Marc Masip, autor de ‘Desconecta’: “Si el mal uso del móvil no es adicción, es enfermedad social”

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Las adicciones por sustancias son fáciles de detectar porque resultan muy visibles. Sin embargo, las que afectan al comportamiento, como la que deriva del mal uso de tecnologías como los móviles, son menos evidentes y a la vez están más normalizadas. Como todos mis amigos usan el teléfono así, yo también. Marc Masip, psicólogo y experto en adicción a las nuevas tecnologías, ha quedado con nosotros para ayudarnos a entender el fenómeno.

Masip fundó en 2012 el Instituto Psicológico Desconecta, un centro donde se trabaja para “educar en el buen uso de las nuevas tecnologías”. Además, acaba de publicar el libro ‘Desconecta’ (2018) con el que busca ayudarnos a detectar los casos de adicción y a resolver dudas sobre los nuevos comportamientos y el mal uso de la tecnología.

“Estamos en una fase muy embrionaria del proceso de aprendizaje de las nuevas tecnologías”

– Acabas de presentar un libro orientado a personas que quieran darse cuenta de si son o no adictas al móvil. ¿Por qué lo publicas?

No es algo que yo escriba y alguien me publique, sino que es algo que me piden publicar desde Grupo Planeta. Lo cual me da una señal clara de lo que está pasando: los medios se han decidido firmemente a ayudar a la sociedad a dejar de usar tanto el móvil.

Estamos en una fase muy embrionaria del proceso de aprendizaje de las nuevas tecnologías. Pero a la vez estamos en una fase en la que la gente se viene alertando de que lo usamos mal, se podría usar mejor, o que hay consecuencias reales como incluso la muerte (los accidentes de tráfico).

Lo escribimos ahora porque nace del interés de la sociedad, porque están preocupados. Nosotros montamos el Instituto Psicológico Desconecta hace ocho años por una necesidad social que creíamos evidente, pero es que esta ha crecido hasta ahora. El libro lo hacen los lectores, dadas sus necesidades.

– La adicción al móvil no está catalogada como tal, pero sigue los mismos patrones de otras como el conocido alcoholismo, el también nuevo binge-watching de Netflix (encadenar capítulos sin control) o las redes sociales.

En el DSM-5 [Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales] no está reconocida como adicción. Los videojuegos ya sí, pero el móvil aún no. El que haga la próxima actualización no me cabe duda de que la incluirá, si vive en este mundo, porque el móvil no entiende de color, ni dinero, ni razas, ni nada. Estamos todos con el móvil todo el día. Es una cuestión de tiempo que se trate como una adicción.

EL SER HUMANO ES MUCHO MÁS POTENTE QUE LA MEJOR TECNOLOGÍA DEL MUNDO

Para cumplir con lo que es una adicción, necesitas que haya un cambio de hábitos y una dependencia —que con el móvil la hay, como irse a dormir más tarde porque estoy mirándolo o tenerlo que ver cada mañana—. Y también se necesita que haya un síndrome de abstinencia, del que aún hay poco o es corto.

Al principio [de dejar el móvil] hay una reacción agresiva, irascible, violenta, pero después la persona se tranquiliza. Esto nos da una pista de que hay mucha ansiedad y estrés. Y luego es cierto que hay gente que quiere utilizar menos el móvil y no puede. Creo que aún no hablamos de adicción por una cuestión de tiempo. Si el mal uso del móvil no es una adicción, es una enfermedad social.

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– ¿Hay un perfil estándar de adicto al móvil, o todos podemos caer en ello?

La franja de edad en la que hay más riesgo es la adolescencia. Pero claro, la adolescencia va de 10 a 40 años hoy día, sobre todo en los hombres. Lo que creo es que estamos notando que a los adolescentes los llamamos nativos digitales cuando realmente lo que son es analfabetos tecnológicos.

Tienen el móvil desde pequeños pero nadie los ha educado en el buen uso. Por lo tanto son gente que entiende muy bien su manejo pero no conocen los riesgos. Lo que creo que es necesario es que estatalmente (desde el Gobierno) se pongan pautas, formación, límites. Como se ha hecho con el alcohol, el tabaco, las drogas y el juego. Y que con ello se cree una hoja de ruta, una pauta.

