Alfredo González-Ruibal, arqueólogo de la basura: “El plástico servirá para datar el inicio del Antropoceno”

Alfredo González-Ruibal tamibén ha estudiado la basura en Yibuti

“Casi toda la arqueología es basura”. A priori, puede sonar un poco fuerte, pero así lo afirma Alfredo González-Ruibal, y lo explica con claridad: “Salvo cuando estudiamos tumbas, pecios o depósitos rituales, los restos que documentamos los arqueólogos son desechos”. Ya sea una hebilla, una suela de alpargata hecha con restos de neumático, un bote de kétchup e incluso los videojuegos, que ya están siendo investigados por los expertos.

Arqueólogo e investigador en el Instituto de Ciencias del Patrimonio (Incipit-Csic), González-Ruibal es especialista en arqueología contemporánea y en etnoarqueología. Entre sus muchos trabajos, destacan los estudios realizados sobre los distintos frentes en que se desarrolló la Guerra Civil. Y lo hace con tal minuciosidad que bien se le puede considerar como un forense de nuestra historia más reciente.

un yacimiento de juguetes

– ¿Cuándo empezó a interesarse por la arqueología?

Tengo dos recuerdos asociados a mi primer interés por la arqueología. Por un lado, un libro para niños de la editorial Plesa/SM maravilloso que debí leer con diez años y que se llamaba ‘El libro de la arqueología’. Es un libro buenísimo donde se explica muy bien el trabajo del arqueólogo. Demuestra la importancia de una buena divulgación científica, también para la infancia.

Por otro lado, recuerdo la excavación del jardín donde excavaban mis primos mayores y en la que aparecieron restos de sus juguetes, incluidas figuritas de indios de plomo, que para mí eran algo tan arcaico como las ánforas romanas. Fue mi primera excavación de arqueología contemporánea. En la carrera y el doctorado, sin embargo, me especialicé en prehistoria, no porque me interesase particularmente el período, sino porque los prehistoriadores eran los que se estaban haciendo las preguntas interesantes.

Basura que dejaron unos pastores nómadas en Yibuti
Restos de tazas de té y café y un frasco de colonia: la única basura que dejaron tras de sí unos pastores nómadas en un campamento de Yibuti a mediados del siglo XX. «En las sociedades tradicionales se producen menos desechos y la inmensa mayoría son orgánicos», afirma el arqueólogo. / Álvaro Minguito

– ¿Tan basura es un resto de cerámica como un táper?

El problema es que solo los percibimos como basura cuando son recientes. Es evidente que un táper de plástico roto es basura. Y nos resulta menos evidente que una cerámica romana rota se pueda categorizar como basura también. Pero lo cierto es que ambos lo son. Me parece significativo que cuando hablemos de arqueología de la basura nos refiramos casi siempre a la contemporánea.

EL VALOR DE LOS DESECHOS

– ¿Qué tipo de restos investiga un arqueólogo de la basura?

Cualquier elemento descartado por un ser humano puede ser definido como basura. En la época contemporánea, esto incluye desde una lata de sardinas de ayer hasta los relieves del pabellón soviético de la exposición internacional de París de 1937. Se los encontró un arqueólogo francés enterrados en un pozo de nieve del siglo XVII. Potencialmente, cualquier desecho puede ofrecernos información interesante, por humilde que sea. También la forma y el lugar en que se deposita.

– ¿Los desechos vienen a desvelar lo que oculta la historia oficial?

La basura desvela historias que no conocíamos y a veces, efectivamente, historias ocultas. Ocultas, las más de las veces, porque nos causan vergüenza. Por ejemplo, en un basurero doméstico de los años 60-70 que excavé en una aldea de Galicia aparecieron muchas botellas de bebidas alcohólicas y ansiolíticos. Claramente quien vivía en esa casa tenía un problema de alcoholismo. Y otros problemas, además. Esos problemas, por otro lado, no eran exclusivos de esa vivienda en concreto, sino del rural gallego en un momento muy duro de transformación social, con gran parte de la población emigrada y con parte de la población que se quedó (sobre todo, mujeres) sometidas a un tremendo estrés.

