Las pesadillas podrían ser buenas para la salud mental

pesadillasSoñar con hundirse en el abismo, aterrizar un avión o repetir la comida de Navidad todos los días. Todos, de vez en cuando, nos despertamos sudorosos y agitados después de una pesadilla. Según la American Society of Sleep Medicine, hasta el 85% de los adultos experimentan pesadillas ocasionales. Estos sueños poderosos y desagradables despiertan sentimientos de amenaza, ansiedad, miedo y otras emociones negativas.

En general, todo lo que ocurre en la naturaleza tiene un significado, una función. Entonces, ¿por qué nuestra mente nos coloca en medio de estos escenarios aterradores? No existe una teoría única que explique el verdadero propósito de las pesadillas. Pero hay quienes piensan que los malos sueños podrían ayudar a las personas a enfrentarse mejor a los desafíos de la vida.

De hecho, muchos expertos creen que las pesadillas se desarrollaron en tiempos ancestrales como una respuesta neuronal a las amenazas planteadas por la vida. Antaño, recordar que un animal salvaje podía esconderse en la oscuridad era una cuestión de vida o muerte. Ser consciente de esto incluso mientras se dormía y practicar escenarios sobre qué hacer en caso de que ocurriera era esencial para la supervivencia.

En realidad, las pesadillas muestran peligros potenciales que pueden o no tener que ver con lo que realmente las personas temen en su vida cotidiana. De hecho, una encuesta de 2016 a 2.000 ciudadanos de Estados Unidos descubrió que las pesadillas más comunes tienen por objeto el acto de caer, perseguir y morir. No obstante, los temores más comunes de los estadounidenses giran en torno al gobierno, el medio ambiente y el dinero.

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Las pesadillas nos entrenan para la vida real

Las pesadillas causadas por el trastorno por estrés postraumático (TEPT) merecen un discurso aparte. A diferencia de las pesadillas normales, las que nacen de un TEPT generalmente ocurren fuera del sueño profundo, el sueño REM. Y si las pesadillas ‘estándar’ suelen ser escenarios inventados que no guardan una conexión real con la vida del soñador, las personas con TEPT tienen más probabilidades de soñar con un trauma vivido realmente.

Un reciente estudio concluyó que las pesadillas podrían ayudar a reducir la ansiedad sobre situaciones de la vida real, al actuar como ‘ensayos emocionales’. En la primera parte del estudio, investigadores de las universidades de Ginebra y Wisconsin analizaron la actividad cerebral de 18 personas mientras dormían. Los científicos descubrieron que dos regiones del cerebro, la ínsula y la corteza cingulada anterior, se activaban cuando se experimentaba miedo durante el sueño.

En la segunda parte del experimento, 89 personas registraron sus sueños y las emociones asociadas a ellos todas las mañanas durante una semana. A continuación, los investigadores escanearon sus cerebros mientras se les mostraban imágenes emocionalmente negativas. Resultó que, cuanto más miedo experimentaban los sujetos en sus sueños, menos se iluminaban esas regiones del cerebro al ver las imágenes negativas.

La actividad cerebral que inhibe el miedo también aumentaba en proporción a la cantidad de sueños aterradores. Esto podría significar que experimentar miedo en los sueños ayuda a modular el miedo en la vigilia. Una especie de liberación emocional o entrenamiento para los desafíos de la vida.

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Ansiedad o pesadilla, ¿qué surgió primero?

También hay quienes piensan lo contrario. Algunos estudios han encontrado que las pesadillas pueden alimentar la ansiedad en lugar de domarla. Una investigación de 2009, por ejemplo, analizó los sueños y los niveles de estrés de 624 estudiantes y descubrió que aquellos que reportaron estar angustiados por sus sueños tenían aún más probabilidades de sufrir ansiedad general.

Un pequeño estudio de 2019 también arrojó el mismo resultado. Se mostraron a 18 personas acostumbradas a recordar sus pesadillas imágenes inquietantes de lo que habían soñado. Al verlas, los investigadores notaron que se activaban las mismas áreas del cerebro asociadas con las emociones negativas experimentadas durante el sueño. Esto demostraría que las pesadillas en realidad podrían aumentar la angustia en la vida de vigilia.

Sin embargo, estos estudios no son lo suficientemente amplios para responder al clásico enigma del huevo y la gallina: ¿qué vino primero, la ansiedad o las pesadillas? La ansiedad y la ira son las emociones que se experimentan con mayor frecuencia en los sueños; dos veces más que la exaltación, la tercera emoción más común. Dado que esto es cierto para todos los soñadores, incluso los que no son ansiosos, identificar las pesadillas como la causa del aumento de la ansiedad de vigilia podría ser excesivo.

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Soñar ayuda a desahogar las emociones reprimidas

Por otra parte, investigando la idea de que las emociones negativas alimentan los sueños negativos, se descubrió que las pesadillas a menudo surgen de pensamientos que las personas evitan en sus vidas. Básicamente, cuando una persona suprime un pensamiento o emoción, esta vuelve a su mente durante el sueño. La idea no se aleja mucho de la desacreditada teoría de Sigmund Freud. El padre de la psicología dijo que los sueños son la forma en que el subconsciente representa los deseos reprimidos.

Varios estudios han establecido que el acto de suprimir los pensamientos, buenos o malos, puede hacerlos aparecer en los sueños. Una encuesta de 2015 sobre 87 personas encontró una correlación significativa entre las personas que reprimen sistemáticamente sus pensamientos y la presencia de emociones relacionadas con eventos de la vida real en sus sueños. Un estudio de 2011 también encontró que las personas a las que se les pidió que suprimieran activamente un pensamiento intrusivo antes de acostarse vieron este pensamiento aparecer en sus sueños con más frecuencia.

Finalmente, en un experimento de 2019 se pidió a 77 personas que suprimieran un pensamiento todas las noches durante una semana y que registraran sus sueños por la mañana. Antes y después del estudio, los investigadores pidieron a las personas que evaluaran cuán agradable o desagradable les resultaba ese pensamiento. Cuando el pensamiento suprimido era desagradable, las personas que no lo soñaban lo consideraban aún peor al final de la semana. Justo lo contrario ocurría con aquellos que soñaban con el pensamiento reprimido. En otras palabras, las pesadillas podrían ser una especie de sesión de psicoanálisis natural. Y mucho menos cara.

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