué gobierno? ¿De todos los gobiernos durante los últimos 2.500 años, de forma conjunta? No tiene lógica. No hay una gran verdad oculta. Como el movimiento contra vacunas, o la guerra contra GMOS (Organismo Genéticamente Modificado), este es sólo otro movimiento anticiencia.

– Pero genera incertidumbre.

Y es peligroso. Enfermedades como la varicela, que llevaban en Estados Unidos erradicadas desde hace 10 o 15 años, vuelven a brotar. En la misma Granada hubo una epidemia de sarampión porque una decena de niños no habían sido vacunados. Eso está ahí, no hace daño hasta que empieza a hacerlo. Los tierraplanistas, ¿qué van a hacer, negar el GPS? Pues que no lo usen.

– Para subir el vídeo a YouTube han tenido que usar esa misma tecnología.

Hay tantas formas tan sencillas de comprobar que la Tierra no es plana… ver la inclinación del Sol a diversas latitudes, la trayectoria de los aviones al viajar, que hacen la geodésica, los barcos en el horizonte, o algo tan sencillo como las zonas horarias.

– Antes hablabas de polvo. Marte tiene una compleja atmósfera y un problema añadido: el regolito puede inutilizar el instrumental operativo. ¿Cómo se combate este inconveniente? O, por si se lo está preguntando algún lector: ¿qué es el regolito?

El regolito se forma en planetas que no cuentan con una atmósfera o un clima que lo erosiona. Se forma principalmente de micrometeoritos que van impactando y fragmentando, y el mismo Efecto de las nueces de Brasil va segregando el regolito. Bueno, sería al contrario, de hecho. Lo hay en la Luna, en Marte, asumo que estará en todas las lunas de Júpiter que no tengan movimientos tectónicos, en Mercurio seguramente, etcétera.

El agua es la magia del espacio: vale para crear combustible, para beber, para la agricultura, como refrigerante, para protegerse contra radiación, como material de construcción…

– Dicen que podría servir para la construcción, como el adobe de antaño.

Totalmente. He visto con simulante de regolito lunar hacer materiales de construcción, mediante impresión 3D, sin necesidad de usar un coagulante como podría ser el cemento. Simplemente fundiéndolo con láser o microondas, al fusionarse, se transforma en una superficie sólida. Además, es una fuente de recursos interesante: según en qué sitio estés, el regolito marciano tiene entre un 3 y un 5% de agua y es tan fácil de recoger como coger arena en la playa.

Geoffrey A. Landis propuso un modelo ISRU (In-Situ Resource Utilization) hace algunos años —hay muchos más, los únicos en los que hay más o menos consenso es en la fabricación de oxígeno y metano en Marte (proceso Sabatier + reverse water gas shift)—. He visto diseños de extracción de recursos que, mediante fluorización, metes el regolito por un sitio y salen metales por otro, sin ningún tipo de diferenciación inicial.

Entonces, por un lado tenemos varios problemas con el regolito, lo vimos en Apolo, cuando a los astronautas les afectaba a la respiración. Porque es un polvo muy fino que se mete por todos sitios, y que no puedes quitarte a no ser que te eches agua encima.

– Claro, el agua. Lo que siempre se va buscando.

El agua es la magia del espacio: te vale para combustible, vale para respirar, para beber, para la agricultura, como refrigerante, para protección contra radiación, como material de construcción… En Marte, mezclando agua con regolito, puedes fabricar iglúes, porque el hielo está tan frío que sirve como si fuera hormigón. Si no tienes agua, no vas a ningún sitio.

Aplicaciones para el agua no paran de salir, siempre hay una más. Extraerle el hidrógeno como combustible es la forma más fácil y directa de obtener hidrógeno. Es más difícil encontrar metano o extraer hidrógeno de compuestos orgánicos como amoniaco o minerales hidratados. Siempre enfatizo el agua como fuente de hidrógeno, porque lo demás lo puedes hacer con otros materiales. Por ejemplo, puedes crear protección contra radiación con casi todo, lo único que necesitas es material, y necesitarás un grosor u otro, no necesitas ni campos magnéticos ni nada especial. Sin embargo, obtener hidrógeno sin agua, difícil.

Para la fabricación de arquitecturas puedes usar distintos metales, si no tienes titanio tienes hierro, y así haces una estructura de un tipo u otro, puedes utilizar un componente u otro. En Marte es más sencillo obtener agua: debes coger el regolito, calentarlo y guardar los gases. En la Luna tienes que irte a los cráteres de sombra permanente y es más complicado. Pero también es factible.

– Y necesaria para evitar la radiación. ¿Es más grave en Marte que en la Luna?

Al contrario. Partamos de la base: el espacio es radioactivo. Tienes una lluvia de partículas cargadas (principalmente hidrógeno y helio cargados eléctricamente), de viento solar, viento interestelar, interplanetario. Las estrellas emiten radioactividad y ese plasma cubre el espacio entero. Estés donde estés estás sometido a ese bombardeo constante.

Una de las profesiones que más radiación reciben son los pilotos de avión, precisamente por volar a 10-15 km de altitud. Reciben en un orden similar a los trabajadores de una central nuclear. En la Tierra tenemos 100km de atmósfera protegiéndonos de gran parte. En la Luna no hay atmósfera y todo lo que viene lo recibes de forma directa. ¿Cómo lo evitas? El hidrógeno del agua es genial para esto, porque son átomos muy ligeros y en el agua lo tienes en una buena densidad. Por cómo funcionan las colisiones entre partículas, es ideal.

Pero si no tienes agua, con una capa de regolito puedes protegerte, mientras sea lo suficientemente gruesa. Es lo que se usa en los aceleradores de partículas o en los mismos hospitales: el operario de la máquina de rayos se pone detrás de una pared con plomo. No tiene más. Una de las ventajas de Marte es su mínima atmósfera, que bloquea la recepción desde el horizonte, por lo que sólo debes preocuparte de la radiación que viene directamente desde arriba.

– Volviendo al HI SEAS, por eso se proponen los tubos volcánicos vacíos para instalar colonias.

Exacto. La radiación no te llega porque tienes decenas de metros de material encima. Pero, ¿tú te irías a vivir a una cueva? Yo no quiero, quiero ver los atardeceres azules, no quiero ver la pared de roca que podría ver en Granada. Para construir en una cueva necesitas materiales, máquinas para bajar el material, maquinaria de construcción que en la superficie no. Excavar es relativamente complicado, material denso y espacio estrecho.

Evidentemente, en teoría todo parece más sencillo: mapeas la zona, te metes en un tubo, tapas la entrada y te creas una atmósfera como la terrestre si quieres. Yo soy partidario de traer toda la complejidad al lado orbital: crear máquinas más complejas para llevar a la superficie lunar o marciana, o simplemente llevar más hábitats prefabricados en la Tierra, que llevarme la complejidad a la superficie lunar o de Marte donde, si algo sale mal, estoy jodido.

Con los conocimientos que tenemos en la actualidad, no podemos determinar qué fórmula es la óptima o descartar otras. Hay quien está convencida de volver a los orígenes de la humanidad, irse a vivir a cuevas. Las cuevas podrían funcionar, por supuesto, pero no son mi preferencia. Yo soy del sur y quiero ver el Sol.


(1) «El Falcon v1.1 es un lanzador de dos etapas capaz de situar 13,15 toneladas en órbita baja (LEO) o 4850 kg en una órbita de transferencia geoestacionaria (GTO) lanzado desde Cabo Cañaveral». Fuente: Naukas.

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Imágenes | NASA, Youtube