Es difícil que la gente hable francamente a un encuestador sobre sus problemas psicológicos o con el alcohol. Pero en la basura encontramos lo que la gente no está dispuesta admitir. En el caso de los estudios originales de basura, en Estados Unidos en los años 70 y 80, se comprobó que las personas consumían mucho más alcohol de lo que declaraban y menos comida sana. Es esperable, claro, pero la arqueología permite cuantificar la diferencia entre lo que se dice y lo que se hace. Y tomar medidas.

VERTEDERO DE VIDEOJUEGOS

– ¿Se están estudiando con metodología arqueológica objetos como las cintas de casete, los primeros teléfonos móviles, incluso aparatos electrónicos que no llegaron a evolucionar como sería el caso de las Palm o phablets (entre la tablet y el smartphone) o juegos como el malogrado Tamagochi?

Ya hay estudios de cultura material contemporánea desde una perspectiva arqueológica. No siempre sobre objetos encontrados en basureros. Así, tenemos investigaciones sobre autovías, móviles, fusiles de asalto y videojuegos. Hace unos años, sin embargo, se excavó en un vertedero del desierto de Nuevo México (Estados Unidos) un montón de videojuegos de Atari descartados por la empresa en 1983. Entre ellos estaba un mítico ‘ET el Extraterrestre, que fue considerado en su momento el peor juego de la historia. La excavación reveló algunas cosas interesantes, como que la empresa se había deshecho de muchos otros cartuchos sin usar, no solo de ‘ET’, de lo cual no se tenía constancia. El entierro coincidió con un momento de crisis en la industria del videojuego.

– ¿Qué clase de escombreras se analizan?

Personalmente, he excavado basureros legales e ilegales de lo más variopinto. Vertederos militares de la Guerra Civil y de la Segunda Guerra Mundial, letrinas llenas de desechos en campos de concentración franquistas, basureros de viviendas de trabajadores de los años sesenta, de la Galicia rural de la segunda mitad del siglo XX, de nómadas en África, escombreras de Madrid desde la posguerra hasta los años 80…

Cada vertedero cuenta una historia. De hecho, muchas. Con frecuencia vamos directamente a por los basureros porque sabemos que es en ellos donde se encuentra más material útil para responder a preguntas de investigación. Es el caso, por ejemplo, de los que documentamos en el Valle de los Caídos. Ahí pudimos observar las diferencias entre familias de presos y de trabajadores libres y entre los años 40 (cuando se comienza a construir el Valle) y finales de los 50 (cuando se acaba la edificación). En los basureros de familiares de presos, por ejemplo, no aparecen huesos de animales, lo que indica que apenas comían carne. En los de trabajadores libres, sí, en bastante cantidad, además de elementos asociados a embutido.

EL LARGO VIAJE DE LOS RESTOS ELECTRÓNICOS

– ¿En qué yacimientos se deben investigar los desechos tecnológicos y/o electrónicos?

Existen vertederos tecnológicos en Occidente, pero una buena parte de lo que no queremos va a parar a otros países. No siempre como basura: a veces como objetos de segunda mano que pronto se acaban convirtiendo en basura en países que no tienen medios para gestionarla. Que nuestros detritos viajen miles de kilómetros es un fenómeno único de la época contemporánea. De hecho, nos hemos ido separando progresivamente de ellos, lo cual está relacionado con el consumo excesivo, que produce excesivos desechos, y con nuestro rechazo a todo lo que sea contaminante, maloliente o peligroso. Antes nos costaba menos convivir con ellos. Los grandes vertederos en las afueras de las ciudades nacen en el siglo XIX, pero ya no es suficiente. Los residuos plásticos los enviamos a China, los electrónicos a Ghana, los barcos viejos se desmontan en Bangladesh…

– ¿La falta de contexto en los restos tecnológicos y electrónicos puede resultar un problema para los investigadores futuros?