“Que el adicto se dé cuenta y le ponga solución es idílico y pasa poco”

– Si nos damos cuenta de que alguien está enganchado, ¿qué podemos hacer?

¿Cuándo un adicto se da cuenta de que es adicto? Es el último que se entera. Que el adicto se dé cuenta y le ponga solución es idílico y pasa poco. Lo más importante es que la gente que está alrededor te avise de que tienes un problema. Y tienes que acudir a un profesional cuando lo tienes.

¿Que el problema no es suficientemente grave como para que haya un cambio de hábitos? Bien si eres capaz de corregirlo solo, pero generalmente necesitan ayuda externa.

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“Nosotros trabajamos para formar y divulgar en el buen uso de las nuevas tecnologías, pero no para eliminarlas”

– En el Instituto Desconecta realizáis intervenciones, por supuesto con profesionales. ¿En qué consisten?

Nosotros trabajamos para formar y divulgar en el buen uso de las nuevas tecnologías, pero no para eliminarlas. Es un matiz muy importante. En Desconecta tenemos varias partes:

  • Una de ambulatorio, el Instituto. Es donde hacemos terapias individuales y estudios de la sociedad.
  • Un colegio, con tres alumnos por cada profesor. Grupos muy reducidos e individualizados para alumnos con dificultades para estar en un aula normal.
  • Y tenemos el hospital de día. Es una fase entre el ambulatorio y la hospitalización total que hace que pasen el día allí trabajando. Pero duermen en casa.

– ¿Y estos últimos cumplen al llegar a casa?

El problema de las tecnologías es que están muy presentes en nuestra vida. Es muy difícil comprobar si cumplen o no cumplen, como puede ser con la alimentación o las drogas. Pero nuestra función es reeducar en un buen uso. Sí que conseguimos esto último, pero son adolescentes y por supuesto incumplen.

– ¿Por qué está tan normalizado el mal uso de los smartphones? Adicción en lugar de uso responsable de una herramienta.

España es el país con más adicción a la red de Europa, con un 21,3%, cuando la media europea está en el 12,7%. Cuidado, algo estamos haciendo mal a nivel de formación, de educación. A partir de ahí, ¿qué es necesario? Poner normas y límites —y lo tiene que hacer el Estado—, como se hizo con el tabaco, el alcohol o los coches.

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El cinturón, por ejemplo, o las multas por conducir bebido. No podemos obviar que esto es un tema al que se tiene, desde ya, que poner normas y límites. A partir de ahí es fundamental que en los colegios haya una asignatura de competencias tecnológicas para aprender a hacer un buen uso. Eliminar la tecnología de nuestra vida no es la solución, ni muchísimo menos. Pero sí educar en usarla bien.

– ¿Tomaremos conciencia pronto?

Hace un año era mucho más pesimista. De decir “esto va a ir fatal”. Ahora empiezo a ver un movimiento social con ganas de cambio y reflexión. Un movimiento que sabe que algo tiene que cambiar y que debemos poner límites, tanto por los padres como por las organizaciones.

Soy de los que piensa que habrá un cambio y mejoraremos. Puede sonar muy romántico pero creo que el ser humano es mucho más potente que la mejor tecnología del mundo.

“Dormir con el móvil apagado. Conducir sin usarlo. Abandonarlo en comidas y cenas. No utilizar el móvil en reuniones de amigos”

– ¿Qué consejo o consejos darías a un usuario de teléfono móvil o a los padres de uno?

Dormir con el móvil apagado. Conducir sin usarlo. Abandonarlo en comidas y cenas. No utilizar el móvil en reuniones de amigos. En definitiva, utilizarlo con sentido común. Que sea una herramienta que tú dominas en lugar de que te domine a ti.

En Nobbot | “Mucha gente inteligente se dedica a convertir la tecnología en irresistible”, Adam Alter, psicólogo

Imágenes | Grupo Planeta, rawpixel, rawpixel,Samuel Zeller

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