Hot tubs, Twitch y moralidad, un debate para casters (y espectadores)

‘Hot Tubs’, Twitch y la moralidad del ‘caster’

Hot tubs Twitch y la moralidad del caster

Una combinación explosiva de elementos que anticipaba la penúltima polémica en la plataforma, que ha respondido con la creación de una nueva categoría. En general, el contenido para adultos genera conflicto entre las grandes tecnológicas y sus anunciantes. ¿Es aceptable? ¿Están siendo demasiado moralistas?

Una de las plataformas que más ha crecido en estos últimos meses de pandemia es sin duda Twitch. Concebida como una herramienta para retransmitir en directo con facilidad, se ha convertido en el refugio preferido para casters. Tanto que ya le hace sombra a YouTube.

Como en cualquier otro rincón de internet, Twitch se ha convertido en un reflejo de la sociedad. Una sociedad diversa donde cabe de todo. Y si al principio la intención era consolidarse en la escena gamer, ‘ERROR 404’. El terremoto iba a llegar más pronto que tarde.

Para provocarlo solo ha hecho falta desmonetizar a una popular twitcher, conocida por hacer streamings en bikini, desde una bañera de hidromasaje. La reacción de la plataforma y de sus usuarios da a entender que el conflicto viene de lejos. Y toca con un pilar básico del sector: los anunciantes.

Amouranth, hot tubs y Twitch: un trío peligroso

Amouranth estaba considerada como la reina del hot tub. Aficionada también al ASMR, su contenido se vertía en la categoría general, Just Chatting (charlando, en castellano). Todo transcurría con cierta normalidad hasta que informó a sus seguidores de que habían inhabilitado la comercialización publicitaria a sus retransmisiones.

Para alguien ajeno, dicho anuncio podría parecer un día más en la oficina. Para Amouranth suponía perder hasta 30 000 euros al mes. El agravante era que la desmonetización se había producido de un día para otro. Según la protagonista, Twitch no había proporcionado ni aviso, ni capacidad de reacción.

El mensaje era claro: el contenido demasiado atrevido supone un problema. Si no para Twitch como plataforma, sí para algunos de sus anunciantes. El caso de Amouranth, al ser una conocida hotuber, llevaba a los titulares este conflicto de negocio interno. Un conflicto, además, generalizado.

Twitch defiende las hot tubs y apela a la moralidad del caster (y del espectador)

La respuesta oficial no se hizo esperar. El 21 de mayo Twitch anunciaba en su blog la creación de una nueva categoría, Pools, Hot Tubs and Beaches (piscinas, bañeras de hidromasaje y playas). Al ser considerada como ‘adulta’ marcaba nuevas líneas de acción y definía el contenido “brand safe”. Tanto para marcas como para creadores.

Twitch permite “la expresión creativa, como la escritura y pintura corporal, siempre y cuando el streamer se comporte de manera apropiada”. Y aunque tienen “una normativa sobre el contenido sexual sugerente, ser considerado ‘sexy’ por otros no va en contra de nuestras reglas”. Muy interesante es su afirmación de no tomar “medidas represivas contra las mujeres, ni contra nadie, por su atractivo percibido”.

Ante esto caben muchas interpretaciones. Desde que se monetiza la cosificación de los cuerpos, sobre todo el de las mujeres, a que se muestra menos moralista que plataformas rivales. El debate degeneró en chascarrillo, con creadores de contenido opinando a favor o en contra.

No sólo hot tubs: el contenido adulto es un motivo de conflicto habitual para las grandes techs

La explicación de Twitch probablemente se estudie en el futuro, ya que ejemplifica la encrucijada en la que se encuentra el sector. El estreno de la categoría Pools, Hot Tubs, and Beaches ha provocado un repunte en este tipo de streamings. Amouranth, que había empezado a diversificar sus fuentes de ingresos con canales en YouTube y OnlyFans, ya roza los cuatro millones de suscriptores.

El conflicto en internet con el contenido subido de tono es una constante. Famosa es la frase de Steve Jobs alentando a los buscadores de porno a mudarse a Android. Lástima que los datos le quitaran la razón. También es cuestión de lógica: las grandes marcas buscan asociarse con valores familiares y neutros, alejados de polémicas.

Esto provoca que el contenido adulto sea motivo de rechazo automático tanto en la App Store de Apple como en Google Play. Aunque hay maneras de saltarse las restricciones. Además, la mayoría de usuarios suele usar su navegador para encontrar el contenido deseado.

En busca de un contenido para adultos en internet ético y responsable

Hay voces que definen esta cruzada contra lo carnal como artificial y moralista. Los creadores de la red social Lips creen que se coarta por defecto y por exceso. Esto pondría trabas a la educación en positivo y límites a la expresión sexual de colectivos como el de los trabajadores sexuales, los artistas eróticos y la comunidad LGBTIQ+.

Hay factores negativos, sin duda. Las aplicaciones y páginas con material ‘sensible’ suelen ser un coladero de spam y virus. También se apunta que propuestas como Onlyfans blanquean la comercialización de los propios cuerpos. Y, encima, el porno no es nada eco.

Si el consumo de pornografía es imparable, puede que la respuesta no sea la prohibición absoluta. Más allá de hot tubs, Twitch y moralidad, es interesante apoyar contenido para adultos con códigos éticos. Ponerle puertas al campo en una época en la que retransmitirse durmiendo renta parece misión imposible.

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Imágenes | Portada: fotografía de Flávio Nunes en Unsplash, aclaración en Twitter del perfil oficial de Twitch, broma en Twitter del perfil oficial de Ibai.

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