Quienes trabajan en contextos arqueológicos de épocas más remotas saben que es habitual encontrar basura asociada a viviendas, áreas de actividad, talleres, etcétera. Esa basura nos habla de quiénes vivieron en esa casa o usaron un determinado espacio y lo que allí hicieron. Ahora esto se está volviendo mucho más difícil. Para encontrar contextos similares necesitamos una catástrofe, una guerra o un terremoto. De hecho, un grupo de arqueólogas iraníes pudo reconstruir la vida doméstica de varias familias en Bam, en el norte del país, porque la ciudad quedó arrasada por un terremoto en 2003. No obstante, aunque los vertederos del siglo XX y XXI no nos hablen de personas, familias o comunidades específicas, sí dicen mucho de nuestra era, de nuestras pautas de consumo como sociedad, de las asimetrías globales y de nuestro insuficiente compromiso con evitar una catástrofe ecológica planetaria.

Basura depositada en un fortín en Brunete
Brik de Ryalcao y bote de kétchup Uncle William de un basurero ilegal, fechado a inicios de los años 90, que fueron depositados en el interior de un fortín de la Guerra Civil en Brunete (Madrid).

«LA GRAN ACELERACIÓN»

– ¿Servirán el plástico y los microplásticos para datar el inicio del Antropoceno en los años 50 del siglo pasado?

Es uno de los elementos que se están utilizando para fechar el inicio de la nueva época geológica. Hay distintas propuestas: desde quienes ven el origen en el Neolítico hasta quienes lo sitúan a mediados del siglo XX. Cada vez existe más consenso en que esta última fecha es la correcta. Es cuando comienza la ‘Gran Aceleración’, cuando la acción humana en el planeta se incrementa de forma exponencial. Y el plástico es un síntoma más de esta aceleración.

Nosotros lo vemos muy bien en el registro arqueológico. En el caso de España, la llegada masiva de plástico es algo posterior. En contextos rurales de los años 60 todavía es minoritario. Los años 70 y 80 marcan el despegue real. Y esto es algo a lo que puede aportar también la arqueología: el Antropoceno empieza en distintos momentos en diferentes zonas. En el caso de las zonas rurales del Cuerno de África, donde también trabajo, aunque los objetos de plástico aparecen por las mismas fechas, realmente solo se vuelve masivo a partir de los años diez del siglo XXI.

– Está claro que las mascarillas marcarán una cota para la datación del primer trienio de los años 20 del siglo XXI. ¿Qué otros restos nos dirán que el mundo padeció una pandemia por coronavirus?

Lo que más pervivirá son los enganches de plástico de las mascarillas FFP2, porque son la parte menos degradable. Serán un fósil director estupendo. También los botes de gel hidroalcohólico. Muchos de los objetos típicos de la pandemia, como la levadura para hacer repostería en casa o las manualidades infantiles, no dejarán mucha huella en el registro arqueológico porque son biodegradables. En algunos sitios, como Brasil o Estados Unidos, las fosas comunes serán el marcador más terrible de la pandemia.

LA BASURA DE LA GUERRA

– En su libro ‘Volver a las trincheras’ (Alianza Editorial, 2016) relata el proceso arqueológico de la Guerra Civil española. ¿Qué restos más significativos ha encontrado? ¿Qué historias quedaron ocultas en los frentes, en los fortines o en los nidos de ametralladoras?

En las guerras se produce muchísima basura. Lo estamos viendo ahora con las imágenes que nos llegan de Ucrania: las ciudades y los campos de batalla se convierten en enormes vertederos donde se mezclan los desechos civiles y militares. En la basura de la guerra encontramos desde historias íntimas a cuestiones de geopolítica y macroeconomía.

Por ejemplo, nosotros hemos descubierto pendientes y frascos de colonia de mujer que seguramente fueron entregados por novias o esposas a los soldados que iban al frente. Pero también muchos casquillos que nos hablan de un fenómeno desconocido: los cartuchos soviéticos, que usaban los republicanos, tienen fechas mucho más antiguas que los cartuchos italianos y alemanes que usaban los sublevados. Era munición más vieja y, por lo tanto, menos fiable. De esto no sabemos nada porque la documentación solo menciona el tipo de munición y la procedencia. No dice en qué año fue producida. Para eso hay que ver el casquillo. Y el casquillo aparece descartado en el campo de batalla.

Basura de los años 40 del siglo pasado procedente de uno de los vertederos de un destacamento penal del Valle de los Caídos (Madrid). // Álvaro Minguito

– ¿Qué valor social tienen estos hallazgos?

Los objetos nos informan siempre de los valores y comportamientos que predominan en una sociedad. No siempre se trata de cosas importantísimas, aunque siempre sean interesantes. Por ejemplo, aunque en todas las memorias de combatientes en la guerra se habla del consumo constante de sardinas, en nuestras excavaciones hemos descubierto que las latas de sardinas y atún aparecen en una proporción de 50 % aproximadamente ¿Por qué nadie habla del atún? No lo sabemos. Pero lo cierto es que las sardinas son más importantes en la cultura popular española que el atún. Y eso probablemente tenga que ver con la distorsión en el recuerdo.

LOS RESTOS DE LA AUTARQUÍA

– ¿Qué desvela la arqueología de la posguerra española?

Para empezar, revela que la posguerra no es tan ‘pos’. Porque el registro arqueológico que encontramos tiene mucha continuidad con el de 1936-1939. Seguimos encontrando fosas comunes con individuos asesinados, seguimos encontrando campos de concentración y seguimos encontrando campos de batalla (entre la guerrilla y los cuerpos armados de la dictadura). De hecho, oficialmente el estado de guerra no acaba hasta abril de 1948. La arqueología corrobora esta extensión del conflicto.

Por otro lado, la arqueología de la basura a veces simplemente muestra, de forma elocuente, lo que ya sabemos por otras fuentes. Por ejemplo, la miseria y autarquía de los años cuarenta. En los contextos de esa época que hemos excavado no existen prácticamente importaciones. Todos los objetos están fabricados en España, lo que significa que muchos productos importantes (como determinadas medicinas u objetos de higiene) simplemente no llegan. Se advierte también, y esto es quizá menos evidente, que se reactivan las industrias tradicionales, como la de la cerámica, para compensar la disminución de importaciones y la menor producción de las industrias modernas.

– Sostiene que el estudio arqueológico de la Guerra Civil delata, por lo general, la extracción social de la mayoría de los miembros de cada bando. ¿En qué tipo de restos se concreta?

Esto se advierte en las fosas comunes. En las fosas de represaliados republicanos es muy habitual encontrar objetos que se asocian a la clase trabajadora, obreros y campesinos. El elemento más evidente son las alpargatas con suela de neumático reutilizado. También se encuentran en ocasiones objetos e insignias asociados a oficios, como lápices de carpintero o símbolos del cuerpo de ferroviarios.

De los represaliados en territorio republicano sabemos poco porque las exhumaciones se realizaron al acabar la guerra y no se publicaron. Sin embargo, la documentación se encuentra en archivos y se está comenzando a estudiar. En algunos casos, se redactaron informes bastante pormenorizados en los que se describen los objetos asociados a los cadáveres. En entornos urbanos, como Madrid, la mayor parte de las víctimas son de clase media-alta, como se puede ver por la mención de gemelos, plumas estilográficas, corbatas, etcétera.

– ¿En qué está investigando en la actualidad?

Ahora mismo estamos estudiando una base militar franquista de la Guerra Civil y un campo de concentración de la posguerra, en Jadraque (Guadalajara). Una de las cosas interesantes del sitio es que tiene unos basureros espectaculares y bien conservados, con mucho material. Algunos objetos ya nos están sorprendiendo porque son poco habituales. Por ejemplo, encontramos botellas de cerveza de la marca La Mezquita, fabricada en Córdoba. La cerveza en general es muy poco frecuente en los frentes porque tiene muy poco contenido alcohólico. A los soldados se les suministraba vino y licor, que es lo que venía bien para que la tropa aguantara la presión psicológica de la guerra. En los próximos días esperamos poder descubrir muchas cosas sobre los soldados y los presos.

En Nobbot | Hay un futuro en nuestra basura

Imágenes | Álvaro Minguito / Cedidas por Alfredo González-Ruibal. DAMRONG RATTANAPONG/Shutterstock

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